Sin Almas 2 © Los Gaía

LA BATALLA

Rodeados por los militares de la Orden armados hasta los dientes, Adam contó la reserva de sus balas hechas de diamantes del padre de William, cuando su visión se borró: Nina; la tenía justo al frente suyo. Desnuda, envuelta con las sábanas de satín, ella miraba por la ventana de la casa el manto blanco dejado por la nieve. Caminó hacia ella, y presionó su cuerpo contra el suyo, e inspiró el aroma de su agraciado cuello, y de su ondulado cabello rojizo. La suavidad de su piel lo cautivó al instante recordándole cada momento juntos. Despacio inspiró su cautivador aroma, su fragancia a vainilla le entumeció todos sus sentidos para concentrarse solo en ella. Con una sonrisa se acordó el día que conoció a Nina, allá en el corredor del campus. Ese día supo que alguien especial surgía en su vida, pero cuando ella los encontró en el bosque viéndolos jugar su corazón había latido tan fuerte que pensó fallar su tiro. Y la bufanda, esa famosa bufanda dejada en la orilla del bosque, por irse deprisa para no ser vista espiándolos; todos esos momentos no se comparaban con la emoción de tenerla ahora, en sus brazos tan cálida, tan grácil, y femenina. Los gritos de alegría y las risas de unos niños afuera tirándose bolas de nieve desconcentró a Adam, de repente se imaginó a sus propios hijos alrededor: una niña con el mismo cabello que su madre, con su hermano mayor peleándose. Sumergido por una inexplicable pasión, Adam abrazó a Nina con fuerza y sin decirle nada se la llevó alzada a la cama. Quería poseerla, atormentarla, y que esa mañana sea el fruto de un pequeño ser, lleno de amor. Su mirada chocolate lo miró mi- seria, mi-juguetona, despertando su lado controlador, tomó sus manos sobre su cabeza la besó hasta sacarle un gemido. Luego, se desplazó hasta sus pechos, saboreándolos con calma y ternura con una pizca de picardía.  El cuerpo de Nina se dobló en un baile sensual y artístico llamándolo silenciosamente; sin perder tiempo, Adam se le unió con fuerza y pasión aumentando la tensión entre los dos a niveles insospechados. Empujaron sus límites juntos, en un baile frenético, brusco, tenso, rápido, poderoso y armonioso.

—¡Adam! —gritó William impaciente— apúrate, no estamos de paseo. Están por llegar así que prepárate, ¡y concéntrate demonios!
Adam sacudió su cabeza para despejar su mente. William tenía razón, soñar con Nina en ese momento traería la muerte. Necesitaba concentrarse y enfocarse ahora mismo. A regañadientes, y con dificultad, se desconectó de su ensueño, recargó su arma con los diamantes esparcidos por el suelo momentos antes.

—Listo, vámonos —anunció Adam firme, mirando a William.

—Sabes que la situación se nos está saliendo de las manos, y está totalmente fuera de nuestro control, Adam. Si salimos de ésta, tendremos que ser más cuidadosos.
Sin contestarle, Adam asintió con la cabeza, y se ocultó cerca de la puerta en la entrada de la casa; luego se arrodilló con William detrás del sofá.

—Tengo que salir, Will, y lo sabes. Conversar con Richard es lo más prudente para todos.

—Adam, ya no se trata de ti. Eres el Gran Maestre de nuestra orden, el líder elegido por el Oráculo después de tantos siglos. Al desafiar abiertamente al orden establecido por Richard diste esperanzas a todos los que estaban en contra de lo establecido. Richard lo sabe y a la menor ocasión te capturará —paró antes de susurrar—, y si se entera de Nina la usará en tu contra, su sangre en tu contra, ¿entiendes? No te dejaremos salir Adam, es más yo no te dejaré salir, nadie lo hará, ni siquiera Ethan y Robert.

—Es ridículo —contestó Adam enfadado—, nunca he estado fuera de las líneas del fuego, y no pienso comenzar ahora.

—Eres un…

El inmenso y ensordecer estruendo sacudió toda la casa hasta reventar en pedazos, los muebles de madera, los cristales de las ventanas, el cemento de las paredes por toda la sala mientras las telas ardían en fuego incandescente tragándose la casa entera. William no dudo un solo instante, se tiró sobre Adam cubriéndolo; Ethan y Robert los rodearon armados listos para aniquilar cualquier contrincante.
Afuera, los gritos no presagiaban absolutamente nada bueno: uno de los guardias con el escudo blanco y el corazón con la cruz corrió hacia ellos alarmado.

—¡¡Corran!! —gritó el soldado por cruzar lo que quedaba de la entrada, hasta que un hombre se le viniera encima torciéndole el cuello, dislocándole la mandíbula para aspirar la luz de su alma, dejándolo inerte en el piso.

El Sin-Alma agachado, escaneó los alrededores;  alerta, olfateó sus alrededores en busca de una pista, un rastro de su objetivo, pero el humo le impidió cualquier avance y su visión se oscureció detrás de la neblina de humo.

William iba a dispararle pero Ethan le agarró la mano negándoselo con la cabeza, ordenándole con la otra mano de esperar. William obedeció, en caso de desastres Ethan y Robert eran los expertos. Hasta que una luz brillante cayó del techo alumbrándolos mientras una fuerte ráfaga hizó girar los desechos de la casa soplando sobre el fuego inclinándolo. Por el gigante hueco en el techo, una escalera cayó encima de Robert, de inmediato él la tomó y le indicó con el pulgar  a Adam de subir, seguido por William, Ethan y por último Robert. La escalera se elevó en el cielo oscuro hasta pasar por encima de casa. Afuera era un campo de batalla, el Círculo de la Amistad batallaba sin parar matando a cada Sin-Alma en pie.




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