Siguen Respirando Codigo Lambda

1

El sonido del reloj de arena que tenía el doctor Robertson en la mesa del medio era lo único que se escuchaba en el consultorio de paredes amarillas. Como un metrónomo indicando que el tiempo pasaba, pero el mío se detuvo hace siete años.

-Callum- la voz del doctor era suave, para no asustar- Hoy es el aniversario. Se que no quieres estar aquí. Pero acordamos que cuando los pensamientos se vuelvan muy ruidosos los dejaríamos salir-

Mis brazos estaban en el reposabrazos del sillón de cuero café. Siempre le dije que al ser de cuero se escuchaba mucho cuando te movías. Aprete el reposabrazos de cuero hasta que vi que mis nudillos estaban tornándose de color blanco. No quería hablar. Quería salir y correr al bosque, perderme entre las montañas y no saber nada de esto. Pero el gobierno me exigía estas sesiones para mantenerme funcional para ellos. Si tenía que poder ser funcional, tenía que hacer sangrar mis palabras.

-No eran zombis como en las películas doctor- mi voz sonaba extraña, ajena a mi- La gente usa esa palabra porque es fácil decirle zombis a todo lo que es infectado por un virus y los termina reanimando. Las películas de terror hicieron ese concepto más digerible ¿Sabe? -

El asentía mientras me miraba a los ojos.

Cerré los míos levantando mi cabeza hacia el techo, tomando el valor necesario para seguir hablando. El olor regreso a mi nariz, carne quemada, dulzor empalagoso y carne podrida.

-Cuéntame sobre el primer día del brote, cuando dejaste tu casa-

Trague saliva. Lo mire abriendo mis ojos.

-Mis padres...ellos enfermaron poco a poco, como todas las personas de la ciudad. Esa cepa, la llamaron “Genesis Alfa”, un nombre muy pretencioso si me lo pregunta. Aceleraba el metabolismo un mil por ciento. Mamá estaba haciendo la cena. Mi padre estaba arriba descansando, había sido herido en el trabajo por alguien, solo fue un rasguño. Era profundo, pero mamá lo curo como siempre cuando llegaba mallugado, al ser oficial de policía sus días eran muy atareados a veces-

Me acomode en el sillón, apoyando la espalda y encorvándome. Hizo ruido cuando lo hice.

-Yo estaba en la mesa, haciendo tarea. Mientras ella en la cocina, mis hermanos viendo la televisión en la sala. Era un día normal, como siempre- mi mirada fue al suelo- De repente un sonido fuerte se oyó en el segundo piso, muy fuerte, como si mi padre se hubiera caído. Todos lo escuchamos. Mi madre me dijo que iría a ver qué pasaba, que me quedara con mis hermanos y que cuidara la comida. Le dije que, si mientras ella subía las escaleras, solo se escuchaba los pasos de ella crujir y la televisión encendida, mis hermanos veían un documental, de unas ballenas creo-

Rei sin humor, a ellos como les gustaba hacer eso.

-Luego- continue mi relato- Se escucho un forcejeo arriba, mis hermanos lo escucharon yéndome a buscar rápidamente. Mis padres nunca peleaban, me miraron preocupados. Eran solo unos niños. Les dije que se quedaran en la sala mientras subía rápidamente a verlos y parar lo que estaban haciendo. Mi madre solo gritaba desesperada repitiéndole que era ella y que no lo hiciera. Subí rápido, abrí la puerta de su habitación, estaba a oscuras, solo escuchaba una respiración que salía de alguien. La luz del baño estaba encendida, era lo único que iluminaba un poco la habitación. Al dar un paso pise un líquido, al verlo, era sangre y esa sangre daba al baño-

El doctor Robertson me miraba expectante, esperando que siguiera con mi relato.

- ¿Qué fue lo primero que pensaste? -

Me encogí de hombros.

-No lo sé...no lo recuerdo la verdad. Solo hice lo primero que se me ocurrió, fui rápidamente al baño, llamando a mis padres por su nombre. Abrí la puerta rápido y.… y yo...-

Mi voz no salía, se rehusaba. Volví a apretar el reposabrazos, escuchando el crujido del cuero.

-Respira, como te enseñe-

Lo mire.

- Mi padre... ya no era mi padre. Estaba encima de mamá, en el suelo. Ella... ella seguía viva, doctor. Sus ojos me miraron, inyectados en sangre por el esfuerzo de gritar, pero no podía. Porque él le había arrancado la garganta. Estaba devorando su tráquea. -

-Como... como era esa criatura-

- Su piel... se había vuelto gris. Las venas de su cuello y sus brazos estaban negras e hinchadas como cuerdas a punto de estallar. Pero lo peor era su espalda. La columna vertebral se había arqueado de una forma imposible, rompiendo la camiseta del uniforme. Huesos afilados, como espinas dorsales de un reptil, habían perforado la piel. Y su boca... su mandíbula inferior se había partido en el centro. Colgaba en dos pedazos independientes, chorreando sangre negra y saliva viscosa sobre el pecho abierto de mi madre-

- ¿Te vio?

-Sí. La cosa levantó la cabeza. Sus ojos eran blancos, lechosos, sin pupilas. Hizo ese sonido... ese chasquido húmedo. Se levantó. Era rápido. Demasiado rápido.

-¿Qué hiciste?

-El pánico me golpeó. Cerré la puerta de un portazo, pero sabía que era madera barata. No lo detendría. Bajé las escaleras saltando de tres en tres. "¡Corran!", les grité a los niños. "¡A la puerta trasera, ahora!".

-Pero él te siguió.

-La puerta del dormitorio explotó. Astillas de madera volaron por el pasillo. Bajó las escaleras no caminando, sino a cuatro patas, usando los brazos y las piernas como una araña deforme

-Intentaste defenderlos- el doctor me miraba, casi con pena.

-Llegué a la cocina. Agarré el cuchillo de chef de mamá, el grande. Me puse entre él y mis hermanos. Ellos gritaban. La cosa saltó sobre mí. Me golpeó con una fuerza... inhumana. Me lanzó contra la nevera. El cuchillo salió volando. Me quedé sin aire.

Me froté el pecho, donde esa costilla vieja a veces dolía con la lluvia.

-Y entonces... fue a por ellos. No a por mí, que era la amenaza. A por la presa fácil. Agarró a Sam primero. Lo levantó por la pierna como si fuera un muñeco de trapo y lo estrelló contra la pared. El sonido... el crac de su cráneo... nunca se me va a olvidar. Leo intentó esconderse bajo la mesa. La cosa volcó la mesa de roble macizo con una sola mano y.… y acabó con él.



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En el texto hay: suspense, boyslove, bioterrorismo

Editado: 01.03.2026

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