JOHN
La tenue luz de la tarde entraba por las altas ventanas del estudio, iluminando las motas de polvo que flotan en el aire.
Lejos del ruido de la ciudad y de la vigilancia de la central, este lugar era el único santuario verdadero que me pertenecía.
Sobre la gran mesa de roble, Grigori, observó con atención desmedida el mapa de rutas marítimas que yo he desplegado frente a él.
A su lado, el pequeño Sasha, garabateaen una hoja de papel mientras apoyaba su cabeza cansada contra mi brazo.
—Mira aquí, papá —murmuró Grigori, señalando con su pequeño índice una de las líneas rojas que marcaban el trayecto hacia el norte—. ¿Por aquí es por donde vendrá mamá cuando termine su trabajo?
Sonreí con serenidad, pasándole la mano por el cabello para peinarlo hacia atrás.
La inteligencia de mi hijo mayor me recordaba en cada gesto a Clover; la misma mirada analítica, la misma astucia silenciosa.
—Así es, hijo —respondí con voz baja y firme, acercando la silla para ponerme a su altura—. Ella está asegurando el camino para que nadie pueda volver a separarnos.
Sasha dejó sus colores sobre la mesa, se frotó los ojos con sus puñitos y se subió a mi regazo, buscando el calor de mi pecho.
La rodeé con un brazo, sintiendo el peso ligero y frágil de su cuerpo, mientras con la otra mano tomaba la pequeña mano de Grigori.
Los miré a ambos a los ojos. En sus rostros no solo veía mi reflejo y el de Clover; veía la continuidad de todo por lo que había luchado, la verdadera razón detrás de las alianzas, las mentiras y la sangre derramada en las sombras.
—Escúchenme bien los dos —dije con una gravedad tibia, haciendo que Grigori mantuviera la vista fija en la mía—. Recuerden, la sangre es vida, hijos. Ahora no lo entienden, pero en un futuro sí lo harán, estoy seguro.
Grigori asintió despacio, mientras Sasha se acurrucaba en mi cuello, suspirando tranquila.
XIOM
—¿¡QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO!? —el grito de Frederick retumba con furia en toda la sala de mando.
Fred sigue dando vueltas alrededor de la mesa como un animal enjaulado, mientras yo permanezco sentado, golpeteando rítmicamente la silla con mi bolígrafo para canalizar el subidón de adrenalina.
Las pantallas principales del laboratorio parpadean en un rojo violento y las alarmas sísmicas de la central no dejan de sonar.
Esto solo es una señal de que todo lo que estamos haciendo es un gravísimo error. Esto es una mala idea, y ser parte de esto es una jodida mala idea desde el principio.
Tan solo hacen una prueba de un minuto con el acelerador de partículas y ese único minuto provoca temblores y réplicas a nivel global.
Si la simulación dura un poco más, ni siquiera quiero imaginar la catástrofe que habríamos desatado.
Cuando recibo la llamada de Clover apenas unos minutos atrás, escucharla tan asustada y preocupada me altera los nervios por completo.
Y ni hablar de cómo se pone Frederick. Él y ella tienen algo, no es una relación definida pero sí que hay una tensión constante entre los dos; a pesar de que Frederick está casado y tiene tres hijos, él sigue con sus mañas de adolescente.
No le basta con haberme quitado a mi novia en el pasado y serle infiel a Ana. Porque sí, anteriormente mi novia era Ana y la novia de él fue Heidi. Sin embargo ellos nos fueron infieles y luego nosotros dos, Heidi y yo nos consolamos y nos casamos.
Pero a pesar de todo, ambos seguimos adelante con nuestras vidas; las cosas pasan por algo y esa es la única razón por la cual sigo trabajando a su lado en la CFIEFM.
Espero a que el caos inicial se disipe en los pasillos y la busco. La llevo a la fuerza hacia la sala de archivo secundaria, lejos de las miradas de los técnicos, y la encaro sin rodeos.
—¡Basta!, no me interpondré entre los dos y lo sabes —le espetó de entrada, cortando cualquier excusa antes de que abra la boca.
—Xiom, por favor... —intenta decir con la voz temblorosa.
—Aunque te aprecio, no será igual con Frederick, puedes tenerlo por seguro —la interrumpo con frialdad—. Pero si ya empezaron algo, deberían terminarlo de una vez.
—Yo sé lo que me merezco y te juro que no seré la amante de nadie —responde ella levantando el mentón, tratando de mantener un orgullo que se cae a pedazos.
—Pero sí la novia de un criminal —suelto sin anestesia.
Sí, me molesta. Me molesta profundamente que esté involucrada con él porque Fred todo lo que toca lo pudre, pero esto va mucho más allá de las imprudencias de Dawson.
—¿Q-Qué? —Clover da un paso atrás, palideciendo al instante.
—Como lo oyes.
—Lo sabías... —murmura con un hilo de voz.
—Sé que si te largas con él, Frederick no lo soportará —digo cruzándome de brazos.
—¿Y tú? —me encara con amargura—. ¿Ahora vas a venir con que lo haces por él?
Niego lentamente con la cabeza.
—No, porque estaría mintiendo. Te aprecio porque eres mi amiga, pero si llegaste hasta aquí sabiendo las consecuencias que todo esto te traería con él, creo que la que está mal eres tú.
—Somos adultos, Xiom —responde apretando los puños, intentando recuperar el control—. Yo sé lo que hago. Y tú tienes hijas, él también tiene hijos y yo... yo tengo hijos.
El aire se congela en la habitación.
—¿Qué? —la miro fijamente, sintiendo cómo la realidad me da un latigazo en el rostro—. ¿Tuviste hijos con ese mafioso?
—Tengo dos hijos... se llaman Grigori y Sasha —confiesa, y por primera vez veo lágrimas sinceras en sus ojos—. Te aseguro que mi relación con ese "criminal", como le dices, no es algo malo. Yo lo amo, Xiom. Y no puedo aceptar los sentimientos de Frederick porque sé que él no dejará a su mujer por mí. Y sí, todo lo que hice con él me duele tirarlo a la basura, pero no hay de otra.
—¿Cómo sucedió? —pregunto, aún atónito por la magnitud de la mentira en la que hemos estado viviendo.