Siete fases de la muerte

CEMENTERIO

MELANIE

Fase cuatro:

La lluvia caía como cascada sobre nuestros cuerpos, era bastante que nos dificultaba la visión.

Pero nos fue de gran ayuda cuando pudimos beber de ella.

La neblina se espeso, ver era difícil; alguien tropezó frente a mí, y pude darle una mano.

—Gracias —dijo Perla, levantándose cuando la sostuve.

Todos nos detuvimos tras de ella, inspeccionado en lo que se había estampado.

—Una lápida —murmuró Irina casi para sí misma.

—Demasiado grande —respondió James, tocándola lo más que pude hasta arriba.

Era casi imposible tratar de cubrirnos del agua, y seguir caminando era incierto. No conocíamos el terreno, bueno, la mayoría de nosotros, y al parecer nadie quería resbalar y caer por ahí a un hueco.

Nos recargamos sobre la lápida, temblorosos, esperando que el agua cesase un poco.

Coloqué mi cabeza hacia abajo, tratando de respirar con normalidad. Los gimoteos de todos fueron audibles ante mis oídos, los dientes chirriantes y el cansancio en sus respiraciones.

Miré sobre un costado a Katherine, mientras James la mantenía debajo de su brazo para evitar que se mojase demasiado. Era como ver la escena de un ave protegiendo a su polluelo bajo su ala.

Ella temblaba, sus labios estaban morados y se aferraba a su hermano; la tristeza me abordó. Pero un chirrido proveniente de algún sitio me despabiló.

—¿Qué fue eso? —preguntó Perla al punto que todos levantaron el rostro entre la oscuridad y el agua que no nos mostraba nada.

Un segundo chirrido fue descubierto, pero esta vez lo percibí como un sonido animal.

Mi corazón latió de prisa cuando la desesperación se apoderó del lugar por no poder ver de dónde emanaba tal sonido.

James colocó a su hermana detrás de él, y cuando ella pegó con la lápida, James cayó al suelo, y su gritó nos asustó cuando fue arrastrado por algo.

Antuan se tiró al suelo, en un instante, tomándolo de la mano para no dejarlo ir entre la oscuridad. La reacción fue instantánea, todos corrimos para sostener a James, que gritaba. Pero nadie sabía por qué.

Katherine uso su arma por primera vez, tiró balas a la nada, detrás de su hermano, hasta que un ruido nos sorprendió y pudimos jalar completamente a James.

Lo levantamos de prisa, viendo la sangre que escurría de su pierna derecha.

Y todos alterados, nos pusimos en medio circulo, apuntando a la nada.

El siguiente gruñido fue más alto; y el pánico yacio dentro de mí.

—¡Vámonos! —grité, y por extraño que parecía, todos comenzamos a huir, lejos de los gruñidos que parecían acercarse.

Antuan y Marcus llevaban a James, que ni siquiera podía mover con libertad la pierna dañada. Y no había demasiado tiempo para untarle un poco de gel.

Mientras más avanzábamos, la lluvia dejaba de caer y la neblina se mostraba menos densa; una corriente de aire fresco nos envolvió, y los gruñidos dejaron de escucharse.

Y, enseguida el lodo en nuestros pies comenzó a hundirnos.

—Mierda, olvidaba esto —murmuró Irina que parecía tranquila.

No podíamos avanzar porque cada intento era un centímetro más profundo.

—No se muevan —ordenó Marcus, que comenzó a caminar, poco a poco, tratando de llegar a un lugar en donde podase sostenerse.

James refunfuñaba del dolor y la impotencia de no poderlo ayudar me estaba acongojando.

Observé a Marcus, hundirse más y más, tanto que comenzó a nadar entre el fango; hasta poder llegar a la orilla, saliendo del lugar para poder jalarnos de uno en uno.

Cuando estuvimos fuera, arrastramos a James a una lápida, tratando de ver su herida, que ahora deseaba que cayera un poco de agua para poder limpiarla.

—Esa cosa lo ha mordido muy profundo, no deja de sangrar —declaró Antuan, cuando pudo quitar un poco de fango de la herida.

Katherine miraba llena de pánico a su hermano, que comenzaba a perder el color.

—El gel, de inmediato —apuntó Marcus, cortando otro trozo de tela, tomando una porción más o menos grande de gel entre sus dedos.

Puso la zona cubierta, y todos nos tiramos alrededor, respirando un poco.

—James, James —Escuché a Katherine, y vi que golpeaba levemente su mejilla para no dejarlo dormir.

—No podemos detenernos, se quedará dormido —apunté, mirando a todos.

—Sí, y no sabemos si esas cosas regresaran —respondió Beth, y volvieron a levantar James, que era como una muñeca vieja, siendo arrastrado por Antuan y Katherine.

.....

ANTUAN

La neblina apareció de nuevo. Y el cuerpo de James se volvía muy pesado, el gel no hacía su trabajo con rapidez porque la herida continuaba sucia. Y temía que él seguía perdiendo sangre.

Colocamos su cuerpo sobre el terreno terroso, con suavidad. No contábamos con linternas que podasen mostrarnos nada. Teníamos que esperar a que haya un poco de luz.

Era necesario ver la herida para saber por dónde comenzar a sanar.

—Esto consta mal, él está empeorando —murmuró Katherine, colocando la mano sobre la frente de su hermano—, se siente muy caliente.

Coloqué mi mano sobre su frente, y era evidente, una infección estaba creciendo en la zona afectaba.

—No sabemos qué lo mordió, nunca vimos la criatura —afirmó Marcus, tratando de ver la herida en la oscuridad.

—Pero ustedes ya han estado aquí —habló Perla, colocándose de cuclillas para poder ayudar a Marcus.

—No siempre son las mismas criaturas, niña —alargó Irina, en un tono grotesco y rudo.

James ya ni siquiera podía gruñir, comenzaba a perder fuerza y temía que se desvanecería.

—No podemos seguir, debemos asegurarnos de que guardé reposo —aclaré, cenándome del todo sobre el lugar; la mayoría me siguió.

—Dejarlo es la opción más viable —comenzó Irina—, o, ¿ya no se imparten las mismas reglas?

La mirada acusadora de Irina se clavó en mí nunca, ni siquiera la volteé a ver. Y mi corazón latió con fuerza de pura molestia.

—Guarda silencio, por favor, Irina —habló Marcus, con tranquilidad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.