Siete fases de la muerte

BOSQUE CONGELADO

MELANIE

Fase uno:

Sentí la presión del frio en mi cuerpo caliente. Las lágrimas en mi rostro se volvieron heladas al instante, y mi primer impulso fue abrazarme a mí misma.

Y, enseguida, Beth me abrazó, provocando que las lágrimas cayeran de nueva cuenta. James se unió al abrazó y debía admitir que era muy reconfortante.

Un aullido se hizo presente en la lejanía.

Todos nos miramos, confundidos.

—Esto ya no será igual, Klay ya no está para ayudarnos —comentó Irina, metiendo su lanza detrás de su espalda.

El frio nos cubrió, nadie venia totalmente preparado para ello. Y tener que caminar y huir; por ahora era lo mejor que podríamos hacer.

—Nos destazaran de una movida, debemos irnos, ahora —indicó Marcus, comenzando su paso sobre la espesa nieve que cubría casi por completo todo su pie.

Nadie reprocho, era cierto que acabamos de dar una carrera, y la mayoría estaba muy cansado, pero era seguir o morir.

El cuerpo se calentó en cuestión de minutos, el frio lastimaba, pero ya no calaba tanto como cuando entramos.

—Estén alerta —indico Marcus y todos caminamos sigilosamente, mirando a todos los lados.

Mi corazón estaba acelerado, y nuestras respiraciones desniveladas hacían que saquemos vapor por la boca.

Observábamos el camino, pudimos escuchar como la nieve rechinaba no tan lejos de nosotros, sentí el olor a sangre y pequeños gruñidos que se ocultaban entre los árboles.

—Preparen las armas —apuntó Marcus en forma de susurro.

—¡Por ahí! —grito Irina y un hermoso lobo color plata saltó de un árbol apunto de atacar.

La detonación del arma de alguien, derribó al animal; su chillido sonó fuerte, y la nueve se pintó de rojo de inmediato.

Los aullidos siguientes se escucharon más cerca; los demás ya venían, sabían que uno de los suyos había caído.

—¡A correr! —alarmó Perla, pasando por delante para poder hacer carrera, y no lo pensamos un minuto, ya estábamos todos tras ella, corriendo despavoridos.

La carrera no duró mucho, la nieve hacia que nuestro andar se haga torpe y lento. Los lobos nos alcanzaron en cuestión de segundos, y no quedó de otra que comenzar los disparos.

Me di la vuelta a secas, torpemente tropezando hacia atrás, sin soltar mi arma, detonándola y cayendo nuevamente.

Antuan se colocó frente a mí para darme el tiempo que necesitaba recuperar la postura.

Un zumbido quedó en mis orejas antes de poder volver a disparar; los animales caían, pero se acercaban bastante, el miedo me estaba invadiendo sin sentido.

Me paré a un lado de Antuan, tratando de volver a lo mismo; y cuando creímos que era suficiente. Todos tirados sobre la nieve, se desvanecían, y pronto volvían a levantarse.

Sentí la boca seca, y abrí los ojos.

—¡Vámonos! —gritó Antuan, moviendo su arma hacia delante, todos comenzamos la marcha de nuevo.

Sintiendo las patas pisándonos los talones.

James cayó al suelo cuando uno saltó por su espalda, y aunque lo apunté con el arma no disparé. Mi puntería no era muy buena y temía herir a James.

La patada de Marcus al animal sonó con fuerza, mientras este chillaba, James recuperaba el aliento y disparaba al mismo tiempo, tirando al lobo de nuevo.

Katherine lo tomó de la mano, e hicimos lo de anterior.

El sonido del agua en movimiento entró por nuestros oídos, y de lejos pude apreciar el lago inmenso que debíamos atravesar.

Frenamos en seco, mirando que el rio estaba casi descongelado.

—¿Cómo se supone que atravesaremos? —pregunté, llena de vértigo.

—Por eso debiste tomar las clases de nado —comenzó Beth.

Mi corazón estaba más acelerado que nunca. Los lobos estaban justo detrás de nosotros, y debíamos saltar ahora.

La marea era tenue, y sabíamos que el agua estaría helada; el aullido de un animal nos alertó, todos comenzamos a entrar al agua; y sentí que mi cuerpo se quemaba de lo helado que estaba.

—Sube a mi espalda —mencionó James, tomándome con rapidez.

No dije nada, lo hice, y cuando nos sumergimos; sentí que los sentidos se me iban.

Ni un solo lobo se aventuró a entrar, se quedaron en la orilla, chillando porque se les iba la comida. Un dolor se plantó en mi cabeza; miré alrededor, inspeccionando que no faltase nadie, y no, nadie faltaba; y a pesar que creí que habíamos pasado lo más difícil.

Ahora tenía miedo de no llegar a la orilla.

....

ANTUAN

En cuanto me percaté de que todos estuviésemos en la orilla, miré del otro lado a los lobos marcharse; dándose por vencidos.

Salir del agua, y sentir el aire provocaba que la ropa se nos pusiese dura ocasionando que el helado viento nos congelé.

—No podemos descansar, moriremos de hipotermia —declaré, un par de quejas se oyeron.

Todos se levantaron a regaña dientes, temblorosos y con pasos torpes. No teníamos el lujo de esperar, hacer una fogata y después seguir, teníamos que salir cuanto antes, y perder a menor número de personas posibles.

Entramos entre los árboles, en donde el hielo comenzaba a descongelarse, y un viento tibió nos cubría cada vez más cerca de la segunda fase.

Y mientras más avanzábamos, todos caminábamos mejor. El calor aumentó cuando nos subimos al puente; y caminamos lentamente, secándonos poco a poco.

—La siguiente fase —oí hablar a Irina.

—Aquí —hablé—, nos quedaremos a descansar aquí, en medio de ambas fases, un par de horas.

Nadie renegó nada, cayeron como fichas de dominó, abriendo sus morrales y bebiendo agua.

—No beban en exceso —replicó Marcus—, quedan seis fases más.

Me senté recargado en el puente, cruzado de brazos para hacer calor en mi cuerpo. Katherine se sentó mi lado, con una media sonrisa.

—Deberías beber un poco —me dijo, estirándome su botella.

—No te preocupes por mí —afirmé, sonriéndole de la misma manera.

Observé a todos ponerse cómodos, la mirada de Melanie clavada en mí, que cuando la miré se volteó, mirando a Beth y James que estaba a su lado.




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