Siete fases de la muerte

SACRIFICIO

MARCUS

Fase siete:

La jungla olía a tierra mojada, y un enorme lago cristalino no aguardaba frente a frente.

Corrimos a beber, beber quizá, por última vez.

—¿Así que esta es la última fase? —preguntó Irina, sentándose a mi lado cuando los demás comenzaron a sumergirse en el agua y lavar la mugre en su piel.

—Hemos llegado muy lejos —admití, mirándola. Sus ojos azules seguían brillando cuando me miraba, y a pesar de la mugre en su piel, las pecas resaltaban—, en todo sentido.

Me quitó la mirada de encima, viendo a Beth de lejos, mientras estrujaba con fuerza su cabello sobre el agua.

—Ella es todo lo que siempre quisiste —reveló, sin dejar de observarla—, aunque más terca que yo.

Sonreí, también viendo a Elizabeth, que cuando levantó la mirada y vio que Irina estaba a mi lado, hizo una mueca.

—Lo es —admití sin atracos.

...

Antuan se quedó en la orilla después de lavarse, mirando la lejanía de la jungla; y después de sumergirme yo también, me senté junto a él.

—Sabes que no podemos salir de aquí sin un sacrificio —murmuró, sin dejar de ver la lejanía.

—Lo sé.

El silencio se situó, aunque el agua era lo único que entraba por nuestros oídos, los demás estaban muy cansados para hablar.

Habíamos perdido hermanas, y una madre. Grandiosas personas que merecían salir de esto; yo no estaba dispuesto a perder a alguien más, y Antuan tampoco.

—Seré yo —aclaré, provocando la mirada de Antuan.

—Debes guiarlos hasta el final, llevarlos con Paige —quiso persuadirme, pero no lo lograría.

—Eres más valioso que yo, Paige necesita más de ti, que de mí.

Antuan hizo un sonido de molestia en su garganta.

—Ya he perdido a mi hermana, no perderé a mi hermano —gruñó entre dientes—, eres tan valioso, incluso más que yo, no tengo tu sencillez. Tu podrás seguir con esto.

Negué, cabizbajo.

—Sophia también era mi hermana, la amaba como una; ella querría que continuos, como nuestra madre —esclarecí, mirándolo con tenacidad.

Antuan era muy terco, una de las personas más tercas que había conocido; y cuando se situaba en un punto no había poder que lo mueva. Pero esto era más grande que su mismo orgullo.

El sonido de un arma a los lejos nos puso en alerta. Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo, y tomaron sus respectivas armas.

—¿Más personas? —preguntó Melanie, acercándose a nosotros.

—Una trampa —murmuró Perla.

Todos éramos consientes que afuera nadie nos cuidaba, y si seguíamos vivos casi todos, era porque Hatway no había encontrado a alguien apto para el papel de manejar las fases.

—Tomen sus cosas —pedí, moviendo una mano—, vámonos.

Caminamos con sigilo, no sabíamos si era buena idea meternos a la jungla, pero debíamos comenzar a actuar, no podíamos seguir tanto tiempo dentro.

El tiempo dentro de aquí actuaba diferente; y quizá la detonación era un aviso de que alguien fuera, ya nos había localizado, y nos mataría teniendo la mínima oportunidad.

No sé escuchó nada más en un buen rato, ni siquiera el viento mover las ramas mal puestas de los árboles, ni animales.

—Dormiremos aquí —señalé un árbol de tronco grueso—, haré la primera guardia.

Todos cayeron sin prejuicios, sin degustar nada, estaban tan cansados que el hambre se les olvido. Elizabeth se sentó a mi lado, recargando su cabeza sobre mi hombro.

Vi a través de sus ojos verdes, y su hoyuelo formado cuando me sonreía.

"¿Cómo podría decirle que yo no iría con ella?"

—Duerme un poco, estas cansada —susurré, pesando su cabello húmedo.

—Te haré compañía todo lo que pueda —aseguró.

La noche llegó, y los sonidos nocturnos se presenciaron con anormalidad, combinándose con los gruñidos de todos durmiendo detrás.

—¿Cuál fue tu miedo? —preguntó Elizabeth, removiéndose para verme de frente.

Negué.

—Algo banal, supongo —Le respondí.

Frunció el ceño, sin poner objeción, quizá sintiendo que no era el momento de mencionar ello.

Se removió de nueva cuenta, colocando su cabeza sobre mis piernas, mirándome un buen rato.

—Me gusta la forma de tu barbilla —aclaró—, y como la tensas cuando sientes que algo no está bien.

Me hizo sonreír.

—También tu sonrisa y que para todo levantas una ceja —continuó, tocando mi barba rasposa con las yemas de sus dedos—. Quiero que sepas que, si volviera al inicio, seguiría haciendo lo mismo.

Me incliné un poco, al mismo tiempo que ella levantó un poco el rostro, y nos dimos un beso.

—Ahora duerme —susurré, y ella asintió, acomodándose para cerrar los ojos.

Miré arriba, en donde el cielo parecía ser lo único real en la simulación. Las estrellas y la luna en el ocaso. Apreté los ojos, cansado, y riguroso.

...

Abrí los ojos de golpe, cuando sentí lo caliente del sol golpear mi rostro. Me senté de inmediato; observando a todos.

—Tranquilo —aseguró Elizabeth, estirándome un poco de su lata de comida—, no quisimos despertarte.

Tomé la lata con una mano, sentándome bien para poder comer un poco.

—Debemos irnos antes del que el sol se ponga en lo más alto —mencionó Antuan, señalando lo alto.

—¿Por qué? —quiso saber James.

—Es cuando calienta más, y las criaturas despiertan.

Nos movimos, mirando a todos lados, pareciendo estar solos. Los sonidos habían desaparecido, y el olor también, algo andaba mal fuera.

—Debe ser Hatway, quiero impedir que salgamos —mencionó Antuan, percatándose de lo mismo que yo.

Un sonido entre la hiervas nos sacó de sí, y cuando volteamos, vimos ojos brillantes mirándonos desde la altura. Animales salvajes acechándonos desde lo profundo del lugar.

El olor volvió y los ruidos también.

Gruñidos y ronroneos a nuestro alrededor. Hicimos un circulo en medio de todo, apuntando cada uno con su arma, cuando los felinos sobre humanos, comenzaron a rugir a nosotros.




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