Sin Escape #1

Capitulo Cuatro: Nota.

LANCE MORRIS.

Abro los ojos encontrándome aún en esta habitación.

Me levanto del suelo aturdido.

Trato de recordar por qué me desmayé, pero lo último que me viene a la mente es hablar con Venus y nada más.

Al frente de la puerta veo una bandeja de comida.

Voy a agarrar la bandeja y me siento al lado de la rendija a comer.

Empiezo a comer el puré cuando escucho la voz de Venus del otro lado.

—¿Lance, estás bien?

Trago lo que tengo en la boca.

—Sí, estoy bien. ¿Por qué lo preguntas?

—Es que de un momento a otro dejaste de hablarme y me preocupé.

Sonrío. Qué tierna.

—No te preocupes, estoy bien.

Silencio.

—¿También te trajeron comida? —pregunto, rompiendo el silencio.

—Sí, pero antes me durmieron con un gas.

Suspiro.

Al parecer no quieren que sepamos quiénes son por nada en el mundo.

¿Pero por qué?

¿Quién está detrás de todo esto? Aunque nos mantienen encerrados, al menos me alegra que no nos maten de hambre.

—Venus.

—¿Sí, Lance?

Pienso lo que voy a decir.

—¿Crees que podamos salir de acá algún día?

Silencio.

—La verdad no lo sé, pero como dicen, la esperanza es lo último que se pierde.

—Solo espero que cuando salgamos de acá, sea estando vivos.

Suspiro.

Recuesto mi cabeza contra la pared con la mirada en el techo.
Solo quiero salir de este lugar, recuperar la memoria y no volver nunca más a este cuarto mugroso.

Ni siquiera recuerdo si tengo padre o hermanos.

Si están vivos o muertos, no sé nada.

Es tan molesto tener la mente en blanco y que, cuando tratas de recordar, solo ves tu estúpido nombre.

No sé cuánto hace que estoy acá encerrado, pero ya me está volviendo loco no poder salir.

Quiero salir de acá. No, necesito salir de acá.

El sonido de un toque en la puerta me saca de mis pensamientos.

Miro a la puerta y veo un sobre amarillo pasando por debajo.

Me levanto del suelo, dejando la bandeja a un costado.
Me acerco a la puerta y agarro el sobre.

Vuelvo a la rendija.

—Venus, me acaban de dar un sobre. ¿A vos te dieron algo?

—No, léelo.

Abro el sobre y saco la carta que tiene dentro.

—Querido Lance: sé que debes estar desconcertado al estar ahí encerrado. De seguro Venus y tú querrán escapar, pero no lo hagan. Quédense ahí y solo esperen; pronto los irán a salvar. Atentamente, su amiga invisible.

Termino de leer.

¿Qué me quede acá? ¿Por qué haría eso?

No quiero hacer eso.

No voy a hacerle caso a alguien que ni siquiera dice quién es o por qué supuestamente me está ayudando.

—Entonces tendremos que esperar —habla Venus.

—¿En serio vas a hacer caso a lo que dice esta carta?
Silencio.

—Pues... no nos queda de otra, Lance.

Recuesto mi cabeza contra la pared.

Suspiro resignado.

—Tal vez tengas razón. Ahora solo nos queda esperar.

Espero que quien sea que nos venga a rescatar lo haga rápido. No voy a soportar mucho tiempo encerrado aquí.




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