Sigo apostado por ti || Unai Simón

PRÓLOGO

PRÓLOGO

Un tú y yo nunca fue real, al menos no de la forma en la que yo quería. A pesar de todo, aquí sigo, viendo cada paso que da, presente a cada sueño que alcanza. ¿Por qué? Porque una parte de mí no quiere dejarle marchar y por aquella estúpida promesa que nos hicimos cuando éramos pequeños y no teníamos ni idea de cómo era la vida.

Sé que aún me sigue queriendo, que en el fondo sigo siendo importante para él, pero como aquella noche, sigue negando que un día él y yo fuimos como uña y carne. Pero ya me he acostumbrado a ello, a que reniegue de mí y no tenerlo más en mi vida.

Fue la persona más importante de mi vida. Superamos muchos baches, obstáculos y también pasamos por momentos inolvidables. Nadie, hasta ese día, había conseguido separarnos y mira que lo intentaron. Pero llegó ella a nuestras vidas, a su vida y todo se destruyó.

Aguanté, mira que lo intenté, pero aquel día fue la gota que colmó el vaso. Ya no podía más, no podía ver como poco a poco comenzaba a cambiar y se convertía en una persona que no era él. Fue un cúmulo de cosas, descubrir aquello que me rompió por dentro fue lo último, pero ya no podía dejar más que ella me tratara de esa forma, que me insultara y menos en mi propia casa.

Aquella noche tomé la decisión de contárselo todo, para que conociera con quién estaba, pero lo que nunca imaginé fue cómo la historia comenzó a cambiar de rumbo y terminé siendo el centro de toda la conversación. Jamás le habría hecho elegir entre ella y yo, jamás. Ni siquiera tendría que haber sido una opción encima de la mesa…

Pero todo lo que pasó aquella noche… Lo que más me duele no es todo lo que me dijo, sino lo que él calló y dijo. No fue capaz de defenderme, ni decirle que parara. Se calló y solo intentaba convencerla de que entre él y yo no había pasado nada. Solo pensó en él, como siempre, olvidando todo lo que le dije y creyéndola a pies juntillas.

En mí no pensó, nada. Ni si quiera se dio cuenta de que estaba a punto de romperme y si se dio cuenta, no le importó. Pero ya no me sorprendía nada, como ya le dije esa noche, estaba acostumbrada.

Sé que durante todos estos años ha preguntado por mí, intentando averiguar de forma sutil cómo iba mi vida, pero a mí me da igual cómo es su vida. Todo se acabó cuando comprendí que no tenía por qué seguir sufriendo por sus desplantes, por su falta de empatía e incluso por su falta de preocupación. ¿Hacía cuánto no me preguntaba cómo estabas? ¿Hacía cuánto tiempo que no teníamos una tarde para hablar sobre nosotros mismos? ¿Hacía cuánto tiempo que no le contaba algo importante? Entendía perfectamente que estaba ocupado con los estudios y los entrenamientos con el club, pero lo que hizo… Eso no era una relación sana.

Se estaba convirtiendo en una persona que no me gustaba nada, en una persona de la que no quería tener nada que ver. Verle cambiar sin poder hacer nada al respecto, me rompía por dentro. Así que, aunque lo que pasó aquella noche me dolió más a mí que a él, con el paso del tiempo creo que fue lo mejor, porque empecé a pensar en mí y en mi felicidad.

A pesar de todo estoy orgullosa de todo lo que ha conseguido, de los sueños que ha cumplido, porque sí, no dudé ni un instante en que conseguiría llegar a ser futbolista profesional, se lo merece por todo lo que ha sacrificado hasta conseguirlo. Pero como persona… Ya no es mi Unai, ese niño que creció y mantenía los pies sobre la tierra. Estoy tan decepcionada…, pero espero que algún día abra los ojos y se dé cuenta de todo lo que está ocurriendo a su alrededor. Espero de corazón que vuelva a ser quién era, la persona que sé que en el fondo es. Aunque ya no estaré ahí para verlo.

Y cuando menos lo esperaba, ahí estabas, dispuesto a volverme loca de nuevo, insistiendo porque siguiera apostando por ti.




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