Siete minutos

Capitulo 1

Es de noche. Estoy en la azotea del hospital. Recuerdo que miraba las estrellas y me preguntaba: ¿por qué acepte?
Solía subir ahí casi todas las noches. Era muy alto y me gustaban las alturas. Subía con mi mejor amigo, el cual murió… no recuerdo hace cuánto.
Mi vida se volvió más oscura luego de su muerte. Había dejado las drogas y volví a ellas; me hacían sentir mejor. Él habría estado decepcionado de mí, así como mis padres y como yo misma.
Estuve unas cuatro horas ahí arriba, hasta que me decidí a bajar. Eran cerca de las dos de la mañana.
Me fumé un porro mientras bajaba. A mitad de camino me encontré con un grupo de personas saliendo de un bar. Algunas estaban tambaleándose, señal de que iban más alcoholizadas que yo, drogada.
Entre ellos reconocí a una: era Clarissa, la hermana de Rick, mi mejor amigo. En ese momento decidí ponerme la capucha de mi abrigo y seguir mi camino. No podía hablar con ella; seguro me odiaba por la muerte de su hermano. Además, sus ojos eran iguales: un marrón verdoso. Cada vez que la veía, a mi mente venía él.
Por cosas de la vida —o del destino, creo que fue el destino— ella me vio. No sé cómo carajos me reconoció. Gritó mi nombre y se acercó corriendo hacia mí. No sé cómo pudo correr con esos zapatos altísimos.
Maldije por lo bajo. No pude ignorarla y seguir mi camino. No sé qué me ató en ese momento.
—Hey…
—Hey… —me respondió mientras me miraba con una sonrisa nostálgica y triste.
Fue muy incómodo para mí; para ambas lo fue.
—¿Cómo… cómo estás? —le pregunté sin saber qué más decir.
—Bien.
Luego de decirme eso, se disculpó rápidamente y se dio la vuelta. Eso me dejó confundida. Pensé en ese momento que realmente sí me odiaba, o algo así. Que quizás quería decirme muchas cosas, gritarme, pero no se atrevía.
Cuando pensé en seguir mi camino, me llamó de nuevo.
—¡¡Olivia!!
Eso me hizo dar un brinco. Me doy la vuelta y ella se acerca a mí.
—Quiero que hablemos. No ahora, por supuesto. Mañana, o cuando estés disponible… ¿por favor? —me dijo mirándome con ojos suplicantes.
No sé por qué acepté, pero no me arrepiento. Todo el camino a casa lo pasé pensando:
¿Por qué quiere verme? ¿De qué quiere hablar? ¿Por qué me miró así? ¿No me odia… o sí? ¿Y por qué carajos dije que sí?
Realmente creo que acepté más por el efecto del porro. Y se lo agradezco.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.