ROMÁN
La campaña fue en conjunto con Chloe. La verdad es que no me esperaba eso; ni siquiera Maya, que estaba al tanto de todo lo que iban a hacer conmigo. Aun así, estuve las horas necesarias haciéndome fotos y charlando con algunas personas, a pesar de que me importaba una mierda lo que me estaban diciendo. También practiqué para la entrevista que tenía dentro de poco, puesto que empezaban los partidos de mi equipo oficial de hockey.
Aun así, mi mirada buscaba continuamente a Maya entre la cantidad de gente que había.
Se había recogido el cabello en un perfecto moño y llevaba un vestido negro de escote cuadrado y media manga, que le llegaba por debajo de las rodillas, además de unos tacones igual de oscuros. No resaltaba la belleza de ébano que ella tenía, ni por asomo. Además, no era ni de puta coña su jodido estilo, y me jodió en lo más hondo de mi ser ver cómo había cambiado su forma de vestir por agradar a los cuatro gilipollas que estaban hablando con ella en esos momentos.
Para mi sorpresa, hizo reír a Nathaniel, uno de los más importantes de mis patrocinadores. Era conocido por no reírse; no recordaba haberlo visto esbozar una sonrisa o decir una palabra agradable a nadie. Pero Maya era jodidamente mágica, pues en solo cinco minutos se había ganado a todos ellos y, encima, los había hecho reír.
El saber estar de Maya era increíble. No parecía la misma de siempre; era como si se hubiera puesto una máscara y estuviera actuando como una persona totalmente ajena a ella. Me molestó, porque no estaba siendo la Maya real, la auténtica. Quizá fuera por miedo a no caerles bien, pero, siendo sinceros, Maya, con la personalidad que tenía, no solo les habría caído bien, sino que los habría enamorado.
Chloe estaba hablando conmigo de un par de cosas que podríamos hacer para crear más hype cuando vi que Sam Scott hacía acto de presencia.
De cabello ceniza y ojos color miel, era un joven brillante al que los patrocinadores veían como una futura promesa de la fotografía. De sonrisa fácil, se había ganado a todo el mundo con una familiaridad pasmosa. No tenía noticias de él, solo de su increíble talento y de que, a pesar de ser uno de los más jóvenes —apenas dos años mayor que yo—, había llevado campañas enormes y hecho un montón de exhibiciones que llenaban las salas sin dificultad.
Este alzó la mano para saludarnos. Yo le devolví el saludo con un gesto de cabeza, haciendo que se riera entre dientes.
Se acercó a nosotros, le dio dos besos a Chloe y me tendió la mano para que se la estrechara.
—Hoy ha sido un buen día, sin duda. He examinado las fotos y son una pasada. Formáis una pareja increíble —halagó.
Chloe se acarameló más a mí y yo me aparté ligeramente de ella. No podía permitir ese tipo de «confianzas», dado que los patrocinadores estaban hablando con mi supuesta novia y debíamos dar una imagen de parejita feliz.
—La verdad es que ha estado bien —fue lo único que dije, porque mi mirada seguía puesta en Maya, que ahora se llevaba la mano a la boca para ocultar su risa.
Sam empezó a hablar de mil cosas, pero la situación fue a peor cuando, de repente, al girarse, se quedó mirando a Maya. Abrió los ojos de par en par; noté cómo se le entrecortaba la respiración y cómo sus pupilas se dilataban de manera desorbitada.
—Madre mía... —dijo con verdadera fascinación.
Yo fruncí ligeramente el ceño, sin comprender bien lo que estaba pasando. No fue hasta que Maya se giró un momento cuando los dos se miraron durante más tiempo del necesario. Juro que vi cómo Maya abría los ojos de par en par, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.
Quizá era fan de ese tipo.
Por cómo reaccionó, supe que sí, porque contuvo el entusiasmo, pero se le podía ver reflejado en el rostro.
Maya volvió a girarse hacia mis patrocinadores y estos siguieron hablando con ella.
Veía cómo escuchaba con atención, a pesar de que, de manera inconsciente, su mano se dirigía hacia el audífono, como si quisiera apagarlo. Pero era tan educada que no iba a hacer tal cosa.
—Ahora vuelvo —dijo Sam, dándome una palmadita suave en la espalda y despidiéndose de Chloe con un gesto de cabeza.
Chloe, aliviada, se giró hacia mí y empezó a hablarme de sus cosas. Aunque yo intentaba prestarle la atención suficiente, de manera inconsciente mi cabeza se giraba hacia donde estaba Maya.
En una de esas veces, me giré y vi cómo Sam se paraba frente a ella. Mis patrocinadores se despidieron de Maya con un gesto de cabeza, lo que hizo que Sam y ella se quedaran solos.
Sam sonrió ampliamente. Supuse que se presentó porque se llevó una mano al pecho y luego Maya dijo algo, pero, por la distancia, no supe identificar qué.
Con elegancia, le dio un suave beso en el dorso de la mano, logrando que me pusiera tenso. Maya se quedó completamente quieta y juro que tuve que contener la risa cuando, de repente, mientras Sam buscaba algo distraído en su bolsillo, Maya me miró e hizo un gesto como diciendo: «¿Quién coño saluda así?».
Me reí un poco y pude ver por el rabillo del ojo cómo Chloe se cruzaba de brazos y me miraba con evidente indignación.
—Es de mala educación no escuchar lo que una persona te está diciendo.
Al decir eso, me centré en ella.
—Bueno, Chloe, seguiremos hablando. Voy con Maya —le dije distraídamente.
Chloe dijo algo ininteligible y, sin más, se dio la vuelta sobre sus tacones y se fue hacia un grupo de gente.
Anduve hacia ellos cuando uno de mis patrocinadores me paró en seco.
Editado: 19.09.2026