Siete fases de la muerte

AMIGOS O ENEMIGOS

MELANIE

Fase tres:

Lo primero que se hizo al despertar fue revisar en qué estado se encontraba Beth.

El suero al parecer sí hacía alguna especie de magia; porque solo un pequeño punto rojizo se colocaba en donde la bala había entrado.

—Estoy bien —murmuró, parándose con ayuda de Marcus—, no perdamos más tiempo.

Miré a todos, pero nadie dijo nada al respecto comenzamos a caminar. Antuan nos detuvo justo antes de comenzar a entrar.

—Recuerden que son copias muy bien hechas, pero no son reales. Asesinándolas, salen —explicó Antuan, mirándonos—, siempre dan lucha, traten de apuntar a la cabeza.

—¿Solo será uno? —quiso saber Perla.

—No pasan de dos —respondió Marcus.

La angustia se clavó en todos. James me miró, pero no nos dijimos nada. Sonreímos de puro pesar y atravesamos el campo. Todo se tornó oscuro, me estampé con algo y caí al suelo.

Me deslicé sobre el suelo hasta sentir la áspera madera entre mis dedos; la luz llegó y estaba tirada en medio de la cabaña.

Todo esto es mentira, me recordé a mí misma.

Me puse de pie, sacando mi arma en cuanto el primer ruido hizo chirriar la madera debajo. Los pasos se hicieron presentes, Beth, más bien un clon perfecto de Beth, bajó las escaleras; mirándome con detención.

Le apunté con mi arma, siguiendo sus movimientos. No es real, ella es falsa, me dijo mi cabeza.

Me estaba temblando el tacto.

—Recuerda apuntar en la cabeza —Lo dije en voz alta.

Apreté el gatillo, la falsa Beth se agachó y juré escucharla reír; corriendo a mí, propinando un buen golpe en la mandíbula.

Caí al suelo, con sequedad, perdiendo el aliento por unos segundos, tratando de recuperarlo antes de que me vuelva a atacar.

—Débil —esta vez no me imaginé su voz—, y lenta.

Sus manos se incrustaron en mi cabello, jalándolo y azotándome sobre una pared mal puesta. Gemí de puro dolor y me incorporé, disparando tres veces; solo dos se le incrustaron, pero no dejaba de venir a mí.

La cabeza.

Temblé, y levanté el arma; cuando salió la bala, vi el cuerpo de la Beth falsa caer como roca.

Suspiré.

...

ANTUAN

Cuando la oscuridad me envolvió solo esperé a que me conecté a una realidad alterna.

Y cuando la habitación se iluminó, el lugar se pintó de rosa, el olor peculiar a goma de mascar entró por mis fosas nasales; y vi a Sophia sentada en un rincón, mirándome.

Un nudo se instaló de inmediato en mi garganta.

Caminé a ella, lentamente, tembloroso y chillando. Y aunque sabía que no era ella, que esto no era real; necesitaba abrazarla.

Eso hice, lloré abrazando un androide de mi hermana muerta.

—Lo siento tanto —farfullé una y otra vez.

Hasta que un dolor punzante se instaló bajo mi estómago. La niña se levantó, riendo cuando clavó una pierna de muñeca de porcelana en mi vientre.

Gruñí, levantándome, sacándome el material. Me apreté la herida con una mano, la otra la levanté con mi arma, mirando por última vez el recuerdo de mi hermana.

Derramé las lágrimas, y disparé, viendo su cuerpo caer y hacerse polvo.

Todo se tornó oscuro de nuevo, y cuando volví, caí sobre la tierra negra y húmeda.

—¡Antuan! —gritó Melanie, cuando vio la sangre.

Al parecer llegó antes que yo.

—Estaré bien —gruñí, cuando noté la preocupación en su rostro—, sanaré antes de que vuelvan.

Asintió, sentándose a mi lado, sin quitar el ceño fruncido en su rostro. La miré unos segundos, notando el golpe marcado en su mandíbula.

Al parecer no era el único que se dejó llevar por el sentimentalismo.

—Tengo miedo de que alguien no vuelta —la escuché decir, mirando la nada.

—Todos volverán —animé, con una media sonrisa.

Me miró, y abrió la boca, no dijo nada, como que se arrepintió.

—Sé que quise huir de lo que había pasado entre los dos, pero...

La hice callar, chistando un poco.

—No me debes explicaciones, Melanie, te comprendo y no pretendo que seamos nada si no estás lista —murmuré, tomando su mano que estaba sobre la tierra negra.

Miró nuestras manos y luego a mí.

—Empecemos por ser amigos —habló, sonriendo—, nunca nos dimos la oportunidad de serlo.

Asentí.

—Me parece perfecto.

...

ELIZABETH

Me toqué un poco por encima del vendaje. El dolor seguía ahí, y me molestaba.

Miré a mi alrededor cuando el lugar se iluminó; la habitación del orfanato, la cama, incluso el hueco donde entraba Yuli. Esperé el primer golpe, levantando el arma, apuntando cada minúsculo lugar en el lugar; era demasiado pequeño como para poder pelear con alguien.

Pero por más que esperé, nadie aparecía aún. Me recargué en la pared, reposando mi brazo lastimado; respirando profundo un par de veces.

—¿Qué pasa? —hablé en alto; Marcus me había dicho que esto era rápido e instantáneo.

Mi cabeza no estaba bien, estaba pensando en todo. Marcus, Melanie, la pequeña hermana de Antuan que no tenía mucho que murió, incluso su madre de Melanie. Camila, ella fue como mi madre.

"¿Por qué la simulación me trajo aquí?"

La puerta de la habitación se abrió, y dejó entrar una silueta sin forma, ni rostro.

Me enderecé rápidamente; apuntando con mi arma. La silueta frente a mi parecía una masa que podría ser moldeable, y se movía con rareza.

Disparé una, y no se detuvo, estaba acercándose a mí.

Disparé dos, y su forma se hizo más humana.

—Maldición —susurré, cuando se dividió en dos, y luego en tres.

Marcus, Melanie y Camila. Los tres androides se acercaron al filo de atacar y di pasos atrás, hasta topar con pared; disparé a uno, no calló y no se detuvo.

El falso Marcus me tomó del cuello, levantándome del suelo mientras las otras dos estaban a punto de atacar.

Moví las piernas, lo pateé tan fuerte que me lastimé. Caí al suelo en seco; soportando el dolor y parándome de un tirón. Camila me siguió con rapidez, me tomó por el cabello y me arrastró.




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