Simplemente Laura

23

— Yo solo quería decirte... necesitaba decirte que... esta noche... pues... ¡Rayos, tengo problemas! Esto es más difícil de lo que aparentan las películas...

Resignado a no encontrar las palabras adecuadas para poder declarármele a Laura, ni siquiera en la soledad de mi habitación, agaché la cabeza lentamente y miré mi pálido reflejo en el espejo, donde estaba ensayando para mañana: era la perfecta representación de un hombre fracasado.

Si bien Juan y Lucy ya me habían aconsejado, y hasta yo mismo me había convencido de que lo mejor era dar pelea hasta el final, debía reconocer que el punto vulnerable de mi personalidad estaba por el lado de lo afectivo y lo sentimental. Por ejemplo, una mañana cualquiera puedo levantarme tan motivado y poderoso como para pretender conquistar el mundo y cumplir mis sueños más profundos. Dos horas después, ya no tengo ánimos ni siquiera para mover un dedo. Era de aquellos defectos que muchos consideran despreciables, de los que impiden descifrar la verdadera clave del éxito y la felicidad.

Entonces escucho que tocan a la puerta. Al suponer que era mi hermana, otra vez con ganas de dar rienda suelta a su interminable curiosidad, me inquieto. Hoy no había llegado con fundas de compras o un peluche enorme envuelto en papel regalo, por lo que me sorprende que desee hablar conmigo sin razón aparente.

— Adelante, está abierto –digo con voz enérgica–.

— ¿A que no adivinas? –dice mostrándome la pantalla de su celular–.

"Tu hermano necesita un pequeño discurso romántico para no estropearla mañana con Laura. Podrías ayudarlo a ensayar".

Era un mensaje de WhatsApp por parte de Juan. Lucy y Juan eran muy buenos amigos, simpatizaban mucho, así que casi siempre se escribían por chat. Incluso tenía el presentimiento de que a Lucy le gustaba él, pues ella siempre salía con sus indirectas o le daba señales de su preferencia que hasta un ciego podía ver (aunque a Juan aún le seguía pesando lo de su última experiencia amorosa e intentaba tomarse las cosas con calma). En una oportunidad hasta lo encaré cuando manteníamos una conversación en un bar y le pedí que se sincerara con respecto a su relación con mi hermana: si bien reconoció que era un gran partido y que le gustaría convertirse en su enamorado, también supo señalar que no se sentía preparado para recomenzar. Prefería quedarse un tiempo solo, para meditar y madurar, antes que fregarle nuevamente la vida a una persona que le demostrara sus más nobles sentimientos.

Yo por mi parte, aunque en secreto, siempre les di luz verde para que tuvieran una relación. Me complacía la sola idea de verlos juntos, sobre todo conociéndolos a ambos: prácticamente podían complementarse en todo. Sonreía cada vez que los imaginaba juntos, aunque tampoco se los iba a poner tan fácil.

— Vaya confianza que tienen ambos –agregué con una sonrisa pícara–.

— No comiences Alex.

— Si no tienen nada que ver, entonces por qué te molestas...

El silencio otorga.

— ¿Te gusta Juan?

Fue la primera vez que se lo pregunté directamente. Otras veces me andaba por las ramas o trataba de ser más discreto, pero ahora necesitaba saber la verdad.

Y nuevamente, como era de esperarse, se quedó en completo silencio. La respuesta era contundente: algo sucedía entre aquellos corazoncitos solitarios.

— Lo siento –dije arrepentido–. Creo que fui imprudente. Es que me encuentro muy nervioso por lo del baile de mañana.

— Laura es muy importante para ti, ¿verdad? –añadió por fin–.

Ahora yo debía ser sincero con ella, tenía que dar el ejemplo como hermano mayor.

— Lo es. Pero se me hace muy difícil poder expresárselo...

— A las mujeres nos gustan los tipos con personalidad, es cierto. Pero también deben demostrar que son sensibles, vulnerables y comprensivos, características que pueden llegar a derretirnos. Al final eso es lo que nos hace seres humanos no. Sentir miedo, vergüenza, amor. No pretendas que eso te hará menos hombre. Las mujeres fuimos creadas para cuidar de ustedes, protegerlos y ser su soporte en los momentos difíciles, aunque la sociedad intente hacernos creer lo contrario.

Otra cátedra de amor para mi colección, aunque esta vez, increíblemente, haya sido impartida por mi hermana menor. No imaginaba de donde habría obtenido tanta madurez emocional en tan corta edad, pero era reconfortante escucharla.

— Mírame a los ojos –exclamó enérgica–. Piensa que soy Laura.

— Esto no va a funcionar así –respondí–. Si tuviera a Laura ahora mismo al frente ya me hubiera puesto a temblar como gelatina. Y contigo aquí es... diferente.

— Ok. Veamos otra forma. Digamos que ella está aquí presente físicamente, ¿vale? Pero está a punto de aceptar la propuesta de otro tipo que te lleva la delantera. Ha decidido retrasar su decisión por cinco minutos con la esperanza de que tomes la iniciativa. Es tu última oportunidad de salir vencedor. ¿Qué camino tomarías?

— No es tan sencillo para mí –dije molesto conmigo mismo y con mi prepotencia–.

— ¡Vamos, déjalo salir! Desahógate. Permite que tu corazón se exprese por ti –señaló casi gritando–. Entonces él pondrá las palabras adecuadas en tu boca.




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