MELANIE
Fase cinco:
Me froté los ojos cuando la ceniza flotante me entró en ellos. Y los apreté con fuerza.
—Adentrarnos por ahora, es muy peligroso, nadie tiene fuerzas y debemos comer —Antuan nos hizo adentrarnos a un lugar llenó de muebles rotos y polvo.
—Es la simulación de una casa —agregó Marcus, señalando los muebles—, es la simulación de la ciudad todavía más en pedazos.
Los sofás parecían reconfortantes después de todo lo que habíamos visto entro de este lugar; lo único que quería era dormir un poco, el apetito no se sentía y el cansancio me estaba molestando.
Aunque la casa era de dos niveles, yo no quise subir, me tiré en un sofá duro y desgastado, mirando a todos subir; excepto Irina, que se tiró en otro, cruzándose de brazos y cerrando los ojos.
—Lo que dijiste allá —susurré, haciendo que me mirará con lentitud—, de abandonar a James...
Hizo una mueca particular, la cual se la había visto plantando en el rostro innumerables veces. No quitó sus manos de su pecho, solo se enderezó un poco.
—Soy sangre azul, creo eso ya lo sabes —comunicó—, salí herida cuando intentábamos cruzar, me costó tanto sanar que mi propia hermana decidió que ya no debía continuar, y me dejaron a su merced.
Quizá hasta ahora entendía un poco la molestia que Irina mostraba ante Marcus y Antuan. Pero que su propia hermana haya querido hacer eso, era mucho.
—Ni Antuan, y aunque Marcus lo intentó, me dejaron, se fueron y tuve que regresar de donde vine —Escuché un suspiró doloroso de sus labios—, todos creyeron que morí, y yo creí que ellos habían muerto. Pero, que vueltas da la vida.
Sentí pena, imaginando lo que ella pudo sentir. Yo jamás me iría sin Beth.
—¿Esperas volver a ver a tu hermana? —pregunté.
Irina divagó en sus recuerdos, movió la cabeza un poco y la inclinó negando un poco.
—Yo ya la perdoné, espero ella también se haya perdonado —respondió, con una minúscula sonrisa—, lo único que quiero es verla de nuevo.
Afirmé con la cabeza, sonriéndole un poco.
—Éramos muy jóvenes, lo único que queríamos era salir sin saber nada, perdimos mucha gente en esos días —explicó, sentándose para mirarme—, así que a veces comprendo porque nos rompimos tanto; bueno Marcus, él siempre ha dado su mejor cara en todo, sé porque tu hermana lo quiere tanto.
Volvió a tomar su pose anterior, y me enderecé para poder descansar. Pero vi a Antuan recargado en el marco de la puerta.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —Quise saber.
Se encogió en hombros, con indiferencia.
—Todos tenemos nuestra versión, Melanie, es mejor no entrar en explicaciones —murmuró, viendo a Irina—, y deberías aprender a no meterte en esto más.
Se escuchaba molesto.
Me levanté para seguirlo cuando se retiró de la habitación.
—De acuerdo, cuéntame la tuya.
—¿La mía? —Su tono fue de gracia.
—Tu versión —Terminé.
Lo seguí hasta el ático de la casa, en donde había muchos escombros, como si alguien si hubiese vivido aquí antes. Antuan se puso a ver entre las cosas, quizá fingiendo hacer algo para ignorarme.
Recogió una pequeña caja, que cuando la abrió una bailarina de danza comenzó a girar mientras de esta emanaba una melodía muy bonita.
—Esto es real —mencionó, mirando a detalle la pieza.
La cerró y la volvió abrir para hacer sonarla otra vez. Y después la estiró a mí.
—Tómala, he escuchado a Elizabeth decir que falta muy poco para tu cumpleaños —La tomé, mirando el detalle de la madera desgastada y los adornos antiguos a su alrededor.
Después de eso, Antuan siguió viendo las cosas.
Guardé la caja en mi bolsa, mirándolo de lejos. Seguía sin descifrar que era lo que Antuan sentía por mí, a pesar de que ya me lo había confesado en un par de veces.
—Antuan... —susurré. Él me miró, sin decir nada, solo así, sin expresión alguna. Decidí no atormentarlo más, y solo sonreí—. Gracias.
Me devolvió la sonrisa.
Un grito se hizo audible por toda la estancia, y seguido un balazo. Antuan y yo nos miramos, y bajamos corriendo del ático, buscando lo que había pasado.
Katherine estaba tirada en el suelo, agitada y asustada. Un ser extraño en medio de la habitación sin vida; y James con el arma todavía apuntando.
—L-le ha mordido —aseguró, con la voz temblorosa.
La expresión de Antuan fue tenue, ni siquiera parpadeó cuando se quedó pensando. Katherine lloraba con la mano sosteniendo la herida en el brazo.
—Muéstrame —pidió Antuan, acercándose a Katherine que tenía el trozo de carne medio cortado y jalado. La sangre salía con enjundia.
...
JAMES
Antuan se me quedó viendo seguido que quitó la mirada de mi hermana.
Melanie se quedó con ella cuando él se acercó a mí, pidiendo con su mano que salgamos de la habitación. Todos se nos quedaron viendo; yo ya estaba entrando en pánico.
—No quiero que lo muestres... —Me murmuró, cuando estuvimos lo suficientemente lejos de todos—..., dudo que salga viva de esto.
Mi corazón se hizo añicos, un nudo enorme me presionó la garganta, pero pasé con dificultad; no podía llorar.
—Dime que no se convertirá en una de esas cosas...
Antuan me miró con tristeza, sin decir nada, era un sí rotundo.
Apreté mis puños a mis costados, caminando fuera del lugar. Caí de rodillas sobre el terreno, sintiendo las lágrimas quemando mis ojos.
—No, no —murmuré, chillando contra mis manos—, por favor, no.
El dolor que sentía en ese momento fue tanto que estaba seguro que el corazón se me había comprimido. Las manos me temblaban, quería gritar.
—Lo siento, de verdad lo siento mucho —Escuché la voz de Antuan, seguido de que tomó mi hombro—, no la dejes sola, no ahora.
Asentí, aspirando con fuerza para poder ponerme de pie y volver a entrar. Todo esto era por ella y para ella; solo quería que tuviese una vida normal y feliz.
Ahora ni siquiera podría salir de este lugar.
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Editado: 17.08.2026