Sin Escape

La Hora del Té

Vanessa

—Lo siento —dije, pasándome el último bocado.

Sus ojos me miraron con diversión y, de repente, se inclinó ligeramente hacia mí.

Intentó limpiar mi mejilla, pero me aparté al instante.

—Yo puedo.

Le arrebaté la servilleta de la mano y la pasé torpemente por mis labios. Cuando giré a verlo, parecía divertido.

Con un movimiento tranquilo volvió a quitarme la servilleta y la deslizó con tanta cautela a un costado de mi boca, como si tuviera miedo de romperme.

—Listo. Mejor.

Su mirada era peligrosa. No podía distraerme. Necesitaba respuestas.

Bajé los cubiertos lentamente y los coloqué sobre el borde del plato.

Al parecer, él comprendió mis intenciones porque tomó un poco de distancia.

—¿Dónde estoy? —pregunté al fin—. ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Por qué me secuestraste?

Mi garganta se cerró por un instante, pero aun así continué.

—¿Buscas una recompensa? ¿Piensas venderme…? ¿O acaso me compraste?

Él escuchó atentamente cada una de mis preguntas, pero se limitó a darle un trago a su bebida.

Rio por lo bajo y, dejando la taza sobre la mesa, entrelazó los dedos frente a él.

—Aún no lo comprendes, pequeña.

Su mirada se clavó en la mía.

—Te diré una sola cosa. Pagué mucho dinero por ti… y ahora que estás aquí, espero que hayas valido cada maldito centavo.

—¿Y lo del compromiso?

Thomas apoyó los brazos sobre la mesa.

—Digamos que mi familia tenía otros planes para mí.

Sus dedos golpearon suavemente la taza antes de levantar la mirada hacia mí.

—Y tú eres la solución a varios de ellos.

Mi piel se erizó por completo. La seguridad con la que lo decía… la calma que transmitía.

—¿Yo? —lo miré dudosa—. Yo… no comprendo nada. Yo necesito… necesito…

Me puse de pie casi hiperventilando. Los cubiertos cayeron sobre la mesa y mis pies fueron más rápidos que mis pensamientos.

Mientras subía las escaleras, choqué con alguien.

—Yo… lo siento.

Levanté la mirada y un balde de agua fría me cayó encima.

Frente a mí estaba el hombre que me había torturado durante mi estancia en aquel lugar oscuro.

Mi mejilla ardió al recordar el primer golpe que me propinó. Mis muñecas comenzaron a doler como si aún estuvieran atadas y mis piernas se negaron a moverse.

—Es mi culpa. Estaba distraído.

Su voz fue el detonante.

La venda. Los golpes. Mis gritos.

Todo regresó de golpe.

Su mirada seguía clavada en mí. Tan lasciva. Tan… enfermiza.

Unas manos me sujetaron por los hombros.

La figura alta frente a mí era más delgada que Thomas.

—Vanessa —habló con calma, intentando distraerme, y con un movimiento de cabeza le indicó al otro hombre que se marchara.

El sujeto dudó un segundo antes de desaparecer por el pasillo.

—Philip, primo de Thomas. Fue una pena no conocerte anoche. Supe lo que pasó con la abuela, pero no te preocupes… suele ser así con la mayoría.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

Philip soltó una pequeña risa antes de dejarse caer en uno de los sillones.

—Desconfiada. Difícil. Después de lo que ocurrió con la ex prometida de Thomas, toda la familia terminó un poco… sensible con ese tema.

Mi estómago se tensó.

—¿Ex prometida?

Philip abrió la boca, dispuesto a continuar.

—Digamos que ella lo dejó bastante…

—Philip.

La voz de Thomas atravesó la habitación como una cuchilla.

—Veo que ya conociste a mi prometida.

—Veo que ya conociste a mi prometida.

—Un cambio completo en tus gustos, he de decir —comentó Philip en tono burlón, aunque a Thomas no pareció hacerle ninguna gracia.

Con la mandíbula tensa, Thomas le dedicó una sonrisa tan amplia como inquietante.

—No recuerdo haberte pedido una opinión, Philip.

Tomó asiento a mi lado y, con un movimiento firme, me atrajo hacia él.

—Hey, solo bromeaba, relájate.

La mirada de Philip recorrió mi cuerpo de pies a cabeza.

—Aunque con ese atuendo, no creo que llames demasiado la atención.

—Philip.

Thomas pronunció su nombre con calma, pero el tono bastó para tensar toda la habitación.

Philip levantó las manos en señal de rendición.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.