Soberano de Constelaciones

Estrella Nova 28

La fila de grandes ventanales en la pared permitía que ingresara toda la luz, del otro lado el cielo celeste era casi puro, no había otros enormes edificios alzándose y desgarrándolo. Porque solo la Bóveda Celeste, residencia de las Súper Estrellas, podían ser la que más cerca estuviera del cielo que los revivió.

Los destellos dorados en los ojos de Murat se conectaban con aquella inmensidad mientras estaba sentado del otro lado de la mesa en la cocina: había un plato con tostadas y una gran variedad de complementos ya sea dulces o salados. En general los adivinos revividos no necesitaban mucho de alimentarse o dormir, pero aquellas necesidades de cuando eran mortales regresaban luego de usar sus habilidades. Aunque tampoco llegaba a sentirse cansado.

El adivino influencer no estaba solo en la cocina, en la otra punta de la mesa estaba Dallari, tan concentrada en sus cosas que casi ignoraba la existencia de su compañero. Él no pensaba que podía recriminárselo, en especial porque lo que hacía estaba muy relacionado a su imagen pública como experta en deportes y desarrollo del cuerpo.

A comparación del desayuno de Murat, el de ella le daba la impresión de ser más un laboratorio químico. Había líquidos como leche y yogurts que luego ella mezclaba con un polvo blanco que sacaba de un gran tarro negro antes de tomarlo, y eso iba solo por el lado de los suplementos. Para acompañar también tenía una variedad de frutos secos y cereales, solo que antes de probarlos les sacó unas fotos.

<Seguramente se las mandará a su community manager> pensó su compañero viéndola <Ella si se toma mucho más en serio su rol en la sociedad, o será que lo que le gusta mucho lo convirtió en su rol de la sociedad> Al final el joven peliblanco soltó un suspiro, eso ultimo sí que le pareció muy afortunado.

A diferencia de otros de sus compañeros adivinos él era más general, no tenía un tema o área específica en la que centrarse. No era un fanático del deporte y ejercicio como Dallari o Spor, no estaba obsesionado con una serie como Eglence y tampoco adoraba verse bien y arreglarse como Cemal. Y ni hablar de los demás que viven en el piso superior.

Pensar en ese tipo de cosas provocaba que la luz de su interior menguara ¿Por qué había revivido? No se lo merecía a comparación que los demás, porque solo estaba perdido y sin rumbo.

¡Desorden! No, no tenía que pensar en ese tipo de cosas. Estaba agradecido de que la horrible sensación que tuvo hace dos rotaciones, de ni poder levantarse de la cama, se hubiera esfumado cuando llegó la Astrodux con la Comisaria. Pero si seguía por esa línea de pensamiento entonces sí que volvería a estar presente.

Murat le dio un mordisco a su tostada y cambió de pensamiento <Igual, ella eligió cualquier cosa. Al revivir nuestros cuerpos se vuelven muy tonificados y adquirimos más fuerza. Eso apenas se potenciará con todo lo que hace y apenas disminuiría si no hiciera nada> con algo de pesadez tragó <Solo le sirve para los mortales ordinarios> al instante se sintió mal al pensar así, a pesar de su condición como Súper Estrella no le salía ser arrogante por aquello.

Y para empeorar las cosas un destello de luz le hizo dar vuelta toda su forma de pensar <Ella no necesita nada de eso para presumir un cuerpo… y aun así lo hace, comparte todos los consejos y tips, hace todos los ejercicios y sigue rutinas aunque en ella no tendrán efecto. Lo hace para enseñarle y guiar a los demás> A lo ojos de Murat ahora ella le parecía incluso todavía mejor que antes, olvidándose de lo mal que intentó pensar de ella, de hecho, todo eso malo se le pasó a él.

<Ella cumple más con lo que dicen muchas religiones y creencias sobre nosotros, enviados de regreso para guiar y ayudar a los demás>. Al final eso le hizo perder el apetito, igual no importaba, la energía natural de su cuerpo se repondría, comer solo adelantaba ese proceso. Se levantó y tomó la taza y los platos para dejarlos en la mesada, alguien se encargaría de limpiarlo todo después.

Se marchó de la cocina con la cabeza baja, con la luz de su aureola inferior a la de la mujer que seguía sacando fotos y comiendo a su lado. Sus pesados pasos pudieron haberla hecho salir de su ensimismamiento porque se volteó para ver a su compañero, este le entregó una sonrisa y le levantó el pulgar para darle a entender que hacia un buen trabajo.

No intercambiaron palabras, ella regresó a lo suyo y Murat ingresó a la sala de estar <Tal vez lo mejor sea volver a la cama, por todo lo que queda de esta rotación. Seguro mañana será mejor>. Ya se había olvidado la cantidad de veces que se dijo a sí mismo esas palabras, y aún más la cantidad de veces que resultaron ser mentira.

Sin embargo, cuando entró al pasillo para ir a su habitación se encontró con alguien esperando en su puerta. Reconoció las grandes orejas y el cabello castaño oscuro suelto al instante, era su propia asistente. Ella al sentir los pasos se giró y al verlo se le acercó rápido. –¿Estabas en la cocina? –supuso sonando algo apurada, agarrándose con fuerza a una tablet en su pecho. Vestía muy formal hoy, con camisa blanca y campera negra.

Murat asintió con la cabeza, la luz de su interior parpadeó al escucharla hablar. Menguaba al sentir la prisa en su voz y el escaso intento de mantener la calma, sin duda por su culpa, por no poder ni siquiera cumplir sus tareas como un influencer. –Lo imaginaba, si no te encontraba aquí iba a buscar allí.

–Por suerte ya estoy –dijo intentando sonar animado, aunque no estaba seguro de lograrlo.

–Y más vale –agregó ella, hizo el amague de agarrarlo de sus musculosos brazos solo que se retractó a último momento. En su lugar adoptó una posición más severa–. Hace dos rotaciones pudiste lograr evitar tus responsabilidades con la llegada inesperada de la Astrodux, encima después no pude encontrarte en toda la rotación ni en la siguiente. Pero ya no podemos perder tiempo.




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