Sin celos no hay paraiso

CAPITULO 3

La iglesia seguía oliendo a vino derramado, a flores blancas aplastadas y a tensión contenida. Ziel caminaba hacia el altar con la misma actitud de alguien que va a una guerra, no a una boda. Su traje blanco brillaba bajo la luz dorada, pero sus ojos azules, fríos y afilados, eran lo que realmente llamaban la atención. No había miedo en ellos. Había rabia. Había orgullo. Había una libertad que se negaba a morir.

Vladimir lo esperaba frente al altar. Cabello blanco. Ojos amarillos, intensos, casi felinos. Un delta que parecía tallado en mármol, con una postura tan perfecta que parecía imposible que respirara.

Cuando Ziel llegó a su lado, el silencio se volvió más pesado que el aire.

El sacerdote tragó saliva. —Procederemos con los votos…

Ziel soltó una risa suave, casi burlona. Vladimir no reaccionó, pero sus ojos amarillos se movieron hacia él, como si disfrutara la rebeldía.

Los votos fueron un intercambio frío, obligatorio, casi mecánico. Pero cada palabra que Ziel pronunciaba tenía filo. No era un voto. Era un desafío.

Cuando llegó el momento de sellar el matrimonio, Ziel pensó que Vladimir se limitaría a un gesto formal, un toque rápido, un protocolo.

Pero no.

Vladimir tomó su rostro con una mano firme, segura, y lo besó. No fue un beso suave. No fue un beso largo. Fue un sello. Una marca. Una declaración silenciosa de que, aunque ninguno quería esto, el pacto estaba hecho.

Ziel abrió los ojos, sorprendido. Vladimir también. Como si ninguno hubiera esperado sentir algo en ese instante.

La gente aplaudió. Ziel quería romper algo.

La fiesta comenzó con música suave, luces doradas y mesas llenas de gente importante. Ziel estaba rodeado de sus amigos, todos igual de incrédulos que él.

—¿Viste a esa zorra? —soltó Ziel, indignado, refiriéndose a la muchacha del vestido blanco—. ¿Cómo se atreve a vestirse así? La atención era para mí, no para ella.

Sus amigos se rieron, nerviosos. Ziel hablaba con una mezcla de rabia y humor que solo ellos entendían.

—Literalmente parecía la novia —añadió uno. —Y tú el novio —bromeó otro.

Ziel levantó la copa. —Pues que sepa que aquí la estrella soy yo.

De pronto, sintió una presencia detrás. Vladimir.

Se acercó sin tocarlo, sin interrumpirlo, solo inclinándose hacia su oído.

—Eres impredecible —susurró, con esa voz baja que parecía un secreto.

Ziel sonrió sin mirarlo. —Y tú eres demasiado calmado para mi gusto.

Vladimir se alejó para hablar con sus socios, pero cada tanto su mirada amarilla volvía a Ziel, como si no pudiera evitarlo. Ziel lo ignoraba… o fingía hacerlo.

La fiesta terminó tarde. Ambos regresaron a la mansión Volkov en silencio. No era un silencio incómodo. Era un silencio lleno de cosas que ninguno quería admitir.

Al llegar, Ziel fue directo al baño. Vladimir también. No hablaron. Solo se bañaron, cada uno en su espacio, como dos desconocidos que compartían un destino.

El agua caliente cayó sobre la piel de Ziel, relajando la tensión del día. Pero su mente seguía ardiendo.

Me casé. Me casaron. Me obligaron. Y él… él me besó como si fuera un pacto de sangre.

Cuando Ziel salió, con el cabello blanco húmedo y una camiseta ligera, tomó su celular y llamó a su amiga.

—Amiga… —susurró, mirando hacia la puerta para asegurarse de que Vladimir no escuchara—. No sabes lo que vi hoy.

—¿Qué? —preguntó ella.

Ziel se tapó la boca para no reír.

—El torso de mi esposo. Es… espectacular.

Su amiga chilló del otro lado. Ziel se dejó caer en la cama, riéndose.

—No sé si quiero matarlo o admirarlo —añadió.

En ese momento, Vladimir salió del baño, secándose el cabello. Sus ojos amarillos se posaron en Ziel, luego en la cama.

—Tenemos que dormir aquí —dijo, sin emoción.

Ziel levantó una ceja. —¿Obligados?

—Obligados —confirmó Vladimir.

Ziel se acomodó en su lado de la cama, dándole la espalda. Vladimir se acostó en el suyo, sin tocarlo.

La habitación quedó en silencio. Pero no era un silencio vacío.

Era el tipo de silencio que anuncia que algo está por empezar. Algo inevitable. Algo que ninguno pidió… pero que ya los estaba envolviendo.




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