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¿Estarás viendo la misma luna que yo? Al parecer no, más bien te encuentras ya dormitando, acurrucado entre tus suaves y cálidas sábanas que te resguardan del frio de dicha ciudad en donde estas.
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Se encontraba cansado, harto de los sentimientos que lo abrumaban de sobremanera. Esta vez se iría sin dejar rastro alguno, solo una nota amable sobre su mesa para que cuando Alejandro venga, lo lea.
Lea y que abandone todo lo vivido, que no vuelva a esa casa a buscarlo nunca más.
Porque ya no estará y sabrá Dios —si es que existe alguno- a donde se perderá finalmente el Autor.