—Querido Lance, sé que debes estar desconcertado al estar ahí encerrado. De seguro Venus y tú querrán escapar, pero no lo hagan. Quédense ahí y solo esperen; pronto los irán a salvar.
Atentamente, su amiga invisible.
—Lee la joven chica de dieciocho años.
—Maldita puta, los está ayudando. De seguro eso decía la carta que tenía Isaac en la casa.
—Habla pateando la silla del enojo.
—¿Ahora qué haremos? —preguntó la madre.
Silencio. La joven se queda pensando mientras su familia le presta atención a lo que vaya a decir a continuación.
—Tendremos que hacer lo que alguien no quiso que hagamos en un principio. —Habló mirando a su hermano menor.
—No, ni se te ocurra. —Se acerca a ella tratando de intimidarla.
—La que da las órdenes acá soy yo, y ya suficiente te hicimos caso a tus estúpidos caprichos.
—¡Isaac no es ningún capricho! ¡En todo caso Lance es tu capricho!
—¡No vuelvas a decir eso nunca más o te golpeo!
—¡Basta los dos! —Grita la madre haciendo que ambos se callen.
—Vamos a hacer lo que tu hermana diga, ya suficientes problemas nos trajiste con tus caprichos.
No dice nada.
—De acuerdo, papá... —Lo mira.
—Mata a Isaac.