Corría de un lugar a otro buscando al encapuchado, preguntando de aquí para allá, de allá para acá sobre el paradero de este ser tan escurridizo. Quería mostrarle algo con suma urgencia, producto de la lluvia de verano.
— Mierda…- maldijo para sus adentros, pero no se rendiría así de fácil.
Entonces siguió en la búsqueda de este, esperando que de milagro lo encuentre antes de que sea demasiado tarde. Aunque minutos después de esa fervorosa determinación, logró cansarse finalmente, descansando debajo del gran árbol, como lo llamaba el Autor.
Y no, no lo culpen, ¿acaso sabes siquiera cuantos lugares logró visitar en tan poco tiempo y corriendo bajo la lluvia más esa sutil brisa fría?
— Ups, veo que lograste atraparme.- mencionó una voz juguetona. Alejandro solo atinó a seguir jadeando por el cansancio, tratando de recuperar el aliento.- ¿Te gusta?
— Por eso te estuve buscando, Autor, para verla juntos.- contestó con algo de dificultad.
— ¿Y cómo sabes que no te estaba esperando mientras jugaba a las ‘escondidas’ contigo?
El joven se sintió confundido por unos segundos, ¿escondidas? ¿En qué momen-? Ah… claro.
— Eres increíble.- se apresuró a decir mientras oía las risas de su contrario, cosa que lo obligó a jalarle la capucha como forma de “venganza”, haciendo notar sus cabellos largos y facciones que tanto le gustaban a él.
El de capa paró de reírse y procedió nuevamente a taparse tratando de acomodar su cabellera desordenada y despeinada.
— Mejor siéntate, antes que desaparezca aquel arcoíris.