Simplemente Laura

12

Recibí una notificación en mi celular. Era la de un mensaje de WhatsApp. El mecanismo de vibración que funciona en estos aparatos me lo avisó, aunque por poco me asesinara de un susto.

Abrí los ojos de golpe y pude ver que empezaba a anochecer. Por la ventana ya empezaban a colarse las primeras luces de los postes de alumbrado público y el cielo se mostraba en su infinidad como un gran manto de color rojizo. Entonces caí en cuenta: ¡maldita sea, me había quedado dormido!

Encendí enseguida el móvil y me informé de la hora: eran las seis y quince de la tarde. Habían transcurrido ya dos horas desde que llegué al departamento.

Me levanto de un brinco, asustado, y voy rápidamente a la sala. Espero no tener que llevarme la mala noticia de que Lucy no está en casa. Si bien ella no sale a ninguna parte sin mi consentimiento, o si no me lo comunica con anterioridad; a veces tiene la posibilidad de invitar a sus amigas para socializar. Y cuando se reúnen entre ellas es imposible que pueda molestarla: tanto a Lucy, como a mí, no nos gusta que nos interrumpan nuestros espacios personales.

Pero Lucy no está en la sala, el televisor está apagado. Me dirijo seguidamente a su habitación, preocupado, y al escuchar el sonido de la música que más le agrada me relajo. Entonces toco la puerta.

— Lucy... ¿estás allí?

No recibo respuesta.

Toco una segunda vez, pero tampoco pasa nada.

Tercera.

Entonces me desespero.

A costa de que me lleve una regañada, me atrevo a abrir la puerta.

— Lucy, ¿estás ocupada?

Ella está acostada sobre la cama, leyendo un libro de moda. Al escuchar el rechinar de la puerta se asusta. Se vuelve hacia mí con expresión inquieta.

— ¿Por lo menos pudiste tocar? –pregunta–.

— Lo hice –respondí con ironía–. Y varias veces. Pero como no diste señales de vida...

— Te quedaste dormido, ¿sabes?

— Sí, lo siento –señalé avergonzado–. No lo pude evitar. Es que estaba muy agotado.

— Así lo noté. A mi defensa podré decir que quise despertarte, pero me arrepentí. Dormías como un angelito...

— ¿Angelito? Vaya desilusión que te habrás llevado. Sin embargo, no te culpo. La verdad es que me parece que fue la mejor decisión que tomaste. Ahora me siento como si hubiese vuelto a nacer...

— ¡Hasta me puse la ropa adecuada para cuando hago ejercicio!

— Ok, tranquila, tampoco es para que te exaltes. Y si no es mucho pedir, quisiera que comencemos.

— No te preocupes, ya lo tengo todo preparado: la música, los pasos y los tiempos...

— Tú tan precavida como siempre.

— Por supuesto...

Dos minutos después estábamos en la sala. La música empezó a sonar y Lucy comenzó con los movimientos básicos.

— ¡Eres un tronco tío! –dijo en voz alta y con acento español, mientras trataba de acomodar mis brazos sobre sus hombros–. Tienes que aflojar tus músculos hombre. ¡Relájate!

Luego se separó unos pasos de mí y empezamos a estirar.

— El secreto para obtener un buen desempeño en el arte de bailar, sea o no con una mujer, está en reducir el estrés. Cuando acumulas demasiado estrés, tu mente pierde concentración. Se te hace más difícil recordar los movimientos y pasos, mantener la coordinación y el balance, y expresar tu creatividad. Debes empezar escuchando la música atentamente para luego dejarte llevar por el ritmo.

Decirlo y escucharlo era tan sencillo y alucinante, que lo hacía ver como toda una experiencia gloriosa (aunque en la práctica pareciera más una misión imposible). Lamentablemente yo no había nacido con esa habilidad innata para desenvolverme en la pista de baile como ella quería, y aquí la verdadera importancia de que realizara un buen trabajo conmigo sino deseaba sentirse aún más decepcionada de lo que ya estaba.

— A ver –dijo masajeando mi espalda con fuerza–. ¡Pero hombre, tú sí que necesitas un buen masaje!

— No es momento para hacer bromas Lucy. Intento hacer lo mejor que puedo...

— Pues así no vamos a llegar a ninguna parte –reclamó algo indignada–. No comprendes que el futuro de tu reputación está en juego. ¿Acaso quieres volver a convertirte en el hazme reír de toda la universidad una vez más?




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