Sin Escape

The Queen

Thomas

El agua helada resbalaba por mi cuerpo empapado, pero ni siquiera eso lograba apagar del todo el incendio que llevaba dentro. Mi respiración seguía siendo pesada, irregular, mientras apoyaba una mano contra el azulejo para sostenerme. Cerré los ojos con fuerza, intentando borrar la imagen de ella, la forma en que me había mirado, la manera en que mi nombre había sonado entre sus labios.

Pero era inútil.

Cada recuerdo solo hacía que el deseo regresara con más fuerza.

Mis dedos apretaron la tela húmeda pegada a mi piel antes de apartarla con desesperación. El agua corría por mi pecho, por mi abdomen, mezclándose con el calor que todavía me consumía. Bajé la cabeza, soltando una risa amarga. Estaba perdiendo el control… y lo peor era que empezaba a dejar de importarme.

La imaginé ahí conmigo.

Sus manos pequeñas aferrándose a mis hombros. Su espalda chocando contra la pared fría del baño mientras mi boca descendía por su cuello lentamente, saboreando cada estremecimiento. El simple pensamiento me arrancó un jadeo ronco.

—Maldita sea… —murmuré entre dientes.

Volví a cerrar los ojos, dejando que el agua ocultara el sonido de mi respiración agitada. Necesitaba distancia. Necesitaba recuperar la cabeza antes de volver a verla… porque si seguía así, tarde o temprano iba a terminar cruzando una línea de la que ninguno de los dos podría regresar.

Como si el destino disfrutara jugar conmigo, ambos salimos al mismo tiempo al pasillo principal.

Por un instante el mundo pareció quedarse en silencio.

Ella levantó la mirada lentamente y el aire abandonó mis pulmones.

El vestido dorado abrazaba cada curva de su cuerpo con una elegancia peligrosa, la tela caía suave hasta sus piernas dejando apenas una abertura provocadora. Sus tacones resonaron despacio contra el mármol mientras avanzaba hacia mí. El cabello semi recogido dejaba descubierto su cuello, donde aquel collar descansaba como si hubiera nacido para adornarla.

Pero eran sus ojos los que terminaron de destruirme.

Seguros.

Desafiantes.

Hermosos.

Vanessa sonrió apenas al verme observándola de esa manera, y juraría que disfrutó el efecto que provocaba en mí.

Yo llevaba un traje completamente negro, ajustado a la medida, intimidante… justo como debía ser. Esta noche necesitaba que todos entendieran quién mandaba en esa casa.

Y también quién estaba a mi lado.

Mis pasos se detuvieron frente a ella. Durante unos segundos ninguno habló. No hacía falta.

Mis ojos recorrieron su rostro lentamente antes de inclinarme apenas hacia ella.

—Si bajas así conmigo… van a olvidarse de respirar.

Su sonrisa se amplió apenas un poco.

—Entonces supongo que estamos haciendo bien nuestro trabajo.

Una pequeña risa escapó de mi garganta. La tensión entre ambos era distinta esa noche. Más intensa. Más peligrosa.

Le ofrecí mi brazo sin apartar la mirada de ella.

Vanessa tomó una respiración profunda antes de aceptar. Sus dedos se deslizaron sobre mi brazo con suavidad, pero sentí el ligero temblor que intentaba ocultar.

Incliné apenas el rostro hacia ella.

—¿Nerviosa?

Ella negó lentamente, levantando el mentón.

—No pienso dejar que me vean débil.

Mis labios se curvaron apenas.

El ambiente se tensó de inmediato.

Sentí el cuerpo de Vanessa endurecerse apenas Michel me besó cerca de los labios. Un gesto pequeño, rápido… pero calculado. Michel siempre había sabido provocar incendios con solo una chispa.

Mis ojos se oscurecieron mientras ella sonreía como si nada.

—Tiempo sin verte, Tomy.

Odiaba que me llamara así.

Mi mandíbula se tensó y antes de que pudiera responder, sentí los dedos de Vanessa aferrarse apenas a mi brazo. No por miedo. No. Era otra cosa.

Territorio.

Michel finalmente giró la mirada hacia ella, recorriéndola de arriba abajo con descaro. Su sonrisa se amplió.

—Vaya… así que los rumores eran ciertos.

Vanessa levantó apenas el mentón, manteniendo esa calma elegante que la hacía verse incluso más peligrosa.

—Depende de cuáles hayas escuchado.

La sonrisa de Michel vaciló apenas un segundo.

Yo observé a Vanessa de reojo. Ahí estaba esa mujer que había permanecido escondida tanto tiempo bajo el miedo y las dudas. Esta noche no parecía una rehén. No parecía alguien rota.

Parecía una reina.

Y todos en esa maldita mansión comenzaban a notarlo.

Michel soltó una pequeña risa antes de acercarse un paso más a mí, demasiado cerca para mi gusto.

—Debo admitir que tienes mejor gusto del que esperaba.

Vanessa no se movió. No apartó la mirada. Solo deslizó lentamente su mano por mi brazo hasta entrelazar nuestros dedos frente a ella.

Una advertencia silenciosa.

Mis hombres observaban atentos desde el fondo del salón. Algunos evitaban mirar directamente. Otros parecían disfrutar el espectáculo. Mi familia, en cambio, esperaba el momento exacto en que todo explotara.

Pero Vanessa me sorprendió.

Porque sonrió.

Una sonrisa lenta, elegante… peligrosa.

—Y él finalmente aprendió a escoger bien —respondió con suavidad.

Sentí algo parecido al orgullo atravesarme el pecho.

Michel entrecerró los ojos.

Por primera vez desde que había aparecido, dejó de actuar como si tuviera el control.

El salón estaba cubierto de lujo, música y sonrisas falsas. Todos fingían disfrutar la velada mientras medían el poder de los demás con una sola mirada.

Y aun así… nadie lograba apartar los ojos de Vanessa.

Caminaba a mi lado con la cabeza en alto, el vestido dorado abrazando su cuerpo como si hubiera sido creado únicamente para ella. Las joyas brillaban sobre su piel y cada paso en esos tacones resonaba con una seguridad que semanas atrás no existía.

Esta noche no parecía una víctima.

Parecía una reina.




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