Sin Escape #1

Capitulo Siete: 4

LANCE MORRIS.

Solo queda esperar.

Como si tuviera tanta paciencia.

¿Además a quién se supone que espere? No logro recordar nada y una estúpida carta me pide que espere.

Agh.

Un ruido me hace ponerme alerta.

Miro hacia la puerta y esta se abre despacio, dejándome ver a cuatro personas con uniformes idénticos que no se dejan ver la cara.

¿Será porque si llegamos a ver sus caras podríamos recordar?

Entran a mi habitación y me hago hacia la esquina de la habitación tratando de alejarme de ellos.

—¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué nos tienen acá encerrados?
Ninguno contesta, solo se siguen acercando a mí.

—¡¿Qué quieren con todo esto?! —grito desesperado.

Uno de ellos se acerca agachándose a mi altura.

Él mira mi rostro mientras que yo solo puedo ver su estúpida máscara.

—Tan curioso como siempre, mi querido Lance. —Empieza a hablar y por la voz distingo que es una mujer.— No te apresures, todo se sabrá a su debido tiempo, pero ese tiempo aún no llega.

Se levanta sin decir nada más y dos de ellos se acercan a mí.

—¡Basta! ¡No se acerquen! —Siguen caminando hacia mí.— ¡Dije que no se acerquen!

El más alto y grandote de ellos me agarra por detrás de los brazos.

Mientras que el más bajo y flaco de los dos me golpea el rostro.

Un pitido se instala en mi cabeza mientras veo cómo agarran la carta y se la llevan.

Trato de soltarme de su agarre, pero es inútil; es más fuerte que yo.

Me siguen golpeando hasta que estoy por desmayarme, pero antes de que eso suceda colocan un pañuelo en mi boca y nariz.

—No te preocupes, esto solo hará que olvides tus recuerdos de una hora atrás. —Escucho que me habla el que sostiene mis brazos.— Trato de evitar aspirar lo que sea que sea eso, pero no lo logro.

Mi cabeza empieza a doler y siento cómo las cosas empiezan a irse de mi mente de a poco.

—Ahora sí, hijo, hacelo dormir.

Luego de eso, el chico golpea mi rostro una última vez más y caigo al suelo inconsciente luego de que el hombre me suelte los brazos.

¿Quiénes son estos tipos y por qué me golpearon de esa manera solo por una estúpida carta?

Lo siguiente es toda oscuridad.

(...)

Veo a un niño de unos cinco años corriendo de acá para allá mientras un perro lo persigue.

El pequeño sonríe feliz.

Veo a mi alrededor.

Una casa grande se ve a lo lejos y luego es todo pasto, sin casas a los lados ni nada cerca de acá.

—¡Isaac! ¡No corras que te vas a caer! —Una mujer rubia natural aparece de la nada con una bandeja de galletas y limonada.

—¡Dejá de jugar y vení a merendar! —Miro al pequeño que va corriendo hacia la mujer.

—¿Ma, cuándo van a venir los chicos? —pregunta mientras agarra una galleta.

—Están en el colegio, cariño, pero pronto van a llegar.

El niño come su galleta mirando a la nada, perdido en sus pensamientos.

—Los extraño. —Susurra, pero logro oírlo y noto que su madre igual.

—No te pongas triste, hijo, ya van a volver. —Le acaricia la mejilla a su hijo.

Despierto exaltado con la respiración acelerada.

—Isaac.




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