Capítulo 51
Anteriormente en Silver: Los constructores del túnel dirigido por Silver reciben noticias del otro lado: el príncipe Alorian pide que se termine ya.
Leer en escritura humana era más difícil de lo que recordaba. Sobre todo, cuando son leyes o tratados sobre el reino de Ofandi y resulta muy farragoso como mezclan tantas palabras para no decir nada. Se nota que Zelendi está más acostumbrado porque cuando concluyo mis primeras quince páginas él ya llevaba leídas el triple. Me duelen las piernas de estar en la misma postura así que intento cruzarlas de otra forma acompañado el movimiento con algún que otro gruñido de protesta.
Veo que Zelendi empieza a sonreír mientras lee. Debe ser muy bueno lo que ha encontrado.
-Muchacho, sal un momento a pasear si te duelen tanto las piernas. Nos queda tiempo para leer todo y repasarlo. No quiero que tu tía me eche la bronca por no haber cuidado lo suficiente de tí.
No necesito más palabras para salir de la cabaña del mago y estirar las piernas. En mal momento me ofrecí voluntario para ayudar. En el pueblo no hay nadie. Están todos dentro del túnel echando una mano para terminarlo ya que cuando más profundo se hace más manos son necesarias para retirar todos los escombros generados y sacarlos al exterior.
Cuando mis piernas me indican que vuelven a estar en perfecto estado, regreso junto a Zelendi. El bloque de documentos sigue siendo bastante grande así que me doy ánimos diciendo que dentro de poco conseguiremos que una reina caprichosa sea puesta en evidencia gracias a nuestro esfuerzo. El príncipe Alorian me cae bien desde que lo conocí.
Anteriormente en Silver 102. Regimiento Pok: El príncipe Alorian empieza a organizar su reino desde el condado recién pacificado. Quiere reunir a los altos señores y tender una trampa a su madrastra.
Pasaron los días de forma tranquila mientras mi pequeño escuadrón perseguía y limpiaba el condado de todos los maleantes a los que dejaba estar el antiguo dueño. Aunque les superan en número, no se les ocurrió luchar juntos, no estaban acostumbrados. Cada pequeño reducto de resistencia es atacado sin piedad y sin prisioneros. Tanto mis soldados humanos como los orkos se están saciando de sangre después del trato a los orkos en el campamento.
A la vez, poco a poco, está llegando toda mi Guardia Personal, el antiguo Regimiento Pok. Por los mismos senderos que usamos no hace tanto tiempo están ocultándose de todas las patrullas de la reina regente como se hace llamar ahora. Tras una semana una jefa de mis espías se presenta ante mí:
-Hemos descubierto un movimiento en contra de la regente de la población más humilde. Su plan es entregarte el trono a ti o a tu hermana; en caso de muerte de los dos, quieren que sea para al Duque Augustine. Cualquiera, menos tu madrastra. Por ahora solo se reúnen sin concretar nada.
-¿Podéis hacerles saber que estoy vivo y que ayudaré a los que me ayuden?
-Eso hemos dicho a todos. Que se preparen cuando nosotras les digamos para dar el golpe de gracia.
-Cuando tengamos la reunión salga o no mi madrastra a la trampa quiero que estalle la rebelión contra ella.
-Eso mismo habíamos pensado que quería señor - se dio la vuelta para seguir su trabajo saliendo de mi tienda pero antes de que lo haga le digo.
-Antes de irte. Muchas gracias por vuestro trabajo.
Se da la vuelta con una ceja encarnada. No está acostumbrada a los halagos.
-Gracias señor, es un placer.
Al salir, mi capitán me mira con una sonrisa en los ojos.
-Es la primera vez que la veo sorprendida con alguien. Felicidades alteza.
Si te gustan este tipo de relatos podéis leer más en:
tierradeficcion.com
Y podéis apoyar estas publicaciones en el Patreon:
https://patreon.com/tierradeficcion?utm_medium=unknown&utm_source=join_link&utm_campaign=creatorshare_creator&utm_content=copyLink