La puerta no aguantó mucho tiempo así que antes de que alguien llegara a ayudar, Gabriel ya había entrado en la casa y, luego de estar dentro, le costó solo dos patadas acabar con la puerta de la habitación y encontrar a Érika hecha un ovillo en el suelo.
La levantó como si no fuera nada y de un golpe la mandó de nuevo al suelo, provocando que un dolor pulsante se apoderara de su cuerpo antes de recibir el primer golpe de su puño en el vientre.
-Te advertí que no jugaras conmigo. Te dije que no te quería ver con nadie más. Ahora vas a pagar las consecuencias de tus actos y en cuanto acabe contigo, lo iré a buscar a él.
La agarró del cuello y, esta vez, comenzó a apretarlo como nunca antes. El aire le dejó de circularle, y ella empezó a forcejear con todas sus fuerzas.
Desesperada, le dio una patada en la entrepierna, y Gabriel cayó al suelo, los segundos suficientes para que se recuperara un poco y saliera a la sala tratando de huir. Una vez allí, se encontró con Rafael y lo abrazó agradeciendo que hubiese llegado. Pero la felicidad duró poco porqué en ese instante el hombre salió de la habitación.
Érika vio con horror como volvía a acercarse e intentó escapar, pero Gabriel la agarró y la lanzó al suelo con tanta fuerza que no pudo ponerse de pie de inmediato. Todo su cuerpo le dolía, pero eso no fue lo peor, lo peor fue que Rafael al verla en el suelo, empezó a golpear a Gabriel con odio y en pocos minutos le dio tantos golpes que la boca le empezó a sangrar. Sin embargo, en un movimiento rápido el hombre sacó un arma y le apuntó a la cabeza.
El tiempo se detuvo.
Ella empezó a gritar con desesperación que lo soltara, asegurando que él no tenía la culpa. Todo esto estaba pasando por ella y no podría vivir con eso en la cabeza, aunque lo único que le quedara de vida fueran unos minutos o unas horas. Sería demasiado doloroso perderlo.
El chico se quedó quieto mirando a la persona que empuñaba en arma. Luego desvío la mirada para encontrar la de su novia, y al cabo de unos instantes en los que observó todas las lágrimas en sus ojos y en los que sin palabras le dijo un montón de cosas, cerró los ojos esperando que llegara el final.
Gabriel le dio un cachazo con la pistola y él cayó al suelo. Érika se levantó rápidamente y corrió hacia él, pero el hombre la lanzó nuevamente al suelo con más fuerza. Luego, dejó el arma sobre la mesa y comenzó a acercarse a ella.
Sabía lo que venía a continuación, lo había vivido tantas veces que sabía de memoria la escena, pero esta vez algo era diferente. Esta vez, luchó con todas sus fuerzas. Pateó, mordió, empujó, pero no logró librarse y evitar que la aprisionara contra en suelo.
Cuando comprendió que no había nada que hacer, dejó de luchar y se resignó, como tantas veces lo había hecho antes.
Apretó los ojos.
Él estaba rompiendo la blusa cuando un golpe se resonó a su alrededor.
Erika sintió como el peso de Gabriel abandonaba su cuerpo y escuchó como los golpes seguían resonando. Cuando abrió los ojos vio a Rafael luchando de nuevo, dando puñetazos, patadas y golpeando con todo lo que encontraba a su paso.
Se levantó de nuevo, llena de furia, y atacó con toda la fuerza que le quedaba. Sin embargo, Gabriel la apartó como si fuera una muñeca de trapo y volvió a centrarse en golpear a Rafael. Cuando volvió a ponerse de pie el hombre sostenía a su novio del cuello. La cara de Rafael estaba adquiriendo un color rojo intenso, pero a pesar de su lucha por liberarse, no podía zafarse.
Érika vio la pistola sobre la mesa y la tomó desesperada.
-¡Suéltalo! -gritó con lágrimas en los ojos.
Él no le hizo caso.
-¡Si no lo sueltas voy a disparar!
No quería hacerlo. Ella no era el tipo de persona a la que le gustara lastimar a nadie, pero en cuanto vio que los ojos de Rafael se cerraron y que él dejó de forcejear supo que ya no tenía nada que perder.
Cerró los ojos y apretó el gatillo.
Cuando volvió a observar a su alrededor. Los vió a los dos en el suelo, Rafael boca a bajo tosiendo desesperado y Gabriel maldiciendo de todas la maneras posibles.
-¡Hija de puta, voy a matarte!. Ya lo verás, no va a haber nadie quién te salve de mí- Se sostenía el brazo ensangrentado y trató de acercarse de nuevo, pero Érika retrocedió asustada y le apuntó nuevamente con el arma. Esta vez a la cabeza.
-Ahh, ahora te crees valiente ¿eh?, ¿Vas a apretar el gatillo y matarme? No lo creo, eres una cobarde y nunca podrías hacerlo. No vales una mierda y todos los saben, por eso a tu papito y a tu mami no le importó que te cogiera, porque saben que solo sirves para eso.
-Erika… no lo escuches…- Rafael seguía tosiendo, pero se esforzó por ponerse de pie. -Sabes que está mintiendo. No le hagas caso.
-Te vas a acordar de mí cuando ese estúpido obtenga lo que quiere de ti y te mande a la basura como lo que eres. Alguien que no vale nada.
Las lágrimas empezaron a aparecer en los ojos de Érika, y sus manos empezaron a temblar, pero no era por miedo, sino por la rabia que empezaba a sentir.