Sin límites

Capitulo 14

Marinela se aferró con fuerza a la chaqueta del hombre y esta vez no es por miedo. Sus pensamientos tratan de encontrar la lógica de porque siempre quiere estar al lado de ese hombre y llega a la conclusión que es por elección.

La oscuridad con suavidad los envolvió como si una mano gigante los atrapara.

El ruido producido por el motor que va delante de ellos es apenas un eco. Sin embargo, los jinetes no aflojan, los animales trotan a toda velocidad.

Walker va ideando mil maneras de cobrarse esa afrenta y aun no ve el auto lo seguía como si pudiera olerlo.

Marinela nerviosa por como va el rumbo de la situación solo apoyó la mejilla contra su espalda. Y se estremeció cuando escuchó el corazón de Walker enardecido dentro de él. también podía sentirlo fuerte, constante y muy vivo.

Un temor atenazó su pecho.

—No deje que esto lo convierta en lo que ellos quieren —susurró contra el viento.

Él apretó las riendas.

—Y tú no dejes que esto te rompa— le respondió.

La camioneta apareció a lo lejos y con las luces apagadas. Intentando por todos los medios perderse entre árboles.

Walker espoleó y el caballo respondió con furia.

El mundo era solo tierra, ramas, velocidad, pero eso no importaba, porque ahora la persecución era brutal.

En un giro cerrado la camioneta casi volcó.

Walker disparó al aire hacer detener el vehículo. Solo era una advertencia.

Sin embargo, la camioneta no se detuvo y derrapó perdiendo estabilidad.

Una rueda golpeó una zanja y el vehículo se inclinó y de repente se detuvo con violencia.

Un silencio abrumador en medio de la basta sabana, la oscuridad era disipada por la luna que brilla de manera perezosa.

Una estela de polvo rodea el vehículo que se ha detenido.

Walker desmontó primero. En su mano firme sostiene el arma con la que hizo el disparo al aire. Sus pasos son lentos, sigilosos, pero firme.

Siempre apuntando.

—¡Salgan! — gritó Walker sin apartar la mirada del auto.

Una puerta se abrió lentamente y con las manos arriba salió un hombre que bajó.

No era Luján, pero si era uno de sus peones. Uno de sus hombres de confianza. Sus ojos se fijaron en el hombre que le apuntaba y en la mujer que se mantenía a su espalda.

Le sangraban la frente copiosamente. Su rostro mostraba cierta palidez. Él sabía que su camino sería cortado debido a su fracaso.

—No fue orden mía —escupió arrogante—. Solo fue un mensaje. Espero que te haya quedado claro.

Walker frunció el ceño y avanzó unos pasos más con el arma firme.

—¿De quién? – preguntó el vaquero.

El hombre sonrió con sangre en los dientes. Él sabía que era hombre muerto.

—Del que viene después— dijo las palabras con burla.

Un disparo sonó desde la oscuridad.

El peón cayó, muerto.

Walker giró rápidamente buscando el lugar de donde venía el disparo.

La noche oscura volvió a tragarse todo, aun incluyendo al tirador ya se había ido.

Marinela sintió el frío metérsele en los huesos. Su corazón parecía dar saltos solo para salir de su pecho. Esto ya no era rivalidad entre vecinos. Esto era algo mayor estaba muy organizado y peligroso.

Walker bajó lentamente el arma.

Sus ojos eran acero.

—Nos están empujando a algo más grande— dijo casi mordiendo las palabras. Su mente trabaja rápido en busca de enemigos tanto corporativos como de las tierras. Todo eso iba más allá de lo que él había imaginado.

Marinela se acercó temblorosa. No era para más, ella nunca había estado presente en algo tan delicado.

Ella solo lo contempló.

—Entonces deje de pelear solo— le dijo.

Él la miró y frunció el ceño. lleva mucho tiempo peleando solo y ahora ella le pide que no lo haga. Lleva la noche entera entre ambos, en medio de una guerra recién nacida y para complicar la situación un deseo aún no resuelto entre ellos dos, sin embargo, él sabe que hay algo más profundo creciendo en silencio.

—No estoy solo —dijo al fin— tu estas a mi lado.

ella solo se acercó un poco mas al hombre y esta vez, no fue estrategia.

Era una verdad que no podían ocultarla.

En medio de la oscuridad, alguien más observaba y escucha cada cosa que pasa alrededor de ellos.

Sus dientes perfilados solo sonreí ante las ideas que pasan por su nefasta cabeza.




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