Cuando nos graduamos, celebramos juntas ese momento, éramos dos chicas lindas y alegres con muchos planes por delante.
Todavía recuerdo la foto que tomamos junto a Chéster, o sea los lápices. Después de todo por él logramos muchas cosas.
Nos arreglábamos para salir al centro comercial cuando Sara preguntó.
—No me decido por medicina o periodismo.
—Yo también ando… Media rara con el tema de la carrera —comenté.
—¿Seguiremos usando a Chéster?
Era una buena pregunta, habíamos usado a Chéster por muchos años, crecimos junto a él y ahora en nuestra entrada a la adultez no sabíamos qué podía suceder.
—Tal vez, debemos dejarlo descansar —dije.
—¿Y si nos extraña?
Chéster yacía en su caja y fui a tomarlo, tal vez si consultamos una vez más podríamos saberlo todo de una.
—Creo que debemos preguntarle todo y luego dejarlo ir.
—¿Cómo se deja ir a un espíritu?
—No lo sé.
Sara tomó los lápices y me dijo.
—Quiero saber sobre mi carrera y futuro.
—Pues vamos haciéndolo.
Nos sentamos una frente a la otra, mirándonos a los ojos, mientras nuestras manos formaban el rectángulo.
—¿Lista?
—Sí.
—Hola, Chéster, queremos saber algunas cosillas —reímos.
—Chéster, soy Sara, ¿debo estudiar medicina?
Chéster: NO
—¿Periodismo?
Chéster: SÍ.
—¿Encontraré un buen empleo en esa rama?
Chéster: SÍ.
—¿Me casaré con un buen hombre?
Un momento y Chéster dijo: SÍ. Era de lujo.
—¿Tendré hijos?
Chester: NO.
—¿Nunca?
Chéster: SÍ.
—¿Tendré solo un hijo?
Chéster: SÍ.
—¡Yupi! ¿Viajaré a otro país?
Chéster: SÍ.
—¿Conoceré a mi futuro marido en la universidad?
Chéster: SÍ.
—¿Será un compañero de clase?
Chester: NO.
Ambas nos miramos con asombro y Sara preguntó.
—¿Será acaso el papá de un compañero?
Chester: NO.
Eso nos intrigó y yo pregunté.
—¿Será el conserje?
Sara me hizo una mueca y los lápices se movieron en un NO. Sara respiró aliviada.
—Menos mal, ¿será un profesor?
Chéster SÍ.
—¡Dios mío! Me enamoraré de un profesor como en la novela Abigail.
Era tan divertido y Chéster no se equivocaba nunca.
—¿Tendré una gran boda?
Chéster: SÍ.
—Serás mi dama de honor.
Celebramos la dicha anticipada.
—Chéster eres genial —le dije emocionada.
Sara me miró y preguntó.
—Chéster, ¿te gusta una de nosotras?
Miré a Sara con asombro, eso nunca se me pasó por alto, se formó el SÍ.
—¿Soy yo?
Chester: NO.
Sara rio apenada y preguntó.
—¿Es Cristel?
Chéster con mucha fuerza respondió SÍ.
—Cielos, no solo le gustas, creo que te ama —rio nerviosa.
—Eso no es lindo.
La idea de ser amada por un espíritu era incómoda.
—Amor es amor —respondió Sara—, ahora sé que tengo mucho por qué vivir.
—Es genial eso.
—¿Y tú?
—Es que… Ni sé qué puedo estudiar.
—Vamos, sería genial saber tu futuro.
Estaba indecisa en tres carreras: abogada, sistemas y publicidad.
—Chéster, amigo, dime, ¿debo de estudiar para abogada?
Chéster: NO.
No me agradaba tampoco y Sara sonrió.
—La verdad no te veo como abogada.
—¿Y cómo ingeniera en sistemas?
No se movió.
—Creo que hay posibilidades.
—Podría ser ingeniera —sonreí—, ¿Qué tal publicidad?
Chéster: SÍ.
—Esa es, te veo más creativa.
—¿Conseguiré graduarme de publicista?
Chéster: NO.
Eso me extrañó y pregunté.