Hay historias que no se cuentan, al menos no del todo, no con tanto detalle. Hace algún tiempo, el Autor se había desaparecido sin dejar rastro alguno, haciendo que sus conocidos preguntasen por su paradero. Pues era normal verlo deambulando por el bosque o visitando lugares inusuales, pero…
Quién lo diría, nuevamente se había cautivado con un ser de lo más extraño, una criatura misteriosa. Se desconocía de dónde provenía, pero mostraba cicatrices gruesas y pálidas en la espalda, visibles a través de las rasgaduras de su camiseta. Con un encanto indescriptible y siendo demasiado sincero con lo que sentía, demostraba el amor más puro que cualquier otro ser.
Tan sentimental, tan pasional,
tan salvaje, tan humano.
— Quiero saber todo de ti, Autor. Comencemos por cómo te llamas realmente.
— Ni siquiera yo lo sé.
Trataba de mantener distancia, pues su pasado le acechaba a pesar que este ya no tenía ni siquiera cuerpo. Solo era un alma en pena, un espectro celoso que rondaba a toda costa y que deseaba que el Autor fuese solo suyo.
— …deseo algún día poder verte sin eso que te esconde. Quiero tenerte como no tienes idea, amarte como nunca lo hicieron, cuidarte de la manera correcta.- mencionó, tomando las mejillas contrarias para luego pegarlo contra su cuerpo-, Es más, ni siquiera es necesario destaparte para saber que debajo de eso se encuentra una mujer, ya lo intuí con solo rozar tu piel.
Soltó un suspiro pesado. Quería huir de su agarre porque alejarse ahora sería una decisión prudente, sin embargo, algo le decía que no era necesario. Que esta vez sería definitivo.
No se molestó en apartarlo.
Y entonces un beso fue robado. Algo inevitable.
[...]
— Eres como la brisa del verano, quemas como el sol en su punto más alto, ¿lo sabías?- comentó entre risas el Autor, un día de verano, en el hogar de él.
— Si es así, prefiero que tú seas mi sol.
A veces llegar a entrelazarse con él era como un baile hipnótico de pasiones alborotadas, de idas y venidas de manera majestuosa. Donde se sentía la calidez y la satisfacción de ambos. Produciendo en los adentros del encapuchado aferrarse aún más al cuerpo y alma de aquel ser que había caído en su vida sin aviso.
Una lástima.
Mientras que el Autor solo deseaba ignorar aquellos recuerdos nefastos y entregarse al presente, él prefería indagar para saber sobre su pasado. Porque, por más que se lo preguntase, solo encontraba evasivas, sonrisas a medias o silencios cargados de misterio.
Dicen por ahí que la curiosidad mató al gato, ¿no? Y el Ángel, guiado por su propia obsesión, no tardó en empezar a buscar donde no debía.
Evidentemente esta historia no terminó bien.