Siete Formas de Sobrevivir

El Salto de la Sombra

—Vamos a turnarnos para vigilar hasta que amanezca —ordenó Artie a través del comunicador, con su voz susurrante pero firme.

—Es buena idea para evitar que vuelvan a ocurrir percances —respondió Samantha, mirando con recelo la caja de suministros saqueada.

—Crimson y yo empezamos. Nos quedaremos hasta que les toque a los demás —sentenció Aiko, revisando la funda vacía de su estilete.

—Recomiendo que cada grupo cubra tres horas. A las seis y media empieza a clarear, así que para esa hora todos deben estar en pie —concluyó Samantha—. Preguntale a la chica callada si te acompañará, Sam —añadió Aiko con un gesto hacia Lucía, quien evitaba mirar a Alan.

A las tres de la madrugada, Alan y Aiko regresaron al edificio de administración para despertar al siguiente turno. Lucía se levantó en silencio, ajustándose el chaleco antibalas con movimientos bruscos. Vio a Alan entrar riendo de algo que Aiko le había dicho en voz baja. "Va a todos lados con la chinita; al final sí soy el mal tercio", pensó la federal, sintiendo un nudo en la garganta que no tenía nada que ver con el apunamiento.

El amanecer en la Puna llegó como una explosión silenciosa. El horizonte comenzó a teñirse de un violeta profundo que rápidamente se transformó en un naranja sangriento, iluminando los restos oxidados de la mina. El frío era seco y cortante, de esos que duelen en los huesos. Artie bajó del techo de la iglesia, con los movimientos lentos de quien ha pasado horas en una sola posición.

—Guarden todo. Iremos a buscar al primero de los Siete en cuanto el equipo esté listo —ordenó el británico, limpiando la escarcha de su mira telescópica.

Alan se despertó adolorido dentro de su bolsa de dormir, sobre el suelo de madera crujiente.

—Estas cosas son muy delgadas —se quejó mientras se estiraba, sintiendo cada vértebra crujir.

—Ya te vas a acostumbrar, nene. La guerra no tiene sommier —respondió Aiko mientras se sacudía el polvo del cabello desprolijo.

Alan salió al frío exterior y lo primero que hizo fue buscar a Lucía. La encontró cerca de las camionetas, revisando su pistola reglamentaria con una mirada gélida.

—¿Lu, cómo te fue? —preguntó Alan con una sonrisa forzada, tratando de romper el hielo.

—Hicimos el trabajo mejor que ustedes —respondió ella de manera cortante. Ni siquiera lo miró; sus ojos estaban fijos en Aiko, quien caminaba detrás de Alan con esa confianza que a Lucía le faltaba.

—¡Basta de charla! —intervino Samantha, desplegando un mapa táctico sobre el capó de la camioneta—. Según los sensores de movimiento que dejamos anoche, el rastro de calor del intruso se dirige hacia el Nivel 4 de la mina principal. Es el sector más profundo y el que tiene los túneles más inestables.

—El terreno ideal para alguien que se funde con la oscuridad —comentó Artie, cargando su rifle—. Crimson, vos vas al frente. Tu gravedad puede detectar derrumbes antes de que ocurran. Aiko, cubrí su espalda. Ferraro, te quedás en la entrada con el equipo de radio; si perdemos señal, tu prioridad es lanzar la bengala de extracción.

Lucía apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula. Otra vez el muro. Otra vez "la de la radio".

—Entendido —dijo Lucía con una voz que apenas era un susurro de rabia.

Alan quiso acercarse a ella, decirle algo para calmarla, pero el grupo ya se estaba moviendo hacia la boca de la mina, un agujero negro y hambriento en la falda del cerro.

—Mantené la concentración, Crimson —le susurró Aiko al pasar por su lado—. En esos túneles, un segundo de distracción y el viejo te corta el cuello con mi propio cuchillo.

Alan asintió, activando su percepción. A medida que se acercaban a la entrada, el aire se volvía más pesado, y una sensación de "vacío" empezó a hormiguear en sus manos. Don Mario los estaba esperando en las profundidades.

Siguieron avanzando por el túnel principal, un corredor de roca viva donde el único sonido era el goteo rítmico de agua filtrada y el eco metálico de sus botas sobre los rieles oxidados. De pronto, Alan se detuvo en seco. Se llevó la mano al pecho, apretando su camiseta; su rostro se contrajo en una mueca de agonía pura. Era una mezcla sofocante entre la falta de oxígeno de la Puna y ese "tirón" que siente cuando está cerca de alguno de los siete, una presión invisible que le advertía que su objetivo no solo estaba cerca, sino que lo estaba observando.

—¿Qué ocurre? —preguntó Artie. Su voz, un susurro profesional, apenas rompió el silencio sepulcral mientras acomodaba la culata del rifle contra su hombro.

Lucía dio un paso al frente por instinto, la preocupación grabada en cada línea de su rostro. Estiró la mano para tocarlo, pero el peso del protocolo y su propia inseguridad la frenaron en seco. Se quedó allí, con los dedos temblando a centímetros de su espalda.

—Creo que... está cerca —logró jadear Alan. Sus sentidos vibraban con una frecuencia eléctrica, y el aire en sus pulmones se sentía tan pesado como el plomo.

—¿Nuestro objetivo? —inquirió Aiko, desvainando su karambit con un movimiento fluido y letal. La hoja oscura parecía absorber la escasa luz de las linternas.

Antes de que Alan pudiera articular una respuesta, una mancha de oscuridad absoluta se desprendió de la pared rugosa del túnel. Fue una exhalación, algo tan veloz que Artie, cuyos párpados pesaban por el agotamiento de la guardia, no logró centrar la mira a tiempo. La sombra pasó rozando a Aiko, una ráfaga de aire helado que buscaba con dedos espectrales la empuñadura de su segundo cuchillo.

—¡Vi algo! —bramó Aiko, lanzando un tajo horizontal que solo cortó el aire viciado.

La sombra volvió a serpentear entre ellos, moviéndose como un espectro que disfrutaba burlándose de sus reflejos. Un destello metálico —el estilete de gala robado— brilló por una fracción de segundo en la negrura absoluta antes de desvanecerse otra vez en las grietas del techo.

—¡Qué viejo molesto! ¡Todavía quiere robarme los cuchillos! —gritó Aiko, perdiendo la paciencia. Sus ojos se movían frenéticamente de un lado a otro, buscando un blanco sólido que golpear.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.