La sala de juntas estaba como siempre, hecha un carnaval de colorines, pero todos aplaudieron la buena onda de Estelita y Teresita.
Alizza ingresó con sus tacones rosa, vestido negro con fajo rosa y cartera a juego, justo en el momento que llevaba la taza de café a su boca. El supervisor general ingresó con una montaña de carpetas.
—Mis queridos gerentillos… de puntos comerciales, les entrego los formularios, debemos hacer inventarios y colocar todo en orden. Lo que falte será cobrado de sus salarios... regla de la empresa, no me miren así. Si esta tienda fuera mía, les haría descuentos especiales, pero ya saben... no puede haber manos misteriosas por ahí... jajajaja.
Alizza observó que el señor Borlando se convertía en ese personaje ruin de Freddy... ese tipejo de saco a rayas que era la pesadilla en persona.
La taza tambaleó en sus manos, mientras Lucy se persignaba diciendo: "¡Ay bendito, líbrame de todo descuento!". Estelita argumentaba que era honrada y no pagaría por cosas que no se había tragado, y Teresita lanzaba una bocina de papel picado que cayó sobre todos, y claro, en el café que le había costado un dineral. A falta de bono, el salario hay que estirarlo.
Por suerte ella era una fuerte y auténtica chica de San Antonio, Texas. Que lo que no sabía, lo inventaría.
Después de varias observaciones y carcajadas que parecían de digno payaso de obra de terror, todos salían corriendo a sus áreas. Estelita seguía discutiendo, ella no pagaría nada, ¿qué se creía ese bobo de Borlando? Y Teresa, con su buena onda de siempre, dijo que era una buena experiencia para unir fuerzas:
—No se preocupen, yo creo que en cómodas cuotas podemos lograrlo. ¡Ánimo, gerentillos!
Alizza suspiró. Al llegar a su área, se quedó mirando el formulario: lámparas artesanales doce.
—¿De dónde saco estas baratijas... que parecen largatijas... de dónde...? Ah, ya lo tengo. Lucy debió echar a perder varias, pero yo, Alizza, soy doña inventos.
Tomaba su bolso de herramientas y se dispuso a revisar las lámparas faltantes, y claro, eran de figuritas, y ella sabía cambiar cables, hacer nuevos biombos, y justo los globos de Teresita... funcionarían de maravillas.
¿Quién dijo miedo? ¡Freddy, allá vamos! Alizza reía divertida, ella sería la pesadilla del centro de luces... mientras, la imagen de Freddy con saco a rayas, sombrero espantoso, se hacía diminuto y escapaba corriendo por el pasillo de los juguetes.
El día avanzó entre cuentas, atención a clientes, hablar hasta por los codos y renovación total de estantes. Decoración en la sección de Alizza. Por suerte, no habían llegado los auditores con Borlando, que siempre se andaba burlando, como si fuera muñeco de trapo, y por cierto, de esos horribles, que con solo verlos espantaban.
La campanilla sonó anunciando que el día terminaba. Alizza se fue a prisa, con algunos globos de la sala de juntas. Tuvo que pagar taxi, para no llamar la atención, ni que pareciera que estaba de juerga y piñata. Al llegar a casa y buscar rápidamente las llaves, Fiasco Tomy llegaba en su auto. Al verla se cruzaba a su encuentro.
—Por fin te dejas ver Alizza, sé que estás triste, y deprimida, y entiendo que te sientas... arrepentida, de romper lo nuestro, pero... en realidad, yo estoy dispuesto a...
Alizza encontró por fin las llaves.
—Tomy, estoy súper atareada, papá me espera para cenar, y mi hermano llegará en cinco minutos. Si te ve aquí haciendo de oca-oca, ganso, si no me asusto, te espanto... te aseguro que te partirá el parabrisas... y tu auto es de colección... o prestado, o empeñado, pero auto caro al fin.
Alizza cerró la puerta casi que, en su cara, y Tomy Blasco lanzaba unas palabras, y terminó por irse, su madre le llamaba.
Al llegar, Alizza lanzó sus tacones y se dispuso a elaborar los biombos. Al entrar a la cocina, notó algo que había pasado por alto, las bombillas del patio daban luz.
—Mamá, ¿y esas bombillas?
—Las mandó tu tía, son cuatro, recargables. Solo han sido unos pocos días sin luz, mañana será un día mejor.
Cenaron entre risas y la noticia:
—Debo hacer unas lámparas, y ustedes cayeron como del cielo.
—¡Alizza, las lámparas artesanales nos encantan! Son una manualidad muy sencilla y genial para decorar.
—Mamá, pero estas son para completar un desajuste, ¡qué suerte haber tomado el curso de lámpara de cuerda!
Su padre la miró:
—Sí, qué bueno que lo hiciste, tan solo cuerda, cola blanca y un globo. ¡Es muy sencillo! Un complemento perfecto para darle un ajuste al inventario.
Su padre, el señor Robin, se colocaba manos a la obra para ayudar a su querida hija, y su madre preparaba café entre carcajadas y globos colgantes.
Nota de diario - 2:45 a.m. En casa, con bombillas recargables en el patio.
Querida Vida: Mamá y papá me ayudaron a hacer los biombos, entre café y pan francés, la noche pasó, me iré a dormir, debo estar en pie a las seis, mañana deberé arreglar las cuentas, por suerte, tomé un curso de esos de... hágalo desde casa. Me duermo y otra vez a despertar...
Att: Alizza, jamás Milano, con un globo en la mano.