Silent And Kill(spin Off)

Capítulo 4

CAPITULO 4

XIOM

Necesitaba respuestas concretas, no suposiciones ni corazonadas. Y no puedo sacarme de la cabeza que ella trama algo.

La oportunidad perfecta se presentó a mitad de la tarde. Desde el pasillo vi a Clover salir apresuradamente de su laboratorio, dejando la puerta entornada mientras se dirigía a la oficina de administración.

Sabía que solo disponía de unos minutos. Eché un vistazo a ambos lados del pasillo, me deslicé hacia el interior del área de pruebas y cerré la puerta a mis espaldas sin hacer ruido.

Sobre el escritorio principal, su terminal estaba encendida y su teléfono personal descansaba justo al lado de la pantalla. Me puse los guantes de trabajo, tomé el dispositivo móvil y deslicé la pantalla. Sorprendentemente, no tenía bloqueo de seguridad.

—Aquí se guarda toda la información importante de la central, ¿cómo coño no le pone contraseña a esto?—Hablo para mis adentros con incredulidad.

Abrí la aplicación de mensajería. Entre las conversaciones rutinarias con el personal técnico, sobresalía un chat fijado en la parte superior sin nombre registrado, solo un número extranjero. Al entrar a la bandeja, un nudo se me formó en el estómago.

Los mensajes eran recientes, afectuosos y constantes; Clover se dirigía a esa persona con una calidez y una devoción que jamás le había visto mostrar a nadie.

Lo trataba como a su pareja formal. Hasta ahí, aunque me sorprendió su vida privada tan bien oculta, no había nada que afectara la seguridad de la central.

Sin embargo, al dejar el teléfono y centrarme en el ordenador, el panorama cambió drásticamente.
Navegué con agilidad por el directorio de archivos clasificados de Elite Blue.

Entre los registros de simulación y los códigos de cálculo del acelerador, mi mirada se detuvo en un archivo guardado en un directorio raíz oculto: Proceso_de_Traslado.pdf.

El nombre me pareció completamente fuera de lugar. Abrí el documento de inmediato.

La primera página mostraba esquemas de logística, rutas de salida y una lista detallada con los documentos originales del proyecto que debían ser extraídos físicamente de la central. No era un plan de respaldo ni un protocolo oficial de la CFIEFM; era una guía de evacuación y filtración.

El sonido metálico de la tarjeta de acceso pasando por el escáner exterior me congeló la sangre.

—Esto no me agrada—. murmuró mientras leo.

Clover estaba al otro lado de la puerta.
Con una reacción puramente instintiva, cerré la ventana del documento, apagué el monitor para no dejar rastro del cursor y me retiré un par de pasos hacia el centro del laboratorio.

La puerta se abrió de golpe y Clover cruzó el umbral sosteniendo una carpeta. Al verme parado a pocos metros de su escritorio, se detuvo en seco y sus ojos se entrecerraron con una desconfianza filosa.

—¿Xiom? —preguntó, manteniendo la mano sobre la manija—. ¿Qué haces aquí dentro?

—Buscaba los reportes de la última prueba de contención —respondí sin pestañear, manteniendo la voz serena y la postura firme de un Ministro Coronel—. Como no te encontré, pensaba esperarte un momento, pero se me hace tarde para una reunión con la comandancia.

Clover miró su escritorio de reojo, evaluando la posición del teléfono y la pantalla apagada, antes de volver a clavarme la mirada.

—Los reportes aún no están listos —dijo con frialdad—. Te los enviaré en cuanto termine de procesarlos.

—Bien —asentí, caminando a pasos tranquilos hacia la salida.

Al pasar a su lado, le abrí la puerta con un gesto cortés y salí al pasillo sin mirar atrás.

Pero mientras caminaba hacia mi oficina con el corazón martilleándome el pecho, la certeza me aplastó: Clover no solo nos estaba guardando secretos personales, estaba preparando el terreno para robarnos el proyecto entero.

Lo que vi en esa pantalla no era una sospecha; era una sentencia.

Me encerré en el despacho de la comandancia pasadas las diez. Accedí al servidor de rastreo satelital y crucé el número telefónico extranjero que había memorizado en el móvil de Clover con las bases de datos de inteligencia internacional. El resultado me heló la sangre en las venas.

El número no estaba a nombre de ningún científico ni de ningún funcionario gubernamental. Las llamadas encriptadas provenían de un servidor privado localizado en San Petersburgo, vinculado directamente a la estructura operativa de los Vlatka, una de las organizaciones criminales más peligrosas y herméticas de Europa del Este.

El hombre con el que Clover se comunicaba con tanta devoción no era un simple amante secreto: era un líder de la mafia rusa.

Con las manos temblándome levemente sobre el teclado, profundicé en los registros de migración y movimientos bancarios de los últimos dos años.

Fue entonces cuando las piezas encajaron con una precisión espeluznante. El famoso "año sabático" que Clover supuestamente había tomado para investigaciones independientes en el extranjero no había sido una estadía académica.

Las señales de su dispositivo durante ese período la ubicaban en una propiedad privada en la periferia de Moscú.




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