Sin Escape

Capitulo 20- Conversación

No sé en qué momento de la noche me venció el sueño, pero saber que Caín va evolucionando muy bien hizo que me sientiera más tranquila. Los médicos coincidieron que debe estar un poco más en observación, por lo que todavía no han dado información sobre su salida de este lugar.

En este momento soy conciente que estoy muy cómoda y calentita. Aqui me doy cuenta que estoy acostada a un lado de mi esposo, siento su mano en mi espalda y con la otra me acaricia el brazo que yace sobre su abdomen. 

No abro los ojos y me concentro en los cuchicheos que se llevan acabo a una corta distancia de donde estoy.

-El doctor dice que no vió nada.

-Imposible. El estaba allí. Dice Caín.

-Revisamos las cámaras de toda la cuadra pero el apagón no dejó que se grabara nada. Escucho que dice Roberto en voz baja.

-La supieron hacer esos malditos.

-No quiero que la dejen sola en ningún momento. Si antes la persiguieron, querrán encontrar la forma de hacerlo de nuevo.

-Lo sé, fue un error dejarla salir sola.

-Un grande y estúpido error. 

-Tus muchachos la escoltaron hasta aquí.

-¿Los de intercambio?.

-Si.

-Por lo menos.

-Estas haciendo un gran trabajo. Los chicos son disciplinados.

-¿Quién lo dice? ¿Tú?.

-Si y también Oliveros.

-¿Está aquí?.

-Todos están aquí. Nos hemos turnado para estar en el centro y aquí contigo.

-Gracias. Contesta y por unos segundos no dicen nada más.

-Hay algo que me está volviendo loco.

-¿Qué?.

-¿De quién és?. Sigo allí sin hacer ningún movimiento y no sé de qué hablan ahora.

-Rincones.

-¿Por qué?.

-La verdad amigo, tu esposa llamaba demasiado la atención con su cabello. 

-Buena respuesta.

-Es la verdad. Yo creo que cambiar de tono fue una muy buena idea

-Menos para mí.

-Es mucho mejor así. Debemos de protegerlos a los dos.

-Trae una chaqueta de las mías. No puedo soportar verla con eso.

- ¿Es un chiste?.

-¿A caso me estoy riendo?.

-Pareces un adolescente.

-No me importa.

-Estas loco. Dice Roberto mientras escucho como se retira alguien del lugar. No me atrevo a abrir los ojos y sigo allí en sus brazos.

Ambos estamos solos sin decir ni una palabra. Me relajo hasta que lo escucho hablar.

-Odio que lleves ese suéter. Dice y yo sonrío.

-No tenía opción. Respondo con voz grave por el sueño.

-No sé, hubieses buscando o comprado algo de tu talla.

-No es muy fácil salir de aquí y si lo hago debo ir con al menos 3 hombres. Así que fue la primera opción.

-¿Sabías que estaba despierta?. Pregunto mientras me incorporo mirándolo a la cara y cambiando el tema.

-Si. Desde hace algunos momentos.

-¿Te incomoda que esté aquí?.

-No. Ojalá siempre te pudieras quedar aquí conmigo.

Guardo silencio ante lo que acaba de decir y decido desviar el tema.

-¿Cómo te sientes?.

-Me sentiré mejor cuando no te tenga oliendo a ese imbécil.

-Es solo un abrigo. Deja el drama.

-Deja el drama. Repite.

-Ahora lo que debe importar es tu bienestar. Nada más 

-Y el tuyo. Agrega pero ninguno de los dos dice nada.

Son aproximadamente las 2 de la mañana, leo un mensaje de mi papá notificando que ya vienen en camino y calculo que para el amanecer ya estarán aquí de nuevo. Caín está dormido y en algún momento de la noche me alejé de su lado para dejarlo descansar. Lo veo relajado en la camilla y decido bajar rápido por algo para comer.

Salgo de la habitación y al tomar el ascensor veo que la rubia está en el. Tomo mi lugar y ella es quien presiona el botón de descenso. En ningún momento la obsevo y cuando estoy segura que ella no dirá ninguna palabra detiene el ascensor casi al punto de llegar a planta baja.

-Tu esposo está al borde de la muerte y tú decides hacerte un cambio de look. Bonito plan.

Ante lo que dice la observo detalladamente.

-¿Perdón?.

-Lo que oyes. Caín se debate entre la vida y la muerte y mírate. Es más el tiempo que estás alejada que en la habitación con el. No lo mereces.

-¿Y tú si? Digo enfrentandola.

Esta mujer me saca unos centímetros de diferencia. En este momento lleva su uniforme negro y un arma ajustada en su pierna derecha. Veo que lleva el cabello trenzado hasta la mitad de la espalda y aquí frente a mi, deja ver una posición de defensa. Imágenes de esa madrugada con ella en una sala de interrogatorios aún aparecen en mi cabeza y las aparto para enfrentarla.




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