Cerré el cuaderno dejándolo en su lugar de siempre. Me recosté mirando el techo y apagué la luz. Afuera el aire golpeaba la ventana como si la fuera a romper y la nieve caía con más rapidez. Tomé mis pastillas y las metí en mi boca dando un trago grande de agua.
— La última
Miraba el techo sin expresión. No me gustaba revivirlo, no me gustaba recordar el sonido de los huesos reacomodándose y las falanges saliendo de las uñas como si fueran garras. Mi psiquiatra lo sabía diciéndome que sacarlo de mi pecho me aliviaría con el tiempo si lo seguíamos repitiendo. No fue así.
Valka me dijo que lo que le ayudó a superar y seguir adelante fue su trabajo y de algún modo sus padres que seguían vivos. Eso último me lo dijo Jacob una vez que lo visite al querer preguntarle lo mismo, él, me dijo que lo que le ayudó fue la esperanza, la esperanza de ayudar a hacer un mundo mejor. Todavía sigo intentando averiguar cómo es ese mundo mejor que desean ambos.
Un golpe en la ventana me sobresaltó.
Me levanté de un salto encendiendo la luz y respirando rápidamente con las manos al frente en posición de ataque. Mire debajo de mi cama, la caja negra estaba ahi, solo me hacía falta jalarla y sacar lo que había ahí.
Apreté los ojos tratando de regular mi respiración. Me acerqué a la ventana mirando al exterior. No había nada.
—Idiota— me dije volviendo a la cama.
Volví a apagar la luz de nuevo acostándome y cubriéndome las cobijas hasta la cabeza. Debería dormir, hoy será la última noche que podría estar en paz en sueños.
Estaba sentado en el sillón enorme de la sala con una manta y una taza de chocolate caliente en mi mano izquierda y en la derecha tenía mi tableta leyendo el libro de la otra vez cuando mi celular volvió a sonar. Casi derramo el líquido en el suelo.
—¿Sabes? Deberías de mandar primero un mensaje de para preguntarme si puedes llamar, casi haces que derrame chocolate caliente en mis pies.
Valka dio un suspiro del otro lado para luego reír un poco.
—Lo tendré en cuenta ¿Como estas? ¿La nieve te ha tratado bien?
— Bien, no he muerto o intentado algo estúpido si lo estás pensando. Estoy estable por el momento.
Le di un sorbo lento al líquido caliente que tenía en la mano.
—¿Funciono?
El sonido del tintineo en el asfalto resonó en la casa.
—Creo… no estoy seguro. Robertson me dijo que me ayudaría a volverlo un hábito, supongo que lo seguirá haciendo. Además, tendré que hacerlo en estos días, ayer tomé el último y la nieve sigue cayendo afuera
—Callum— su voz salió preocupada, como siempre con esos temas —. Recuerda que nada de eso está pasando, solo son recuerdos. Si pasa algo no dudes en llamarme, lo sabes.
Suspiro pesadamente dejando caer mi cabeza en el sofá. Sabía por qué se preocupaba.
—Val eso fue hace seis años. No lo volveré hacer y…
—Lo intentaste hace dos años ¿Recuerdas? Si Marco no te hubiera visto subir al techo no nos habíamos dado cuenta hasta escucharte impactar
No dije nada por un momento largo.
Tenía razón. No sería la primera vez que me intentaba quitar la vida. La primera vez fue cuando regresamos de la primera misión que se me asignó con Valka, una mujer murió cuando la intente proteger, le desgarraron el estómago y sus intestinos salieron violentamente. La intente proteger, pero no llegue a tiempo, al llegar al cuartel general cada vez que cerraba los ojos podía verla como me gritaba por ayuda.
La culpa fue tanta que decidí abrir las venas de mis brazos en canal. Valka tuvo que derribar la puerta de mi habitación para entrar, los médicos lograron cerrar la herida y curarme. La FRBA decidió que debería tomar ayuda psicológica y psiquiátrica después de eso, para que yo estuviera bien, dijeron. Pero era mentira, solo era para que yo fuera funcional para ellos.
—Solo fue un mal rato esa vez— le dije mientras volvía a darle un sorbo a la taza
—Robertson dijo que fueron las pesadillas. Tú se lo dijiste y el coronel me dijo a mí
—Tranquilízate, tengo el cuaderno. Y es divertido escribir— rodé los ojos—. Estaré bien, no haré ninguna estupidez, lo prometo. Te llamaré si no es así, lo juro.
—Cal—su voz se escuchaba preocupada— Hazlo, por favor. Si sientes que las pesadillas son muy fuertes, solo llámame, estaré despierta toda la noche contigo si es necesario
Sonreí. Recordé cómo se acomodó a mi lado cuando empecé a sollozar en la armería.
—Gracias Valka, estaré bien, lo juro. Te mantendré al tanto—
Terminamos hablando del trabajo y de su pelotón, al parecer han estado mejorando y el coronel Williamson está satisfecho con su trabajo.
—Oh y Callum— me dijo antes de colgar— Hay buenas noticias de Jake, los médicos dicen que podrá salir de su confinamiento antes de marzo.
—¡Eso es increíble! ¿Crees que me dejen traerlo acá?
—Abogare por eso. Pero, aun así, esperemos que sea una realidad que salga, el pobre ha visto la luz del sol muy pocas veces, está más pálido que tú y yo juntos.
Nos despedimos con la ilusión de que nuestro pequeño hermano se uniera a nosotros afuera. Me gustaría que conociera Whitefish, el lago y el pueblo, lo llevaría a pescar en el lago.
Afuera la nieve seguía cayendo a tal punto que llegaba a mitad de la puerta, la calle había sido tapizada por el velo blanco helado y la casa se sentía fría incluso con la calefacción encendida. Decidí volver a mi lectura y a mi bebida que estaba perdiendo calor.
Después de un rato cuando mis ojos picaban por la luz del dispositivo, fui a mi habitación para volver a hacer un poco de ejercicio, esta vez fue más fácil de llevar. Me duché y al salir y vestirme, fui hacia abajo para cerrar todo, todavía no era de noche, pero no me apetecía bajar después. Al estar de nuevo en mi habitación fui a mi cama y tomé el cuaderno negro con el bolígrafo.
—Esta vez habrá sueños… pesadillas, mejor dicho—abrí el cuaderno donde había dejado de escribir—Más vale que funcioné.
Editado: 13.03.2026