Deje el cuaderno y el bolígrafo en la mesita, mi mano derecha temblaba un poco quizá por el esfuerzo de haber escribido tanto. Mire la hora, cuatro de la tarde, me deje caer en la cama de nuevo. Ya no tenía tanto frio, pero sentía una pesadez en el pecho.
Si ahora alguien me diría que ha escuchado rumores de brotes virales que hacen que las personas o el entorno se convierta en un infierno, le creería al instante, no le diría que está loco o son estupideces lo que está pasando. Es algo que no debería de repetirse por ningún motivo, poner muchas vidas en juego impulsados por la avaricia, el poder o el odio, no traía nada bueno.
Cuando le dije esto a Jacob una de las tantas veces que lo visité en su habitación transparente le dije esto, él se burló un poco de mí y me pregunto si eso no era obvio. Solo le respondí que me importaba una mierda que los causantes de eso murieran de maneras horribles, solo que dejaran de lado a los inocentes. Él me contesto que pensaba lo mismo, pero que fuéramos realistas. Esas personas, los de arriba, no estarían ahí si supieran que tienen a alguien quien pisotear a su conveniencia. Es lo justo para ellos.
Di un suspiro cansado y largo. Me levante asomándome por la ventana, la calle estaba despareciendo, solo unos manchones grises se asomaban, en unas horas todo esto estará tapizado. Me quede ahí unos momentos observando como caía la nieve, era hermoso como la naturaleza daba los mejores paisajes a las personas y como no nos dábamos cuenta algunas veces de eso. Saque mi teléfono y tome una foto buscando un buen ángulo y al hacerlo lo primero que hice fue mandársela a Valka.
“Sigo vivo todavía, quizá si me quede enterrado en la nieve como esos videos de gatos. Enséñale la foto a Jake”
Guarde mi teléfono de nuevo con mi vista a la ventana todavía. Ha sido un mes interesante, he comprado dos veces flores, conocí a varias personas, a un calvo malvado y su esposa, un florista que quiere ser diseñador de interiores, a una cajera coqueta que siempre se fija en mis hombros y mi pecho cuando me ve, una fanática de las conspiraciones, una pareja que quizá justo ahora estén abrazados mirando una película, a una familia que el primer día me invito a cenar y a un chico que su hermano no le enseño tan bien a pescar. Y el hermano que casi le rompo la tibia...según él.
Me reí recordando el suceso. A pesar de estar sintiendo un tornado de emociones en mi cabeza y la necesidad de arrancarme los recuerdos de mis cerebros con mis propias manos me sigue haciendo gracia como golpee a ese vaquero con el carrito de supermercado. Como suelo decir, la vida es irónica y verlo con su pose de macho a la antigua que parece que insultaste su honor al solo respirarle en la nuca fue gracioso para la situación, quizá pueda recomendarle al doctor Robertson cuando lo vuelva a ver. Aunque ahora yo lo necesitara más.
¿Será siempre así o solo estaba teniendo un mal? ¿O es simplemente una cabeza hueca con demasiado orgullo para un carrito de supermercado?
-Casi le rompes la tibia- recordé sonriendo burlón- Casi lo matas-
Tal vez es solo una cabeza hueca.
Me estiré un poco levantando mis brazos, se sintió bien el hacerlo, mi suéter se levantó un poco y toqué mi abdomen, seguía en forma gracias a todo el entrenamiento obligatorio de estos años y al salir a correr por las mañanas o tardes. Eso era bueno, odiaría volver a tener que hacer ejercicio desgastante de nuevo como el que me obligaban a llevar a cabo en los cuarteles, por eso salía en las mañanas a correr o caminar. Valka me dijo que me necesitaba en forma, pero aun así me encantan los dulces. Acaricie mi abdomen, un ligero peso de culpa me paso por la mente.
-Quizá haga un poco de ejercicio.
Reproduje un poco de música en mi teléfono para hacer una pequeña rutina de calistenia para activar los músculos del cuerpo.
Después de 5 minutos sentía que iba a vomitar. Valka se reiría de mí. Pero no me rendí, al terminar estaba completamente sudado y jadeando como si hubiera corrido un maratón completo.
-Debo de hacerlo más...seguido. Mierda con lo que me he descuidado-
Me levante con dificultad, mis manos se sentían débiles y mis pies temblaban ligeramente. Afuera la noche ya estaba presente con la nieve cayendo. Fui directamente a darme una ducha al baño. Al salir baje al primer piso abrigándome bien a comer algo para cenar y tomar agua.
Me preparé algo sencillo y rapido de hacer y empecé a comerlo lentamente. Hoy sería la última noche en estos días en los que las pesadillas no se harían presentes en las noches, era aterrador. Valka una vez me confeso que dejo de tenerlas cuando empezó a distraer su mente en volverse capitana de la FRBA y luchar contra el bioterrorismo, yo lo intenté, pero no pude. No quería ser capitán, no quería que gente muriera a mi mando y que esa responsabilidad me persiguiera en todo momento, he visto mucha gente morir por los desastres provocados por la arrogancia de la humanidad, los virus no eran el problema, el problema era los que los creaban y utilizaban en su beneficio.
Siempre en una guerra pagaban el precio los inocentes, eso lo sabía muy bien. Después de Altendof intentaba salvar a los que podía, eran contadas con los dedos de mis manos las pocas veces que había intentado salvar a los civiles, pero siempre sucedía algo que me superaba y en ese momento recordaba lo que me dijo Valka después de nuestra primera emoción, el miedo y la esperanza se hacía a un lado, el enojo y la prudencia se hacían presente. No me agradaba la sensación, pero siempre salía bien parado después de eso.
Terminé mi cena y cerré todas las puertas y ventanas, pude ver de reojo que la nieve estaba llegando a los 30 centímetros de la puerta, según el pronóstico mañana es el último día. Después de que la nieve se derritiera iría primeramente a conseguir mis drogas necesarias. Cerré todas las salidas como acostumbraba.
Editado: 13.03.2026