Siete fases de la muerte

EL DESIERTO

MELANIE

Fase dos:

Me desperté teniendo un sobresalto, cuando mi cabeza me recordó en donde estaba.

Miré a mi alrededor; todos seguían dormidos, y ahora vigilaba Irina. Que estaba limpiando su lanza con un trozo de tela vieja; también la vi sacar algo, una fotografía, que cuando la vio húmeda, hizo una mueca.

Me levanté despacio.

—¿Es tu hermana? —pregunté, provocando una mirada severa en su rostro.

—Era, está muerta —aclaró, dándome la fotografía en mis manos—, era demasiado testaruda, peor que yo.

La observé, el cabello castaño y los ojos también. Se parecían, pero, la chica de la foto se le notaba malicia en la mirada.

—Micaela, era su nombre —señaló, quitando la fotografía de mis dedos, metiéndola de nuevo a su bolsa—, la vi morir con mis propios ojos; pero ya no sé qué pensar de esto.

—¿Ella era enigma?

Irina asintió, mirando mi brazalete.

—Hay muchas cosas que hemos pasado —imaginé que lo dijo incluyendo a Marcus y Antuan—..., que ustedes no tienen ni idea, hemos visto morir mucha gente, niña...

—Hora de irnos —habló Antuan, interrumpiéndonos, como si nos hubiese estado escuchando desde hace un rato.

Comenzamos a mover a todos, para levantarnos, beber un poco de agua y un pequeño snack.

La caminata comenzó, el calor incremento más y más mientras avanzábamos. El dolor en las mejillas y el sudor en la espalda se hizo presente.

—Tormenta de arena chicos —comentó Irina tratando de advertirnos, pude ver a lo lejos una gran nube de arena que se aproximaba a nosotros con furor.

—¡La tormenta no nos dejara respirar, tenemos que correr! —afirmó Marcus, y eso hicimos.

La tormenta se aproximaba muy rápido y las piernas no nos respondían, comenzó a tocarnos.

—¡Agáchense, cierren los ojos y cubran su nariz! —ordenó Antuan.

Y me puse de rodillas sobre la arena, con mi blusa cubrí mi nariz y apreté los ojos, pude sentir la arena entrar por mi ropa y golpear mi cabeza, el viento era fuerte y yo intentaba no caer.

La arena lastimaba un poco mientras pasaba, no mucho, todos quedamos completamente repletos de arena, y había crecido un poco tapando nuestros pies. Saqué mis botas de la arena y sacudí un poco mi ropa junto con mi cabello, sentía mi cuerpo repleto de arena lo cual era incomodo; continuamos caminando.

Raramente nadie dijo nada al respecto, estábamos tapizados, y entre sacudidas y escupitajos; notamos movimientos lejanos.

Marcus frente a todos, coloco una mano para hacernos cortar el camino. Miramos por encima de su hombro, un grupo de chicos frente a nosotros; nos miraban fijamente.

Ilusamente pensé en que podríamos unirnos, y salir juntos. Pero eso cambio cuando noté que uno apuntó con su arma a Marcus.

—¡Denos sus cosas y nadie saldrá herido! —comentó este, ya acechándonos con sus demás compañeros.

Dude dos segundos, pero no querría que nadie salgase herido y fui la primera en lanzar mi morral a sus pies. Todos me miraron al unísono.

—Ahora ustedes —indicó otro; señalando con su arma el movimiento.

Perla me siguió, levantando las manos arriba de sus hombros.

Uno de ellos se acercó mucho a Beth, tratando de quitarle el morral cuando ella no se vio cooperativa. Pero ella se echó hacia atrás antes de tener el tacto del sujeto.

Marcus se colocó en medio, de inmediato.

—Toma la mía —aseguró, tirándola a sus pies.

—Quiero la de la chica —Se puso necio, tratando de mover a Marcus, que obviamente no lo hizo.

En el morral de Beth llevaban todo lo necesario para curarnos, incluso un poco del famoso antídoto enigmático.

El líder del grupo se movió a donde estaba el revuelo. Me latió con fuerza el corazón cuando supe que algo malo pasaría; Antuan llegó con fuerza, haciendo a un lado al líder.

—¡Solo dale la maldita bolsa! —gritó el tipo, colocando la pistola en la cabeza de Marcus.

De repente todos nos acumulamos en el círculo, en donde el líder tenía a Marcus entre un arma y otro a Beth, y todos nosotros mirando quien daba el primero movimiento.

—Dale la bolsa, Elizabeth —dijo Antuan, Marcus lo miró y el guiñó.

Beth estiró la bolsa, y cuando el otro la tomó; Antuan soltó el primer disparó, el chico cayó al suelo al instante, y Antuan repartió balas, tirando uno a uno. El líder tiró una bala y Antuan golpeó su mano, esta se desestabilizó y quedó dentro del brazo de Beth.

Su grito me alarmó.

El otro tipo cayó al igualo que los demás; Marcus tomó a Beth y todos, volviendo a tomar sus pertenencias, nos fuimos.

Caminamos cincuenta metros, Marcus tendió a Beth en el suelo. Corrí y vi la sangre.

—La bolsa, joder —habló, abriéndola con las manos temblorosas—, te dolerá bastante —Le avisó, abriendo paso a su piel, que estaba amoratada; tomó el brazo.

Sostuve su mano de Beth. Marcus metió las pinzas, el grito que Beth echó se pudo escuchar en eco; la bala la tiró a un lado, y con sus dedos ensangrentados colocó una capa gruesa del gel enigmático. Trozando una prendan para amarrar la herida.

....

MARCUS

El maldito alivió fue nato; el color regresó a su rostro y dejó de perder sangre. Melanie la sostuvo y la mecía de lado a lado, ambas chillando.

Irina me miró, ahí parada justo detrás de todos. Yo seguía respirando irregular.

—Una herida de esa gravedad, en una sangre azul —explicó en voz alta, llamando la atención de todos—, te haría perder el brazo en media hora. Qué bueno que Marcus fue rápido.

Sentí la ironía en sus palabras. Negué, mirándola a la cara.

—Caminemos —continué, poniéndome de pie para poder cargar un poco a Beth, dándole agua para que se recuperé.

—¿Eso es cierto? —preguntó Beth en voz baja.

—Lo es —afirmé, tomándola de mejor forma.

Decidimos parar un poco, la humedad del lugar nos estaba deshidratando muy rápido, no podíamos beber mucha agua y temía que Beth se desvaneciera.

—No puedo más —replicó Perla, tirándose entre la arena fina.




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