Silicio

Capítulo 7

La última vez que Astrid vio a Lía, comprendió que se trataba de una despedida sin lágrimas. Fue una sonrisa, una que ni siquiera era para ella.

Astrid caminaba en silencio por el pasillo principal junto a Helena Strauss, quien había ido por ella interrumpiendo su última clase de introspección antes de la hora de la comida. Lía llevaba el mismo uniforme azul; además, su cabello estaba cuidadosamente recogido y caminaba con esa tranquilidad que Astrid aún no conseguía comprender.

Durante un instante creyó que aquella sonrisa era para ella, incluso su corazón dio un pequeño salto, pero entonces Helena Strauss inclinó ligeramente la cabeza para saludarla y Lia respondió de la misma forma. Fue todo, no intercambiaron más palabras.

Lía pasó junto a ella, ignorándola hasta desaparecer por otra puerta, y Astrid instintivamente trató de girar la cabeza hacia ella, apenas un segundo, pero enseguida se detuvo, tratando de encontrar una razón para hacerlo. Lía no la odiaba, pero había dejado ir su recuerdo por una vida en ese extraño mundo y, aunque Astrid quería pensar que esa idea venía de un perfecto lavado de cerebro, en realidad no podía hacerla cambiar de opinión si ella ya había aceptado la ideología del SEG.

Entender eso ya no le dolía, pero sentía un pequeño vacío en el pecho. Mientras avanzaba por aquel pasillo impecablemente limpio, un inesperado recuerdo apareció con claridad. La Universidad de Texas.

"Lo que empieza aquí cambia el mundo."

Astrid todavía recordaba aquella frase escrita en enormes amarillas sobre una carpeta serigrafiada que le habían obsequiado el día que asistió por primera vez. Llevaba una blusa color crema de mangas largas, una mochila azul y la carpeta debajo de su brazo. Caminaba distraída leyendo el mapa del campus cuando chocó contra alguien y varias hojas de papel salieron volando.

-¡Ay! Perdón, perdón...

Ambas se agacharon al mismo tiempo para recogerlos y mientras recogían las hojas que se habían escapado de la carpeta de Astrid, ocurrió algo ridículo. La pulsera metálica que Astrid llevaba desde pequeña se atoró en el tejido de la manga de su blusa.

-No... no... espera...

Astrid intentó mover la mano, pero solo consiguió enredarla más ocasionando que la otra chica comenzara a reír, aunque no era una risa burlona, sino una risa imposible de contagiar de otra forma que no fuera sonriendo también.

-Creo que tu pulsera decidió adoptarme o declararle la guerra a mi ropa-bromeo la chica y Astrid soltó una pequeña carcajada.

Astrid, menos avergonzada y más tranquila de que aquella chica no estuviera enfadada por haberse quedado atrapada junto a ella, logro liberar la tela de su blusa y antes de que pudieran levantarse del suelo la otra joven extendió la mano.

-Lía Anderson-le dijo con una agradable sonrisa. Astrid miró su mano y luego de un segundo se la estrecho

-Astrid Vega

-¿Primer día?- pregunto Lia esbozando una agradable sonrisa mientras Astrid asentía.

-¿Y tú?

-También- ambas rieron y caminaron juntas el resto por el pasillo hasta uno de los jardines mientras hablaban sobre lo difícil que sería acostumbrarse al ruido de los dormitorios. Ambas se estaban entendiendo maravillosamente hasta que Lía preguntó con una sonrisa curiosa:

-¿Qué carrera elegiste?-Cuestiono Lia genuinamente interesada, casi rogando que ambas estudiaran lo mismo.

Astrid dudó apenas un instante, inclino ligeramente la mirada y sonrió apenas.

-Trabajo Social.

Lía sonrió, pero en su sonrisa había un poco de decepción.

-Yo entraré a Arte- expreso Lia muy orgullosa y los ojos de Astrid se iluminaron.

-Siempre quise estudiar Arte- admitió, pero esa respuesta ocasiono que Lia frunciera el ceño

-¿Entonces por qué no lo hiciste?

Astrid bajó la vista, la respuesta no era precisamente fácil de explicar

-Porque... no era una decisión que pudiera tomar yo.

Lía guardó silencio mientras comprendía sus palabras. No hizo preguntas incómodas, suponiendo que esa decisión la había tomado alguien más por ella, quizás su familia. Y aunque recién acababa de conocer a Astrid, respondió algo que ella nunca olvidaría.

-Entonces algún día tendrás que empezar a tomar decisiones por ti misma.

El recuerdo desapareció tan rápido como había llegado. Astrid volvió al presente justo cuando Helena la conducía hacia el pasillo que llevaba hacia la enfermería. La puerta de la enfermería se deslizó silenciosamente hacia un lado cuando ambas llegaron y lo primero que percibió fue el olor; no era el penetrante aroma a desinfectante que recordaba de los hospitales del viejo mundo, de hecho olía a lavanda y a algo más... Era como el olor a suavizantes de telas, muy reconfortante.

El lugar era amplio y luminoso. En las paredes blancas estaban colgados algunos cuadros botánicos y estanterías donde crecían pequeñas plantas naturales; aquello desconcertó a Astrid. No parecía precisamente una enfermería; parecía más bien el consultorio de alguien que intentaba hacer sentir tranquilas a las personas.

-Doctora Alvarez -pronunció Helena, avanzando unos pasos hasta encontrarla sentada detrás de un escritorio de madera clara.

Tendría poco más de treinta años. Llevaba una bata perfectamente limpia sobre un vestido rosa de corte sencillo que llegaba por debajo de las rodillas; su cabello castaño estaba recogido con un poco de descuido en una coleta baja y no llevaba maquillaje llamativo; parecía que su belleza natural bastaba para saber que era hermosa, pero no fue eso lo que llamó la atención de Astrid, fue otra cosa.

La bata que tenía puesta permanecía ligeramente abierta sobre el abdomen y bajo la tela del vestido se podía distinguir con claridad el vientre redondeado de un embarazo ya bastante avanzado.

Astrid tardó unos segundos en apartar la mirada mientras trataba de comprender qué estaba viendo. Los manuales del SEG eran claros respecto a la reproducción humana: no estaba prohibida, pero sí estrictamente regulada. Existía un programa de natalidad que se encargaba de aprobar y supervisar el desarrollo del embarazo, pero para aprobarlo se requería estabilidad física, mental y económica, evaluaciones psicométricas y varias condiciones específicas antes de autorizar traer una nueva vida al mundo y, de alguna forma, aquella mujer... lo había logrado.




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