Silent And Kill(spin Off)

Capitulo 8

Las consecuencias de una masacre no se limpian con agua; se enterraban bajo toneladas de burocracia y secretos oficiales. Semanas después de la ejecución de Clover y John, la central funcionaba en un ambiente de calma aparente, pero el aire dentro de la comandancia estaba enrarecido.
Frederick y yo nos reunimos a puerta cerrada en el nivel más profundo de la CFIEFM. Sobre la mesa de metal yacía la única copia de la documentación recuperada de Elite Blue.

—Esto no puede quedar en los servidores principales —dije, mirando a Fred a los ojos con absoluta gravedad—. Si alguien con acceso de inteligencia encuentra los códigos del acelerador de partículas o los nombres de los involucrados, estamos acabados.

Fred sacó una carpeta rígida de color verde oliva, el tono reglamentario de la documentación clasificada de alto riesgo.

—Sellamos todo aquí —respondió él, deslizando los planos, los disquetes de respaldo y el informe del incidente dentro del fólder—. El proyecto muere hoy bajo el nombre de VTKA Green. Para el gobierno y la CFIEFM, esta investigación fue destruida por la mafia rusa antes de que pudiéramos intervenir.

Tomé el sello de seguridad y estampamos el código confidencial sobre la portada. Sin mediar palabra, caminamos hacia la cámara de seguridad acorazada detrás del muro falso de la oficina del Ministro.

Allí, tras una clave biométrica que solo nosotros dos compartíamos, guardamos la carpeta verde en una caja fuerte blindada.

—Nadie abre esto —sentenció Fred—. Ni por orden presidencial.

—Ni por orden de nadie —asentí.

Con el secreto a salvo, llegó el momento de ejecutar la última fase del plan: mi retirada estratégica. Con los años encima y la culpa carcomiéndome por los acontecimientos recientes, firmar mi jubilación anticipada era el único camino para distanciarme del ojo público sin perder el control de la institución.

Sin embargo, no podía dejar el cargo a merced de un desconocido.
Necesitábamos una fachada impecable.

Días después, citamos a nuestro despacho a Lion, un militar de carrera intachable, leal a la doctrina de la CFIEFM y con una reputación intachable dentro de las fuerzas armadas.

Lion cruzó la puerta con la postura marcial reglamentaria, cuadrándose ante nosotros.

—Ministro Coronel Williams. Coronel Dawson. A la espera de sus órdenes.
Lo observé detenidamente. Tenía el carácter, la presencia y el rigor que la institución exigía, pero sobre todo, mantenía una obediencia ciega hacia la línea de mando.

—Relájate, Lion —dije, indicándole que tomara asiento—. Te hemos llamado porque mi tiempo al frente de la comandancia activa ha llegado a su fin. He presentado oficialmente mis documentos de jubilación.

Lion pestañeó, sorprendido por la noticia.

—Señor... la central necesita su liderazgo.

—Y lo seguirá teniendo —intervino Fred con voz pausada, apoyándose contra el escritorio—. Pero la cara visible a partir de hoy serás tú. Te propondré ante el consejo como el nuevo Ministro Coronel a cargo de la CFIEFM.

—Es un honor que no sé si merezco, mi Coronel...

—Lo mereces porque confiamos en ti —lo interrumpí, inclinándome hacia adelante para mirarlo fijamente—. Pero debes entender la dinámica de este movimiento, Lion. Asumirás la dirección oficial, las apariciones públicas y el mando operativo cotidiano. Sin embargo, para las decisiones de alta inteligencia, la reestructuración militar y la custodia de expedientes reservados, seguirás respondiendo directamente a mí.

Lion asimiló las palabras en silencio. Comprendió de inmediato la naturaleza del cargo: él sería el rostro del imperio militar, la fachada perfecta ante el gobierno y los medios, mientras que yo, desde las sombras y bajo el estatus de consultor retirado, mantendría el hilo del marionetista.

—Entendido, Ministro —asintió Lion con firmeza, cuadrándose de nuevo—. Mantendré la orden y la disciplina según sus directrices.

—Bienvenido a la comandancia, Coronel —dijo Fred, estrechándole la mano.

Cuando Lion salió de la oficina para iniciar los trámites de su ascenso, me quedé de pie junto al ventanal contemplando el patio central.

La estructura seguía en pie, los soldados marchaban en orden y el mundo exterior ignoraba la sangrienta verdad sobre la que se erigía nuestro poder.

Frederick se colocó a mi lado, ajustándose la gorra de plato.

—Todo está en su lugar —murmuró.

—Por ahora, Fred —respondí sin mirarlo—. Por ahora.

—Tengo un mal presentimiento con esos niños. ¿aún no aparecen?

—No. Es como si la tierra se los hubiera tragado.




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