Sin Escape

La Corona del Infierno

Vanessa

Mis manos temblaban y mis pies apenas respondían; la mano en mi cintura era lo único que me mantenía en pie.

Era consciente de que Thomas era un monstruo… pero no esa clase de monstruo.

El hedor metálico impregnado en el sótano me revolvía el estómago, me mareaba, pero debía mantenerme firme. No porque me avergonzara desmayarme frente a tantas personas, sino por ella.

Aquella mujer que no había dejado de observarme durante todo el maldito espectáculo. Aquella que buscaba mi punto débil, esperando verme romperme frente a todos.

Pero no iba a darle ese gusto.

No en mi territorio.

Lentamente me acerqué a ella con una sonrisa que ni yo misma conocía. Me incliné apenas hacia su hombro y susurré “Gane yo” sus ojos destellaron con algo parecido al odio.

—Nos vamos —murmuró Thomas junto a mi oído.

Apreté apenas su brazo y me pegué más a su cuerpo. Como dos reyes del inframundo, abandonamos aquel tenebroso sótano.

La luz de la mansión me cegó por un instante.

Su mundo era tan cambiante… un día podía verse lleno de lujo y luces; al siguiente, hundirse completamente en las tinieblas.

Nuestras manos no se habían separado, aunque él parecía no darse cuenta. Y siendo sincera… no me incomodaba.

Por primera vez desde que había llegado a aquella mansión, no sentía la necesidad de huir.

Caminamos entre todos como si nada hubiera pasado, como si minutos atrás no hubiese visto la parte más oscura de su mundo. Aun así, cada cierto tiempo sentía su mirada sobre mí, silenciosa, asegurándose de que siguiera ahí.

Y odiaba admitir cuánto me calmaba eso.

Sus dedos acariciaron apenas los míos antes de acercarse un poco más a mi cuerpo.

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

La pregunta me tomó por sorpresa.

Porque nadie había preguntado eso en mucho tiempo.

Levanté lentamente la mirada hacia él y asentí apenas.

Thomas suspiró despacio, como si aquella pequeña respuesta fuera suficiente para tranquilizarlo.

Y durante unos segundos… todo se sintió extrañamente normal.

Era extraño.

A pesar de no haber tenido muchas cenas familiares en mi vida, aquella se sentía como una de ellas.

Thomas ocupaba la cabecera de la mesa, imponiéndose en silencio como el rey de aquel lugar. Yo tomé asiento a su lado; nunca me había gustado estar frente a él. La distancia era algo a lo que todavía le temía… junto con la soledad.

El sonido de los cubiertos chocando contra la porcelana, las conversaciones en voz baja y aquel ambiente extrañamente hogareño eran cosas que jamás imaginé encontrar en una mansión como esa.

Y aun así… ahí estaba.

Sentada entre monstruos, sintiéndome menos sola que nunca.

Philip apareció junto a Thomas, inclinándose para murmurarle algo al oído.

Vi el cambio inmediato en su expresión.

La tranquilidad desapareció de su rostro.

—Tengo que arreglar algo —dijo con voz baja antes de levantarse.

Sus dedos rozaron los míos apenas unos segundos antes de soltarlos.

Y odié cuánto extrañé el contacto apenas desapareció.

Lo observé alejarse entre los hombres de la mesa hasta que la voz de Michel me obligó a volver la mirada hacia ella.

—Pobrecita.

Sus labios rojos se curvaron lentamente alrededor de la copa de vino.

—Se nota que todavía no entiendes cómo funciona este mundo.

No respondí.

Michel se inclinó apenas hacia adelante.

—Thomas se obsesiona rápido… pero también se aburre rápido.

Sentí la tensión subir por mi espalda.

—Y cuando dejes de servirle —continuó con una sonrisa venenosa— terminarás exactamente igual que todos los demás.

Mis dedos se tensaron debajo de la mesa.

Ella observó mi reacción con satisfacción.

—¿De verdad crees que eres la primera mujer sentada a su lado? —soltó una pequeña risa—. Todo esto era mío antes de que llegaras.

Sus ojos recorrieron el comedor lentamente.

—Esta mansión. Su cama. Su atención. Yo gobernaba este lugar antes de ti.

El aire comenzó a sentirse pesado.

—Y si quisiera… podría recuperarlo todo.

Aquello golpeó justo donde debía.

Porque una parte de mí sabía que Michel tenía razón.

Ella pertenecía a ese mundo.

Yo no.

Michel sonrió apenas al notar mi silencio.

—Tú solo eres una distracción bonita.

Algo dentro de mí terminó de romperse.

Me puse de pie, intentando evitar la pelea.

—Tú solo eres una distracción bonita. - dijo mientras pasaba por su lado.

El comentario quedó flotando entre ambas.

Sentí el golpe.

Claro que lo sentí.

Pero algo dentro de mí ya estaba demasiado cansado para seguir retrocediendo.

Levanté lentamente la mirada hacia Michel.

—Entonces… ¿por qué decidió perseguirme?

La sonrisa de Michel vaciló apenas.

Primera grieta.

Mi mirada se quedo fija en la de ella —Si yo no significo nada… ¿por qué Thomas mandó matar por mí?

Silencio.

Michel apretó la copa entre sus dedos.

Y seguí.

Porque por primera vez entendí algo.

Yo también podía herir.

—¿Por qué me puso a su lado frente a todos? —pregunté suavemente—. ¿Por qué me convirtió en su prioridad?

La mandíbula de Michel se tensó.

Perfecto.

—Parece que el rey ya eligió a su reina.

La puerta del sótano era pesada.

Pero abrirla era necesario.

Porque si quería sobrevivir en aquel mundo… tenía que enfrentar mi nueva realidad.

Uno de los hombres de Thomas intentó detenerme apenas me vio acercarme.

—Señorita, Thomas dijo que — Levanté lentamente la mirada hacia él.

Debió encontrar algo extraño en mis ojos, porque inmediatamente se hizo a un lado sin volver a hablar.

La puerta metálica se cerró detrás de mí con un sonido seco.

El frío de aquellas paredes se me clavó en los huesos mientras descendía lentamente los escalones.




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