Sin Almas 2 © Los Gaía

2. ADAM Y WILLIAM

William y Adam

En la oscuridad total del bosque, William se sentó sobre el dorso del banco, su triste mirada observaba a Adam aproximarse.

—¿Qué te pasa? —inquirió Adam.

—¿Sabes algo sobre la percepción extrasensorial?

—He oído algo… entre humanos William.

Frustrado y nervioso, William sopló pasando su mano por su pelo. Adam estaba al frente de él con un pie puesto sobre el banco, perplejo.

—Entre humanos —repitió William pensativo—. Yo no soy humano, Adam.

—No —contestó Adam tranquilamente—. Pero Nina sí lo es.

—Crees… ¡no! ¿Tendríamos esa conexión?

—Sí, pienso que sí… de algún modo. Pero no creo que seas tú el vínculo sino ella, Nina se está comunicando contigo.

—¡Imposible!

—Es muy raro, pero oí historias sobre ese tipo de conexión. Seguramente no es consciente. ¿Y puedo saber qué viste?

—¡Claro Adam! La imagen vibraba como si fuese su corazón que emitiera la visión de su entorno, era un cuarto —William dudo antes de explicarle la naturaleza del latido, pero Adam tenía que saberlo todo, toda la verdad—. El latido era de alguien aterrado.

Al instante, la mandíbula de Adam se crispó, no le gustaba lo que escuchaba, pero la verdad era que a William tampoco.

Adam se alejó un poco y volvió para patear el banco pulverizándolo. William no sabía qué decir para reconfortar a su amigo, nunca Adam mostraba signos externos de violencia. En tiempos normales Adam era el pacifista y él, el violento.

—¡Los mataré! —espetó Adam. —. Si le hacen algún daño a mi mujer, todos morirán y no de la manera más rápida y placentera.

—¿Qué quieres que haga?

—Nada —contestó Adam antipático— ya hiciste suficiente.

—Mejor me voy —replicó William— háblame cuando entres en razón Adam.

William se fue totalmente abatido. Por primera vez no contaba con el apoyo incondicional de su mejor amigo, la fraternidad que los unía le hacía una falta terrible. De repente y por primera vez desde que era inmortal, se sintió solo.

Por su lado, Adam quiso llamar a su amigo de vuelta. Pero la verdad era que en ese momento lo odiaba. William estaba más conectado con Nina de lo que él jamás sería, y para el colmo se había vuelto medio síquico.
Por el momento Adam estaba tan enojado que alejarse un poco de William era lo único sensato. Debía pensar claramente, enfocarse en su misión y no en sus sentimientos. Pero cada vez que cerraba sus ojos recordaba la voz de Nina pronunciar su nombre, sus delicadas y suaves manos al tocar su piel, su cálida respiración en su cuello, sus deliciosos labios y el sabor inolvidable de su piel. La necesitaba. Necesitaba a Nina con él. Sin ella, se sentía perdido. Tenía que recuperarla, y para ello lamentarse sobre sus sentimientos caóticos no iba a traerla de vuelta.
Actuar, debía comenzar a investigar, ¿pero por dónde? Tiempo, necesitaba más tiempo, pero tiempo era lo único que Nina no disponía. Ya pasaron más de dos semanas desde que una fuerza desconocida la había secuestrado, y no necesitaba saber acerca de las visiones de William para comprender que la vida de Nina pendía de un hilo. Adam, lo presentía, en cada respiración, cuando su corazón parecía encogerse impidiendo el paso del oxígeno.
Con las lágrimas en los ojos, expiró frustrado.  Nunca debió ir a la convocación de los Inmortales, debió haberse quedado con ella. No lograba dejar de pensar que la había defraudado. Caminando de vuelta recordó su comportamiento con William, y se avergonzó, él no era así. Necesitaban permanecer unidos, todos, si querían afrontar lo que estaba por venir. “¡Malditos!” pensó para sus adentros, y con una fría y calculada ira se juró que ellos iban a pagar por haberse metido con él, y con Nina.




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