Sin-Almas 3 © Almas Eternas

CAPITULO 3

Sin tregua alguna, no paro de recordar a Nina con Lucio en el estacionamiento. Cada palabra, cada gesto aumentan mi pesar y mi enojo. Conocía el vínculo de Nina con Lucio, pero nunca pensé que fuera tan fuerte. No, no es cierto. No lo sabía, y nunca me lo imaginé porque Nina… Nina, nunca me lo contó. De hecho, ahora que lo pienso, Nina nunca me contó nada: ni sobre su pasado, tampoco sobre su presente, y mucho menos sobre sus futuras esperanzas.
Frustrado, aumento la velocidad como si pudiese dejar atrás lo que mis ojos presenciaron hace unos momentos. Ver a Nina con ese infeliz, ese malnacido, me vuelve loco. No puedo dejar a Nina caer en esa trampa otra vez. Podría ir tras él, solo tengo que girar el volante, seguirlo y matarlo. Tan sencillo como eso. No me tomaría más de cinco minutos y todos nuestros problemas estarían resueltos: él no arrastraría a Nina hacia su destino, y yo la tendría nada más para mí.
Sostengo el volante como si mi destino dependiera de ello. Y mis manos toman el control de mi cerebro. Ir tras él ahora, y matarlo como un ser humano, sería convertirme en un criminal… mejor espero a que él se convierta en un Sin-Alma y luego lo aniquilo, lo destripo, y lo mando para el otro mundo: libre de culpas. Y por mientras, podría llevarme a Nina y encerrarla en mi casa… de por vida. Y que Dios me ayude a tener la paciencia para razonarla porque ella es tan culpable como él. Enojado, pego el tablero de mi auto, ¡malditos! Ambos están envueltos en una relación tóxica, es tan obvio, tan jodido que no logro pensar con claridad. Conozco a Nina, la conozco más que a mí mismo; y por ese motivo sé que su encuentro con el mocoso era una pelea de pareja.
Cuando mi vista cae sobre la reja pulida y verdosa con sus puntas doradas, realizo que recorrí todo el camino en busca de una solución viable, sin éxito.
Impaciente, miro el portón abrirse con una lentitud exasperante, y apenas el espacio me permite adentrarme en mi propiedad acelero y paso la marcha, barajando mis opciones:
Lo mato y la rapto.
La rapto y lo mato.
Lo mato, y la encierro.
La seduzco ante sus ojos, y lo mato.
Estoy por llegar, solo me falta unos cuantos metros antes de apagar el motor… y no quiero llegar a casa sin solución alguna. Paro el auto, y me estaciono a la orilla del sendero.
Corto el contacto: lo mataré.
Y en cuanto a Nina… Molesto, salgo, y grito toda mi desesperación. Porque es la primera vez en mi larga e interminable existencia que no sé qué hacer. No tengo un plan: no puedo matarlo ahora, y es mentira: nunca podría maltratarla de esa forma.

El pito de otro vehículo detrás de mí, me saca de mi trance. Es William, él se estaciona justo detrás de mí, y sale a mi encuentro.
—Llame a Ethan y Robert. Van en camino, estarán aquí en unos minutos. Solo aguanta, ¿sí? —dice, con una mano sobre mi hombro derecho—. Deja el auto aquí, caminemos. Necesito saber más. ¿Cómo supiste?

—Qué pregunta más… —le digo al destruir la piedra con mi zapato de cuero, y medito mis palabras—. Ya viví todo eso, Will.

—Un momento —dice William, al agarrar mi brazo para parar de caminar—. Dices que ya sabes lo que va a pasar… ¿Cómo?

—Porque estoy aquí para remediarlo, es nuestra segunda oportunidad —resumo sombrío.

—Ya lo viviste, y estás aquí para remediarlo. O soy un idiota, o me estás diciendo que volviste del futuro —razona William a voz alta, esperando una confirmación mía… que no llega—. Entonces, el Adam de esta mañana y tú son… ¿dos personas distintas?

—Creo que soy el mismo, con más conocimiento, eso es todo —resumo con simplicidad.

—Robert no te creerá nunca…

—Por eso estás aquí, te lo acabo de probar con la bufanda.

—En cuanto a Ethan, él…

—Estará encantado, como siempre.

—Ya llegaron… vamos a charlar.

El coche de Ethan y Robert nos pasa adelante estacionándose, a como se debe, en la plaza central. William y yo seguimos nuestro camino hacia ellos sin prisa alguna.

—¿Qué se quedaron sin gasolina? —suelta Ethan riéndose.

—Calláte —sermonea Rob, al examinar con cuidado mi semblante.

—¿Qué pasa? —pregunta Ethan sorprendido.

—Hablaremos adentro —explica William en mi lugar.

Agradecido, entro y dejo el ambiente de mi casa calmar mis estados de ánimos. ¿Cuánto tiempo no la he pisado? Se siente como una eternidad; una eternidad donde esa casa, en el futuro, dejara de existir. De pronto, me siento atrapado en una realidad alternativa, donde el tiempo se detiene en un bucle sin fin. Necesito una… “bebida”

—Ten. —Ofrece William—. La necesitas.

Agarro el vaso de cristal pulido y me tomo su contenido de un tiro. —Otro —ordeno. Sin protestas William obedece. E igual que el primero, me lo tomo seco. Pero no es suficiente, así que le quito la botella de sus manos y la dirijo a mi boca para dejar el licor invadir mi boca sin parar.

—¿Qué pasó? —pregunta Robert a William, preocupado.




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