Sin Escape #1

Capitulo Dos: Sin Escape parte II

VENUS HARRISON.

Me despierto exaltada.

Me levanto mirando para todos lados.

Una habitación vacía es donde me encuentro.

Las paredes son grises y hay una puerta de acero al otro lado del cuarto.

Me levanto del suelo y me acerco a la puerta.

Trato de abrirla, pero no puedo.

—¡Abran la puerta! —Doy patadas y golpes con desesperación.

¿Qué carajo? ¿Por qué estoy encerrada?

—¡Abran! —Sigo gritando sin obtener respuesta alguna.

Dejo de golpear la puerta y vuelvo al lugar donde desperté. Me siento en el suelo.

¿Qué hago en este lugar? ¿Cómo carajo llegué hasta acá?

Trato de hacer memoria.

Una punzada me hace detenerme.

No recuerdo nada.

Solo mi nombre.

Venus Harrison.

¿Por qué no recuerdo nada? ¿Qué carajo me pasó para que perdiera la memoria?

¿Quién habrá sido el que me encerró aquí y por qué?

Tantas preguntas y ni una respuesta.

—Mierda. —Escucho la voz de un hombre al lado mío.

Veo una rendija y me acerco.

—¿Hola? —Hablo esperando que esa voz me vuelva a responder.

—Hola. —Responde del otro lado.

No estoy sola.

Si alguien acaba de hablar, tal vez esa persona pueda ayudarme a salir de acá. O tal vez sea quien me secuestró.

—¿Quién anda ahí? —Pregunto un poco desconfiada,

esperando una respuesta.

—Eso tendría que preguntar yo.

Me apoyo al lado de la rendija, contra la pared, para estar más cómoda.

—¿Vos sos el que me encerró en esta habitación? —Pregunto directa.

¿Para qué dar tantas vueltas?

—¿Vos también estás encerrada? —Pregunta extrañado.

—Sí. ¿Vos también estás encerrado? —Ahora entiendo menos que antes. ¿Por qué alguien nos encerraría a ambos?
Esto cada vez es más raro.

No escucho ninguna respuesta.

Luego de unos segundos vuelvo a escuchar su voz.

—Sí, estoy encerrado.

¿Se fue a fijar eso? ¿Por eso tardó en contestarme?
Contengo las ganas de reír.

—Recién te acabás de fijar, ¿verdad?

Silencio.

—Tal vez.

Al escuchar eso, no aguanto más y me río.

Al menos sé que, aunque esté encerrada, voy a tener a alguien que me va a hacer el tiempo acá más placentero.

—¿Vos te acordás de algo? ¿Aunque sea de cómo llegaste ahí? —Pregunta.

—No, solo mi nombre. ¿Y vos? —Contesto esperando que recuerde algo.

—Estoy igual que vos.

Mierda.

Ya no quedan esperanzas.

Un silencio inunda las habitaciones.

Miro mis piernas llenas de tierra.

Cada vez entiendo menos. ¿Por qué alguien querría mantenernos encerrados a nosotros dos?

¿Qué tenemos de especial como para que justo nos encierren a nosotros?

Soy linda, lo sé, pero eso no es motivo suficiente para encerrarme en una habitación mugrosa como esta.

¿Por qué solo me acuerdo de mi nombre? ¿Por qué solo eso? Ni siquiera recuerdo cuántos años tengo.

—Hey. —Lo llamo, saliendo de mis pensamientos.

Pongo mi mirada en la rendija.

—¿Sí?

—¿Cómo te llamás?

—Lance Morris. ¿Y vos?

¿Lance Morris? ¿Por qué me suena tan conocido?

Un fuerte dolor de cabeza me hace dejar de pensar.

—¿Me escuchaste? —Pregunta del otro lado.

—Sí, perdón. Me quedé pensando en algo. —No espero respuesta y le digo mi nombre—. Venus Harrison.

Silencio.

No dice nada. Un silencio abrumador invade mi habitación.

Espero alguna palabra de su parte, pero nada. Ni un solo sonido sale por la rendija.

—Lance. —Lo llamo, pero nadie contesta.

—Lance, ¿estás bien?

Nada. Solo silencio.

¿Qué pasó? ¿Estará bien?

Estoy por volver a llamarlo, pero un ruido me hace girar hacia la puerta.

Veo cómo un humo blanco sale por debajo de la puerta.

La habitación se empieza a llenar de humo.

Mis pulmones inhalan el humo y empiezo a toser.

Trato de levantarme mientras tapo mi nariz con la remera.
Mi vista se empieza a nublar. Me sostengo con una mano en la pared y, cuando quiero acordar, me encuentro tirada en el piso.

Trato de mantenerme despierta, pero no lo logro. Me termino durmiendo.




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