MELANIE
Día dos:
El dolor de cabeza me tenía envuelta, el frio y la presión de la pulsera de metal en mi muñeca, no me dejaban pensar con claridad.
James a mi lado, me abrazaba y su calor me ayudaba bastante. No para calmar el frio viento que entraba por la ventana, sino para tranquilizar mi mente.
Necesitaba hablar con Antuan, y aunque James decía que no era mi culpa, no toleraba que sentir que sí lo era; y que quizá jamás me lo perdonaría ni yo misma.
Escuché pasos y voces en el pasillo; todos habrían salido a comer algo, y esperaba que Antuan estuviese ahí.
—James —lo moví un poco por el hombre, escuchando un sonido de garganta en respuesta—, deberíamos ir con todos.
Afirmó con el mismo sonido carrasposo en su garganta, y se obligó a abrir los ojos y mirarme, estirando sus manos por los costados de su cuerpo.
—¿Tienes hambre? —inquirió, moviéndose levemente para levantar.
—Solo un poco realmente —afirmé, poniéndome de pie de un pequeño salto al suelo.
Cuando pudimos salir de la habitación, todos en el pasillo se nos quedaron viendo, pero nadie dijo nada, y Antuan no estaba.
—Come algo, Mel —habló Beth, dándome una lata de atún en las manos; la recibí sin decir nada e intenté tragar un poco.
—¿Le han llevado algo a Antuan? —pregunté, mirando a todos.
—No me abre la puerta —respondió Marcus, observando la puerta de la habitación en donde estaba encerrado.
La observé, pensado en pararme, entrar y dialogar, quizá llevarlo un poco de sopa. Pero la idea se esfumó de inmediato; no era buena idea todavía, no sé cuánto tiempo necesitaría.
Observé a Katherine, mientras James la sostenía. Ella se veía afectada, después de todo es la que más la cuidaba y la mimaba cuando Antuan no podía.
Dejé mi lata a un lado y me puse de pie, dispuesta.
—No creo que sea buena idea —Escuché a Beth decirme antes de poner mi mano sobre la manija de la puerta.
Respiré profundo y la giré.
En cuanto atravesé el umbral y cerré tras de mí, vi la silueta perfectamente dibujada de Antuan, sentado al borde de la cama. Con la mirada cabizbaja y las manos sosteniendo sus cabellos.
No dije nada todavía, y di un par de pasos acercándome a él, con las ganas de sentarme a su lado y estrecharlo un poco.
—No tengo hambre —habló él primero, sin levantar la mirada.
Su voz sonaba mucho más ronca que otras veces y supuse que era a causa de las lágrimas que quizá había tirado. Di un par de pasos más, hasta estar frente a él, y alargué la mano para tocar por encima de su espalda.
El tacto lo hizo dar un pequeñísimo sobre salto, quizá estaba un poco fría, o simplemente era la conexión habida entre ambos.
Su ropa seguía manchada de sangre, incluso sus manos. Y sentí un enorme nudo en la garganta que quería reventarme.
—Lo siento tanto —murmuré con lo más profundo de mi corazón, sentándome a su lado, tratando de meter todo ese arrepentimiento en su ser.
Antuan no dijo nada, pero lo escuché agitarse, menear de arriba abajo su cuerpo cuando un chillido se escapó de su boca. Y sin todavía levantar la mirada, vi las lágrimas caer al suelo.
Me incliné frente a él, tratando de tomar sus manos, tratando de abrazarlo, y aunque al principio su agarre era muy fuerte, al final sentí que se debilitó, y me dejó pasar.
Lo estreché en mis brazos, escuchando sus quejidos en mi oído, y lo brusco que sus gemidos lo movían a causa del dolor que estaba sintiendo.
El nudo en mi garganta me estaba matando, pero no quería llorar frente a él, yo le iba a dar consuelo, no él a mí.
—N-no pude hacer —murmuró entre el llanto y el quejido de sus labios—, estaba ahí, frente a mí.
Me separé un poco, observando su rostro hecho pedazos, sosteniéndolo frente a mí.
—Nada de esto es culpa tuya —avisé, volviendo a pegarlo a mí, para que sacará todo que ahora mismo sentía.
Llorar no era malo.
—Perdóname —susurré.
...
ELIZABETH
Observé la puerta, y el tiempo seguía transcurriendo y Melanie no salía de ella.
Lo entendía de alguna manera, Melanie se reservaba casi todo, y al parecer Antuan también, pero estaba un poco muy segura que algo estaba pasando entre ellos.
Miré a Marcus que intentaba estar, y ser agradable. A pesar de que toda la noche estuvo en vela, mirando la ventana y derramando lágrimas, hacía de todo para ocultarlo.
Sonreía, y animaba a Katherine a comer, mientras James le ofrecía de todo una y otra vez.
La mirada celeste y potente de Irina se me clavó y me fue inevitable no levantar la mirada, y conociéndola un poco, ella no se voltearía.
—Así que así es esto —murmuré, mirando si despegarla—, unos mueren y debes seguir.
La chica se encogió en hombros, como si esto no fuese nada.
—Justo así —respondió, haciendo una mueca con los labios mientras metía un puñado de frutas secas a su boca.
Quería clavarle las uñas, pero esto no era el momento indicado para ello.
Giré los ojos, volviendo a Marcus que estiró los labios en una fina sonrisa. Y me recargué en su hombro.
Observé la puerta de nuevo, y los sonidos dentro ya no se escuchaban.
—Al parecer Antuan sí recibiría consuelo de alguien —comentó Irina, y penetre mi mirada en ella.
La molestia ardió dentro de mí.
—¿Insinúas algo? —pregunté.
Ella levantó las cejas, moviendo los labios.
—Tranquila chica —aclaró, poniéndose de pie, para desaparecer.
—Es mejor no prestarle mucha atención a sus palabras —mencionó James cuando la chica desapareció del pasillo.
—Deberíamos dormir, mañana nos iremos y todo apunta que entraremos a esas fases —recordó Marcus, dándome la mano para ponerme de pie—, es mejor dormir y dormir.
Todos asintieron, levantándose tras nosotros y perdiéndose a en su habitación. Y tanto James como yo, miramos la puerta por un par de minutos más, pero no parecía que Melanie saliera pronto, así que entré con Marcus.
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Editado: 18.03.2026