—Elena, por favor, le llevas alimentos a la visitante que tenemos en la mansión —dijo el hombre al entrar a la cocina.
La mujer mayor, al oír sus palabras, se sorprendió y levantó la mirada para centrarla en el rostro cincelado del hombre que conoce desde hace mucho tiempo. La sorpresa es notoria en la mujer que solo se limitó a abrir y cerrar la boca. — Es importante que ella se mantenga bien alimentada e hidratada.
La mujer que estaba lavando unos platos y no podía ver el rostro del hombre mientras le hablaba, no vio la sonrisa misteriosa en aquel hombre, ni tampoco el brillo en sus oscuros ojos, pero al oír la petición dejó de hacer lo que hacía y lo miró fijamente.
—¿Quién es esa mujer para que estés tan pendiente de ella? —preguntó llena de curiosidad—. Que yo sepa, nunca has traído a una de tus amantes aquí. ¿No? ¿Y que este rancho es para la futura señora Walker?
George Walker solo esquivó la sonrisa que afloraba en su atractivo rostro.
—Mi querida Elena, no vayas, no te vayas por las ramas imaginando cosas que no son, ni pienses en lo que no es —dijo el cortante—. Yo solamente estoy recibiendo a un auxiliar administrativo y le hago una prueba. Si la pasa, se queda; si no, se va.
La mujer se colocó las manos en las caderas y lo miró con cierta seriedad que a cualquiera le rompe el mejor de los ánimos, pero no al vaquero que tiene frente a ella.
—George Walker, a mí tú no me vas a engañar. Te conozco desde que tenías pañales y nunca antes habías tenido tanta atención con una mujer en la mansión. Es más, ni siquiera Dalila logró pasar los límites….
El hombre deambulaba por la cocina y, al oír el nombre de la mujer que le destrozó el corazón, su rostro de inmediato se endureció.
—¡A ella no la menciones! —contestó tajante—. Dalila fue otra cosa.
Él respondió bastante incómodo con aquella conversación y en ese momento no tenía tiempo de pensar en aquella mujer. La que le había destrozado su vida, sus ilusiones, sus esperanzas de tener un hogar e hijos.
—Esta mujer no es Dalila, ni tampoco se parece a ella. Como te dije, solamente es una trabajadora y estoy haciéndole una prueba. Si la pasa, se queda o, de lo contrario, que se vaya por donde vino.
Elena rodeó al hombre para mirarlo a los ojos, ya que él le daba la espalda.
—Mira, jovencito, recuerda que en unos pocos meses pronto te casarás. Lo prometiste y sé que eres un hombre de palabra; lo vas a cumplir— extendió la mano y acarició la mejilla –. Ahora bien, si no quieres ese matrimonio, simplemente cancélalo, pero no destruyas tu vida y de paso la de otra persona. Ambos son inocentes de la decisión que tomaron los abuelos.
Walter acarició la mano de la mujer y se apartó con lentitud de ella. Sabe que las palabras de la mujer son sabias; sin embargo, en ese momento no tienen peso. Y ese matrimonio arreglado no puede quitárselo de encima, menos que la otra parte lo rechace.
—Tú sabes que no puedo sacar el cuerpo al asunto. Gracias a la familia Lennox, nosotros los Walter pudimos salir adelante y lo que hoy somos se lo debemos a la ayuda de ese hombre. Por eso, aunque no quiera a esa chiquilla malcriada, me casaré con ella cueste lo que cueste—. Respiró de manera profunda sin darse cuenta del enorme peso que lleva a cuestas—.
Elena se puso seria al oír esas palabras de rendición; era lo que más le molestaba al hombre. Que lo dejaran en esa encrucijada de responsabilidad.
—Ahora está pendiente de la visita que tenemos en la mansión. Haz que la levanten mañana a las cuatro para que acompañe a Mario a revisar las cercas. Él ya tiene órdenes.
La mujer iba a seguir discutiendo, pero comprendió que era difícil lidiar con él cuando ya había tomado una decisión. Nadie le sacaba una idea de la cabeza.
George volvió a su habitación y marcó un número que siempre sonaba, pero no respondía. Desde su ruptura con Dalila no había vuelto a creer en el amor ni tampoco en las mujeres. Para él solo eran interesadas que buscaban su propio beneficio. Desde hace tres años solo lleva mujeres a la cama, las usa y luego las abandona.
—Ya sabía que no ibas a contestar — murmuró molesto—. Ya llegó el momento de dejarte ir para siempre.
Sus dedos se movieron rápidamente y bloqueó el número y lo borró.
—Así evito la tentación de volver a marcar; lo mejor es concentrarme en mi futura esposa…
Y sin darse cuenta, el hombre sonrió al imaginar a su visita cuando Elena le dijera que tendría que trabajar desde las cuatro de la mañana.
—¡Esa mujer va a poner el grito en el cielo! — se burló al llegar a su habitación, que estaba al lado de Marinela—. Señorita Lennox, veamos qué tanto temple tienes…
La madrugada llegó, y Walker se levantó muy temprano solo para observar lo que iba a hacer la joven que había llegado de la ciudad. Sabe de antemano que ella no tiene ninguna experiencia para moverse en el campo y por eso le ha puesto tantas trabas para lograr dominar a esa potra salvaje.
El hombre estaba preparado para todo, pero no para lo que sus ojos vieron cuando encontró a la joven. Esta iba vestida de manera sexy, muy sugerente, muy sensual. Llevaba una blusa que se le pegaba al cuerpo y le resaltaba el valle de los senos. Sus pantalones enmarcaban una cintura muy pequeña que solo acentuaba la redondez de sus caderas. La ropa estaba tan ajustada que parecía que cada una de sus curvas se iba a salir de sus límites y él perdería el control. Se atascó con su propio respiro, aunque guardó silencio al escuchar las protestas.
—Serpientes son las que estoy decidida a pisotear — dijo ella con bravura y arrogancia.
Él sonrió sin darse cuenta de que esa mujer le atrae.
Vio a la pareja partir y se quedó pensativo, comprendiendo que la chica no va vestida de acuerdo al lugar ni a las actividades que van a hacer ese día.
—Si llegas a pasar este día, realmente me habrás convencido de que puedes quedarte — pensó él mientras la veía alejarse sobre el caballo en compañía de Mario.
Editado: 02.03.2026