Episodio 20
El Último Umbral
En la plataforma de lanzamiento de la Aguja Central, siete de los Nueve Nobles se apiñaban junto a las cápsulas de escape. El módulo de Nyx ya estaba sellado —la cápsula cerrada bastó para hacerles creer que ya estaba dentro, anticipándose a la huida— y nadie reparó en que Eiren no estaba entre ellos. El apuro y el terror del despegue no dejaban espacio para contar cabezas, reduciendo a lo que quedaba del Consejo a un puñado de egos aterrorizados, aunque ninguno de ellos, ni siquiera en su pánico más sincero, habría estado tan asustado como lo estaba en ese instante la mujer que ya no figuraba entre ellos.
—¡Esto es un insulto! —bramó Lord Mavian, ajustándose el cuello de su túnica mientras miraba la consola de trayectoria con incredulidad—. ¿Tres kilómetros? ¿Nos van a dejar a tres malditos kilómetros del epicentro del colapso?
Lord Cassian Roht no levantó la vista de su tableta. Su rostro era una máscara de hielo, pero el tic nervioso en su mandíbula lo delataba. —Los reactores están al cuatro por ciento, Mavian. Los campos de suspensión ya no pueden sostener la masa de la ciudad ni un kilómetro más. Si intentamos volar hasta la entrada del búnker, los sistemas colapsarán en el aire y caeremos todos como piedras.
—¡Entonces estamos condenados a caminar! —escupió el Barón Vex, con su respirador magnético siseando con indignación—. ¡Ciento veinte kilómetros a pie! En medio de ese vertedero tóxico, con el suelo vibrando por las explosiones. Mis articulaciones no están diseñadas para el barro.
—No tendrán que caminar, necios —intervino Lady Serapha, con esa calma algorítmica que la hacía parecer menos humana que las máquinas que gobernaban—. Las cápsulas iniciarán el protocolo de suspensión asistida en cuanto toquen suelo, ralentizando sus funciones vitales para conservar energía. Pero el trayecto desde el punto de impacto hasta la esclusa del búnker debe ser asegurado manualmente.
Señaló hacia el pasillo, donde cinco figuras imponentes aguardaban en silencio: los otros cinco soldados de élite, los "Beta", los hermanos de sangre de Kaiden que no habían sido enviados al frente. Detrás de ellos, treinta soldados de infantería pesada revisaban sus armas con rostros tensos, sabiendo a la perfección que eran simple carne de cañón.
—Esos cinco Beta y sus treinta escudos humanos tendrán una única orden: proteger sus cápsulas y despejar el camino a través del Yermo —continuó Serapha—. Ciento veinte kilómetros de terreno hostil. Si mueren todos en el intento, al menos morirán asegurando su inmortalidad.
Mavian miró a los treinta soldados con el mismo desdén con el que se mira a la comida enlatada. —Que se apresuren, entonces. Odio la idea de que mi mente eterna tenga que depender de la puntería de treinta mercenarios con miedo.
—A sus cápsulas —ordenó Cassian sin darle más importancia, aunque sus ojos se desviaron hacia el ventanal donde el horizonte ya empezaba a teñirse de un rojo enfermizo—. La ciudad se está desmoronando. Tenemos tres minutos antes de que el núcleo se vuelva crítico.
Los Nobles entraron en los módulos y las puertas de cristal blindado se cerraron con un siseo hidráulico definitivo, sellando a los arquitectos del fin del mundo en sus ataúdes de lujo listos para dormir mientras la carne de otros ardía por ellos, a solo tres kilómetros de la bola de fuego que pronto devoraría su utopía.
Mientras las cápsulas se preparaban a cien metros de altura, Marcus y Valeria ascendían a tiros por las escaleras de servicio de la Aguja.
La maniobra había dejado de ser una infiltración para convertirse en una carnicería vertical. Los ciudadanos de Sky City, aquellos que horas antes recitaban himnos de pureza, ahora corrían despavoridos pisoteándose, gritando y arrastrando a sus hijos por pasillos que ya no olían a lavanda sintética, sino a humo y a pánico puro. Marcus no disparaba a los civiles, sino que descargaba su rifle únicamente contra los guardias internos que intentaban bloquear el acceso a la plataforma, mientras Valeria cubría cada ángulo con una frialdad clínica, bastando dos disparos para que dos guardias cayeran y pudieran seguir avanzando.
Cuando finalmente irrumpieron en la plataforma de lanzamiento, estaban empapados en sudor, hollín y la sangre de sus enemigos. Marcus apuntó su arma al centro de la sala, listo para ejecutar al último Noble que quedara, pero no había nadie. Solo ocho avatares holográficos gigantes, proyectados desde algún servidor remoto, sonreían con una calma obscena.
—...la tierra volverá a pertenecer a los dignos... —repetía la grabación de Cassian Roht en bucle, distorsionada por la estática.
Marcus bajó el arma con la mandíbula apretada y se acercó al ventanal panorámico; a lo lejos, en el cielo gris, diez estelas de fuego —ocho pequeñas y dos más grandes— se alejaban hacia el horizonte, perdiéndose entre las nubes tóxicas.
—Se fueron —dijo Valeria, con la voz ronca—. Nos dejaron aquí para que la ciudad nos trague.
Como si la hubiera escuchado, el suelo bajo sus pies dio un vuelco. Más que una explosión, de las entrañas de la ciudad subió un gemido metálico, profundo y agonizante, haciendo que las luces de la plataforma parpadearan hasta volverse rojas mientras una voz sintética, ahora urgente y desfigurada, llenaba la sala:
"ADVERTENCIA. SECUENCIA DE AUTODESTRUCCIÓN MASIVA INICIADA. TIEMPO PARA RUPTURA CRÍTICA: TRES MINUTOS."
—Tenemos que salir de aquí —gruñó Marcus, girando sobre sus talones—. ¡Ahora!
Abajo, en el cráter de impacto, el infierno desatado no tenía visos de acabar.
En medio del humo, Silas se detuvo. El niño fantasma había aprendido a moverse a través del peligro como si su cuerpo y su miedo hubieran firmado hace años un pacto de no agresión, pero esta vez algo en ese acuerdo se rompió. Más allá de las llamaradas, destrozando armaduras con brutalidad obscena, estaba el Dragón de Komodo; era el mismo, o uno tan idéntico que a su cerebro herido no le importó la diferencia, pues la forma de la cabeza, la lengua y el modo en que avanzaba abriéndose paso entre el pánico hicieron que el pasado lo reconociera mucho antes que la razón.
#285 en Ciencia ficción
#1014 en Thriller
#334 en Suspenso
accion, supervivencia y posapocaliptico, tragedia dolor decepcion venganza
Editado: 20.09.2026