Sin escribir el destino

Capítulo 6 Tiempo después

El taxi hizo su parada, el tercer cliente de la mañana y esta vez era una hermosa chica de piernas torneadas.

Se subió con una gracia de leona, usaba lentes oscuros, le molestó no verle los ojos.

Ella le dijo una dirección equis y él el precio. La chica no regateó, eso era buena señal, se fijó en sus piernas, mamá mía ¡Hermosas y torneadas!

Piernas de virgen, sin duda, sintió que el corazón comenzaba a latirle veloz de la excitación.

Ella cruzó las piernas, cielos, pedía a gritos un hotel, parecía abstraída hasta que su suave voz rompió el silencio y le hizo la siguiente pregunta:

—¿Cree en el destino?

—No, no creo en esas cosas —dijo con voz osca.

—Pues debería. Le voy a contar una pequeña historia sobre el destino.

Sabía que muchos clientes deseaban contar su historia y la escuchó.

“Conocí a Sara cuando estábamos en la escuela, nos hicimos inseparables inmediatamente, alguien nos dijo que eso fue amor a primera vista, yo siempre dije a todos que sí.

Recuerdo todavía su fiesta de cumpleaños número ocho y el extraño obsequio que le hiciera la tía Rita; no fue un juguete, ni ropa, fue una caja de joyería larga y costosa.

Ambas pensamos que podía ser una joya, pero lo que vimos nos desconcertó, eran seis lápices color negro sin punta.

Nos miramos intrigadas por tan curioso obsequio; sin embargo, la tía nos explicó la naturaleza del mismo, ella adujo que los lápices podían decir el destino.

El sujeto corrigió a la joven.

—Escribir, quizás…

—No me interrumpa —retomó si relato—, como le dije esos lápices podían decirnos el destino, solo teníamos que hacer con ellos una figura.

“Colocábamos tres lápices formando la mitad de un rectángulo: uno acostado y los otros en cada punta, la otra persona lo imitaba, entonces se unían las puntas y se decía las palabras claves.

—¡OH! Gran espíritu que lo sabes todo, dime el futuro que ignoro.

El taxista se rio ante la referencia infantil. La joven hermosa le resultó una loca, vaya día.

La escuchó continuar con el relato.

—Era para morirse de risa, sin duda, entonces los vimos en acción. La tía hizo una pregunta, los lápices comenzaron a moverse llevando las puntas hacia el centro formando dos triángulos, ninguna de las dos hizo un movimiento para ocasionar tal reacción.

Ella explicó que esa forma quería decir SÍ, después se le preguntó por la existencia de Santa Claus y nuevamente los lápices se movieron formando un polígono de seis lados, eso significaba no, la tercera posición era la de forma de flecha que significaba TAL VEZ.

“Puedo decir que nos divertíamos mucho jugando con ellos, al menos nos servía para entretenernos contestando nuestras inquietudes.

Años después éramos dependientes de ellos, teníamos la certeza de conocer la verdad de las cosas; comencé a sospechar que algo estaba mal cuando empecé a preguntarle por mi destino.

Al principio eran preguntas bobas, hasta que se hacen las importantes ¿me voy a casar? No, ¿me voy a graduar de la universidad? No, ¿voy a viajar? NO.

Entonces me detuve a pensar en lo irónico que puede ser el sino; mientras que mi amiga tenía un futuro soñado, yo tenía una nube oscura de por medio.

Cada pregunta era un NO; pero nunca arrojaba una explicación. Entonces decidí encarar la situación, primero quería saber con quién hablaba, era un ángel o un demonio, la primera respuesta fue un NO, la segunda un TAL VEZ.

—Lo que faltaba —rio burlón el taxista—. ¡Qué ridiculez!

Ella dijo con firmeza.

—No he terminado.

“Comencé a pensar muy seriamente hasta dónde se podía llegar con esto, estaba preocupada; el destino es muy serio, lo define todo, ¿por qué no me iba a graduar de la universidad, casar, viajar y a cumplir mis sueños?

Mi amiga fue más osada con la pregunta clave: ¿Iba a morir? La respuesta fue estremecedora: Sí.

Quedé en blanco, entonces todo encajaba con la nube negra, no había futuro para mí. Tenía que saber la causa de mi muerte y después de barajar varias opciones surgió la respuesta: ME IBAN A MATAR.

La idea de una muerte prematura me tenía mal, entonces, mi amiga comenzó a develar mi destino, haciendo las preguntas claves logramos saber que no iba a pasar de 21 años.

—Eso es impresionante—murmuró el taxista.

Ahora le comenzaba a coger gusto a la charla, la loca estaba prendida y él más escuchando sus disparates, entonces ella le dijo.

—No sabe cuánto, pero hay más, estaba fuera de mí, saber que iba a morir asesinada, no era alentador, quería saber detalles.

—¡Qué sórdida!

Acomodó el espejo del carro para verle las piernas, estaba buena la loca y no parecía darse cuenta de nada.

—Era justificable, era mi vida la que estaba en juego, entonces descubrimos por medio de los lápices que mi muerte sería de noche.




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