Llegue a Whitefish alrededor de las 3:30 de la tarde. Había un poco de nieve en los costados de las calles. Afortunadamente había leído que solo habría pequeñas nevadas esporádicas para dar inicio a la primavera.
El cartel que decía “Bienvenidos a Whitefish” me daba la bienvenida al pequeño poblado. Quite la música que deje de escuchar hace un rato. Los postes eléctricos de color verde se alzaban por todo el camino. Maneje un poco más hasta entrar a la calle principal, había varios autos estacionados. La gran cordillera de montañas se alzaba imponentemente.
Recordé lo que me dijo la persona con la que había hecho el trato de mi nuevo hogar, me dijo que lo llamara cuando estuviera aquí. Me estacione enfrente de una tienda de comestibles, apague la camioneta y tome mi teléfono. Busque el número que tenía registrado y presione en llamar. Tardo unos dos pitidos.
-Alo, ¿Señor Olsen? - la voz del hombre se escuchaba apenas por el sonido de música sonando fuertemente junto con voces de fondo- Disculpe, deme un momento y lo atiendo-
Escuche como una puerta se abría para después dejar de escuchar el ruido de fondo.
-Disculpe señor Olsen, estaba en una... pequeña reunión del trabajo.
-No se preocupe- era un mentiroso- Discúlpeme a mi si lo interrumpí, solo quería llamarlo para decirle que ahora me encuentro en el pueblo, quería saber si es tan amable de entregarme las llaves de mi nuevo hogar, eso fue lo que usted me dijo
- ¡Oh! ¡Claro! Mire le mandare la ubicación de su hogar por mensaje, solo póngalo en el .GPS y me encontrara ahí afuera esperándolo
Me quede mirando a las personas que pasaban tranquilamente.
-Me lo pudo haber compartido al principio ¿Sabe? Señor Harlow
No dijo nada por unos segundos.
-Disculpe de verdad, solo esperaba que no llegaría tan pronto- se escuchaba muy apenado- Mire, si gusta puedo ir a donde está usted y ahí lo guio hacia su hogar
-No, no se preocupe, deme la ubicación e iré pronto. Tengo que hacer algunas pequeñas compras. Gracias de todos modos, lo vere pronto. Disfrute su “reunión”
Me agradeció apenado y colgué la llamada.
-Americano mentiroso- negué con la cabeza mientras tomaba las llaves del auto y mi billetera- Al parecer las reuniones de trabajo ahora se hacen en los bares eh-
Baje de la camioneta rápidamente para ir a la tienda de comestibles. Al entrar tome un carrito de supermercado de un color naranja fosforescente, el que diseño e hizo esos carros quería que no se perdieran por nada al parecer. Algunas personas se encontraban haciendo sus compras tranquilamente, los imité arrastrando el carrito al primer pasillo que encontré en el camino.
Me surtí de lo que necesitaría para estos días, productos de limpieza, de cuidado personal, comida, dulces que no podían faltar, etc. El pequeño carrito estaba casi a reventar cuando agregue un paquete de M&Ms de cacahuate en la punta de la montaña de cosas.
Al llegar a la caja, la chica que atendía, una joven que se veía de unos veintitantos años con el pelo teñido de rosa que se estaba descolorando y con un chicle en la boca me sonrió de una manera que mi cerebro tardo en procesar.
-Vaya, compras grandes -dijo ella, pasando los artículos por el escáner. Sus ojos recorrieron mis hombros y mis manos llenas de cicatrices pequeñas- No te había visto mucho por aquí. Tienes unos ojos muy intensos, ¿lo sabías? Como de lobo. ¿Eres nuevo o solo estas de paso?
Se inclinó sobre el mostrador, invadiendo mi espacio personal. Sentí una punzada de pánico. Mi instinto gritó amenaza, pero la lógica me dijo coqueteo.
-Yo...emm- empecé a tartamudear por los nervios- Soy nuevo aquí y no, no me dicen que tengo ojos como de lobo-
Me sentía ridículo. Podía desarmar a un hombre fácilmente en unos segundos, pero no podía sostenerle la mirada a una cajera coqueta. Que tenía el pelo rosa, además.
-Oh, entonces si eres nuevo aquí eso significa que te vere más seguido. Me llamo Jessica y salgo a las 6, por si quieres que te enseñe algunos lugares divertidos...
-No, gracias- la interrumpí abruptamente- Tengo prisa lo lamento.
Pagué apresuradamente, casi tirando el dinero sobre la banda, y agarré las bolsas con fuerza excesiva. Salí de la tienda sintiendo el calor en mis orejas, no de vergüenza, sino de una incomodidad con la ansiedad social paralizante. Respire un poco sintiendo el frio en mi rostro y me encamine a mi camioneta metiendo las compras cuidadosamente.
-Si Valka estuviera aquí, se estuviera riendo como loca- dije al cerrar la puerta.
Tomé mi teléfono y abrí la bandeja de mensajes. Ahí estaba la dirección, la coloqué en el GPS y puse rumbo, según el mapa estaba a unos quince minutos del pueblo. Eso era bueno.
Mientras conducía tranquilamente no pude evitar recordar lo que había pasado hace solo algunos minutos. Odiaba tartamudear, solo lo hago cuando me pongo nervioso, una de las secuelas de Altendof, me explico el doctor Robertson. Aunque también me pasaba cuando las personas invadían mi espacio personal o cuando me hacen ese tipo de comentarios. Valka lo sabía y las veces que me obligaba a salir de mi cueva a celebrar que habíamos llegado vivos de misiones o en ocasiones especiales como cumpleaños, me llevaba a clubs o fiestas. Ahí cuando una persona se me acercaba con ese tipo de intenciones me ponía muy nervioso y terminaba diciendo estupideces, Valka lo sabía y ella entraba a mi rescate o a mi ruina. Un día le termine diciendo a un chico que sus ojos parecían un escusado sucio. En mi mente sonaba a un halago, pero su reacción fue todo lo contrario. Valka me empezó a llamar “Destapa-caños” después de eso. La odie unos días por eso. O cuando le dije a una chica que si su bronceado le había causado cáncer de piel al verle una mancha café gigante en su mano y resulto ser un lunar.
En definitiva, no era un buen elemento para socializar.
Editado: 01.03.2026