Acarició el marco de la entrada de aquel lugar que antes solía visitar muy a menudo, con cierta frecuencia. Observando como este mismo se encontraba descuidado, destrozado por el pasar de los años. Llenando su mente de recuerdos, teniendo sentimientos encontrados.
— Increíble…- escuchó una voz susurrante en su oído.- Vuelves aquí luego de devorarme, ¿por qué?
— Es complicado.- respondió, tomándose el atrevimiento de siquiera ingresar y sentarse sobre la cama, tomando el cráneo de su ex amado.- Más increíble es que sigas aquí.
— De hecho, ya no.- Miraba con atención lo que hacía su contraria, como jugaba y besaba su cabeza como si desease provocarlo.- Ya no puedo tocarte, acariciarte, oler ese aroma indescriptible que tienes…- dijo con firmeza aquella voz-, pero lo entiendo. Entiendo muy bien porqué lo hiciste.
Si solo él no le hubiese destrozado el corazón,
si solo el Autor no hubiese perdido la cordura.
…y antes de siquiera pronunciar palabra alguna, aparecieron las molestas hadas, revoloteando a su alrededor, sacándole la capucha con sus diminutas manos, tratando de intimidarlo con sus risas desquiciadas y burlescas.
— Estas muerto en vida, Autor.
— Si deseas desaparecer, solo hazlo.
— Estas preso en tus propios sentimientos.
— Algo en ti está destrozado, ¿es tu corazón? ¿Acaso tienes siquiera uno?
Mantuvo la calma dejando que siguieran con lo suyo, divisando a la más distraída de todas para atraparla.
—¿Qué decías? A ver, dilo más alto.- se burló, aplastándola de a pocos con sus garras.- Eres tan pequeña, diminuta e insignificante que, mira a tu alrededor, este fue mi nido de amor con el que tanto ustedes deseaban. Ese que perseguían hasta que les haga caso, bicho patético…
Las demás hadas suplicaban que soltase a su compañera, imploraban y pedían perdón por las cosas dichas. Pese a ello, el Autor cansado de todo, apretó más el puño y terminó matando a ese pequeño ser, tirándola luego en algún lado.
— Qué asco.- mencionó antes de largarse del lugar.
A ver si no volvían.
A ver si…