MELANIE
El sol se estaba poniendo cuando el auto se detuvo. Me incorporé viendo a mi madre dar indicaciones a su chofer. Todos comenzamos a descender del auto.
Mi madre se colocó frente a todos, enfrente de un túnel de cañería oxidado; levantando la mano para hacernos ir de prisa.
—Tenemos que cruzar este túnel que no llevará muy cerca de la valla —habló mi madre, haciéndonos meter al lugar mal oliente.
Apreté mi morral a mi hombro, y entré justo detrás de todos. Mi madre sacó un par de varas luminosas, le dio una a Marcus y la otra a Antuan, ya que ellos conocían el camino.
—¿Volveremos a vernos? —Le pregunté a mi madre, caminando a su lado—, cuando salga de aquí.
Me abrazó por encima del hombro.
—Lo haremos, cariño, y todo será diferente —medio sonrió—, estaremos a salvo.
Le devolví la sonrisa con un pequeño nudo en mi pecho; por algo sentía, y no podía creer lo que estaba diciendo.
Las gotas de agua negra cayendo entre los charcos era audibles, nadie estaba diciendo nada; los chirridos de las ratas eran molestos y el olor a putrefacto, agrio.
Me trencé el cabello haciendo un nudo al final, respirando irregular cuando sentí que la caminata se hizo larga.
Un sonido fuerte nos sobresaltó a todos, y nos detuvimos en seco.
—¿Qué es eso? —preguntamos varios.
Mi madre hizo una expresión de miedo, y tomó su móvil para poder comunicarse con su chofer, el cual, nunca atendió.
—No me suena bien —dijo ella, moviéndonos entre la oscuridad—, hay que darnos prisa.
El paso de todos se aceleró, las respiraciones se intensificaron y la presión en mi pecho creció. Llegamos al punto de comenzar a correr por la oscuridad casi a ciegas.
Un segundo estruendo se escuchó, y el grito audible de Katherine nos alertó.
—Saben que estamos aquí —susurró mi madre, con los ojos abiertos, llenos de miedo.
Mi cuerpo se congeló en ese momento, sentía que moriríamos antes de si quiera poder ver la luz de nuevo.
Pero entonces los sonidos particulares resonaron por todo el metal. Las balas, y los disparos iluminaban el lugar.
La persecución inicio, y teníamos que comenzar a correr de nuevo. El dolor se implantó en mis piernas, la sensación de pesadez y el autocontrol se estaba acabando.
Ya ni siquiera podía respirar sin que me duela. Mi boca estaba excesivamente seca.
Mi madre se detuvo en seco.
—No lo lograran, necesitamos una distracción —comentó, y sacó un arma de su cinturón trasero—, lo haré yo, corran hasta no poder más.
No parecieron pensarlo mucho, pero un hueco estaba en mi pecho.
—Mamá... —murmuré, con la barbilla temblorosa—, ven con nosotros.
Ella tomó mi mejilla y negó.
—Sé mejor que yo —suspiró, soltándome y dándome un beso en la frente.
Las lágrimas ya salían, y su mano se me escapó, y se fue entre la oscuridad; alguien tomó mi mano y me arrastró entre el agua negra, mientras lo quejidos me dejaban sin aliento, sintiendo que me desvanecería.
Los impactos volvieron a sonar, y mi corazón se hizo añicos.
.....
MARCUS
Mi mano derecha se aferraba a la de Elizabeth, no volteé; no sería en vano el sacrificio de Klay. Y en cuanto pude apreciar la luz al fondo del túnel, me sentí más cerca.
James sostenía tan fuerte a Melanie que dudaba que se le fuera de las manos. Sus quejidos hacían eco en el lugar, y la expresión de Elizabeth estaba clara; pero por ahora no habría consuelo hasta salir.
Los sonidos de impacto se quedaron atrás, y la luz llegó a nosotros, ni siquiera nos dio tiempo de amplificar nuestros ojos, para que el sol no nos lastimase, necesitábamos salir y brincar la valla.
La valla apareció a escasos metros, y en seguida los gritos detrás aparecieron.
—¡Antuan! —El gritó de Hatway sonó como un animal salvaje; pero no nos detuvimos, no dispararía, no arriesgaría su botín.
La cerca nos topó de frente; y comenzar a subir por el alambre suelto iba a hacer un lio.
—Rápido —Le dije a Elizabeth, colocando sus manos entre los alambres, me di la vuelta y comencé a detonar mi arma.
La valla media un poco más de diez metros.
Hatway se ocultó cuando los disparos volvieron; Antuan me siguió e Irina también. Mientras todos los demás escalaban desesperadamente. Y yo suplicaba que nadie caiga a causa de un impacto.
Derribamos unos cuartos, y cuando se detuvieron; nos dimos la vuelta, escalando, teníamos más experiencia y lo haríamos más rápido.
Y estando en la cima, todos se colocaron en la orilla, mirando fijamente abajo, en donde no había nada.
—¿Qué hay debajo? —inquirió Perla, con la voz aguda, apenas audible por su falta de aire.
—La entrada de la primera fase —contestó Irina.
—Después de saltar, la persecución se acaba —recalcó Antuan, y mientras todos lo dudaban.
Cerré mis ojos impacientes, di una bocanada grande, y salté.
—¡Marcus! —gritó Beth, el aire se enfrió en cuanto el lugar cambió, y caí sobre fría y espesa nieve.
Abrí mis ojos, cuando los gritos se hicieron audibles, y cada uno comenzó cayendo en diferentes espacios, amortiguando el golpe por la nieve.
Lentamente se pusieron de pie, observando el lugar con meollo y miedo.
El frio nos atrapó de golpe; y el escenario del bosque llenó de nieve, los asombró.
—Bienvenidos a la fase uno, chicos —comenté—, el bosque congelado.
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Editado: 18.03.2026