Silicio

Capítulo 8

La puerta terminó de abrirse lentamente y la cálida luz del interior le permitió observar apenas el contorno de los hombros del hombre en el interior mientras la lluvia seguía cayendo silenciosamente detrás de ella.

Él la miro y Astrid se quedo inmóvil mientras el tiempo parecía detenerse. Aquellos ojos que la miraban no eran comunes, eran de un tono dorado tan profundo que, durante un segundo, ella creyó que la luz de la casa se reflejaba sobre ellos, pero no. El brillo de sus ojos era natural.

Sintió un pequeño escalofrío recorrerle la espalda. Había visto esa mirada antes, no recordó el momento exacto, tenía solo una imagen difusa, luego recordó al hombre que se había parado frente a ella en el aula de lectura. Eran los mismos ojos.

Su respiración se cortó apenas un instante e instintivamente dio medio paso hacia atrás, pero no llegó a completarlo porque enseguida sintió la mano de Helena apoyarse con delicadeza entre sus omóplatos. No era un empujón sino una sutil presión para invitarla a continuar.

Astrid obedeció sin darse cuenta y cruzó el umbral cuando aquella figura delante de ellas se aparto para permitirles el paso.

Una vez en el interior la puerta comenzó a cerrarse lentamente detrás de ella hasta que el sonido de la lluvia desapareció casi por completo y lo único que pudo percibirse fue silencio, uno que era muy distinto al del centro de reeducación.

Astrid levantó la vista con cautela, esperaba encontrar indicios de un laboratorio, con pantallas o quizás equipos médicos o tal vez personal caminando de un lado a otro. En cambio lo primero que vio fue una escalera de madera oscura que conducía al segundo piso, a un lado descansaban un par de sillones de líneas sencillas.

Una pintura ocupaba parte de una pared y sobre una mesa baja descansaban varios fósiles en espiral cuidadosamente acomodados. Astrid frunció ligeramente el ceño porque no entendía como aquello no parecía ser otra prisión, o un laboratorio, sino solo...una casa, quizas era solo una fachada.

Su mirada continuó recorriendo el vestíbulo. Había mas cuadros, pero ninguno mostraba personas solo paisajes nocturnos de constelaciones. Uno incluso, representaba una lluvia de estrellas sobre un lago completamente inmóvil.

—Líder EON. La participante 704 ha sido trasladada conforme a las instrucciones.

El hombre apartó la mirada del cuadro que Astrid acababa de observar y asintió una sola vez.

—Gracias, supervisora.—Su voz era mucho más tranquila de lo que Astrid esperaba. No tenía la dureza de un militar ni el tono solemne de un político, era una voz grave y serena, pero tan controlada que resultaba imposible adivinar qué estaba pensando.

—Las pulseras de seguridad han sido deshabilitadas temporalmente para que pueda establecer el nuevo perímetro correspondiente a esta ubicación.

Él volvió a asentir y extendió apenas una mano hacia la consola integrada discretamente en la pared, una tenue luz recorrió las pulseras de Astrid y ella bajó la vista de inmediato mientras el sonido metálico que anunciaba su activación volvió a llenar el vestíbulo. Su cuerpo reaccionó antes que su mente por lo que dio un pequeño respingo casi imperceptible, pero suficiente para que sus propios hombros se tensaran.

«Maldición» pensó. Esperaba que nadie lo hubiera notado, asi que enseguida guardó ambas manos bajo la capa intentando recuperar la compostura.

Helena aguardó unos segundos, como si esperara alguna instrucción adicional, pero no llegó ninguna. El hombre simplemente permanecía allí con la misma serenidad con la que había recibido el informe. Asi que finalmente, Helena inclinó apenas la cabeza para desperdirse.

—Con su permiso.

Él respondió con un leve asentimiento y la puerta volvió a abrirse; el aire húmedo del bosque entró unos segundos en el vestíbulo y después Helena desapareció entre la lluvia mientras la puerta se cerraba lentamente. Astrid sintió un pequeño vacío en el estómago porque se dio cuenta de que acababa de quedarse completamente sola con él.

Sus dedos buscaron instintivamente el borde de la capa, necesitaba hacer algo con las manos, cualquier cosa. El hombre dio un paso, no hacia ella sino hacia un costado para tomar tranquilamente un paraguas que estaba apoyado junto a la entrada como si alguien acabara de entrar no hace mucho, quizás él.

Lo cerró con cuidado para que el agua no cayera sobre el suelo de madera y después lo colocó en un soporte de hierro junto a otros dos. Astrid lo observó en silencio porque no entendía. ¿Por qué hacía eso él? ¿Dónde estaba el personal de servicio? ¿Por qué el líder del SEG acomodaba un paraguas?

Su mente encontró inmediatamente una respuesta, quizás era una estrategia para parecer cercano, justo como solían hacer en el centro de reeducacion, después de todo, ese lugar y en realidad el nuevo sistema, estaba regido por él.

Eon abrió discretamente un pequeño cajón integrado en un mueble junto a la entrada y sacó una toalla perfectamente doblada, después se acercó únicamente lo necesario para extenderla hacia ella.

—La lluvia suele bajar la temperatura corporal.—Su voz seguía siendo tranquila.—Puedes secarte el cabello antes de subir.

Astrid bajó la vista hacia la toalla, pero no la tocó, su mente volvió a levantar la misma muralla.

«Quiere que baje la guardia» pensó mientras su mente le insistía en que llevaba la capucha, no necesitaba una toalla para secarse las puntas del cabello. Eon no insistió, ni trato de convencerla, simplemente devolvió la toalla a su lugar y después hizo un leve gesto con la cabeza.

—Ven.—Se volvió y comenzó a caminar. Astrid tardó un instante en reaccionar, pero finalmente lo siguió. El silencio sepulcral volvió y los pasos sobre la madera eran el único sonido que interrumpía ademas de las ligeras gotas de lluvia que seguían golpeando suavemente sobre los enormes ventanales.

Mientras avanzaban, Astrid miro de reojo a su alrededor. Los muebles eran elegantes, pero sencillos, de líneas limpias, nada parecía sobrar, era un lugar de estilo minimalista, funcional. Aunque había cosas que la sorprendían así como la desconcertaban, como una repisa en donde descansaban varios ammonites fosilisados cuidadosamente alineados.




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