Mario ha estado toda la mañana, molesto con la presencia de la joven debido a que ella es insoportablemente impaciente, sin dejar de quejarse por todo lo que ve o pasa por su lado. Y, para aumentar su molestia, la intervención de la mujer no lo deja terminar su trabajo como debe ser. Cansado de su inoportuna impertinencia, toma la decisión de dejarla cerca a los rollos de alambre de púa que son para arreglar las cercas mientras que él termina de hacer el recorrido, pero jamás llega a imaginar que encuentra un problema, lo cual lo retiene mucho más tiempo de lo que él llegó a pensar.
La señorita Lennox, sin saber qué hacer mientras espera al trabajador que la va a llevar a la casona, comienza a deambular y a ver los rollos de alambre de púas. Se acercó y sin percatarse de que hay en medio de ellos una pequeña serpiente marrón que sigilosamente camina hacia ella. La joven desprevenida saca un espejo para mirarse el maquillaje que está corrido debido al sudor, debido a que la mañana ha sido muy calurosa.
Mientras que la desprevenida serpiente comienza a subir cuesta arriba por aquella torneada pierna. La joven desprevenida, de manera inconsciente, sacude la pierna, haciendo que el animal se apriete más hacia el muslo; es cuando sus ojos ven aquella cabecita que la mira con intensidad.
El corazón de la joven comenzó a latir a toda prisa. Su boca se secó y cada músculo se tensó por la presencia del animal que cada vez subía más por su pierna.
— «¿Ahora qué hago?» — pensó la desdichada—. «¡Si me muevo me va a atacar y me va a matar!»
La mujer está muerta de miedo, pero la esperanza llega a ella cuando ve en la distancia a un jinete que se acerca rápidamente a ella. Su corazón sufre un fuerte colapso al ver la mirada del hombre.
—«¡Es el estúpido caporal! — pensó la muchacha — solo espero que vea la serpiente que está en mi cuerpo y me la quite de encima».
La chica solo se mantiene como una estatua.
—¡Quieta! —dice él con cierta burla en la cara al ver lo aterrada que está la mujer. El animal es inofensivo, pero ella no lo sabe y eso lo divierte.
Ella abrió los ojos horrorizada.
—«Este estúpido solo se está burlando de mí» —pensó la desdichada mujer mientras siente que el animal rastrero sube con lentitud por su torneada pierna.
Ella ve cómo los ojos del hombre brillan llenos de maldad y es cuando un pensamiento negativo llega a su mente. ¡Él la quiere muerta!
George se acercó con tanta calma que para la chica pareció ser un siglo.
—¡Tenga mucho cuidado! — dijo el infame hombre que disfruta el momento—. No vaya a moverse. ¡Esa serpiente es muy peligrosa!
Cada palabra que decía el hombre ponía más tensa a la mujer. Pero se tensó aún más cuando sintió la mano de ella cuando él sostuvo su muslo para agarrar al animalito que insistía en seguir subiendo.
—Hum — murmuró el hombre con una idea descabellada en su mente — al parecer este es macho… y le encanta tu olor. A partir de ahora debes tener mucho cuidado; tu aroma les gusta a las serpientes.
La mujer se obligó a mantenerse quieta, dejando que el hombre pasara la mano por su pierna y cuando vio que agarró el animal en su mano, corrió lejos y daba gritos de furia y se estremecía del susto.
—¿Por qué te demoraste tanto para quitarme ese asqueroso animal? —protestó la joven casi histérica.
Él la miró con seriedad.
—No quería hacerle daño al animalito — dijo con su voz ronca.
—¡Ese animal casi me mata! — le gritó furiosa, pero algo que vio le hizo fruncir el ceño—. Ese animal no es peligroso, ¿verdad?
Él se giró con la culebra en la mano para que ella no viera la maldad en sus ojos. Esa mujer le gusta más de lo normal y por eso tiene que sacarla del rancho, porque en unos pocos días deberá casarse y no quiere tener líos de tres.
—Esto solo demuestra que usted no debe estar en estas tierras— dijo con la voz sensualmente peligrosa—. Señorita Lennox, usted no está hecha para estar en el campo. Usted solo debe estar en la cama de algún riquillo para que sea complacida y para complacer.
Esas palabras dieron en el fondo del corazón de la joven. Ella era más que un objeto para cualquier hombre y este la humillaba dando por sentado que ella era ese tipo de mujer.
—Usted a mí no me conoce, señor Walker — le respondió con una calma que a ella misma le sorprendió. Ahora más que nunca estaba decidida a darle la talla al desgraciado que tiene frente a ella—. Usted no sabe de qué soy capaz. Y si reconozco que no soy de campo, pero aprendo y le voy a demostrar mi valía…
Él se giró y se encontró esos bellos ojos de color extraño. Y que era lo que más lo tenía con fascinación hacia ella.
— ¿En la cama? — preguntó el hombre con desfachatez—. Estoy dispuesto a comprobar esa valía.
Marinela quedó aturdida por esas palabras. Eso denunciaba que a él le gustaba, aunque fuera para llevarla a la cama, y apretó los puños para controlar su ira.
—¡Eso jamás va a pasar! — dijo ella con brusquedad y caminó para acercarse a él sin importarle que aún tuviera el animal en las manos—. Eso es algo que usted no podrá disfrutar. Mi cuerpo se lo doy al que yo quiera, y le aseguro que usted no está en mi lista de preferencias, sencillamente no cumple ninguno de mis criterios.
Walker la mira a los ojos y ella sostiene esa mirada helada, cruel y hambrienta. Ella sabe que ahora debe andar con pie de plomo o su padre saldrá airoso en su apuesta por el matrimonio arreglado.
—Es muy pronto para decir algo con tanto peso — dijo con su voz enigmática.
Ella iba a rebatir lo que este decía cuando la tomó por la cintura y como si ella fuera una muñeca de trapo, la subió al caballo.
—Ahora vamos, que aún no hemos desayunado y el día es largo—. De un solo salto subió al mismo caballo donde una joven muda luchaba con lo que siente por aquel extraño hombre.
Editado: 02.03.2026