El cambio de estación de Yazar a Sonbaharan puede llegar a descolocar a muchas personas, los árboles quedan pelados, se pierde la luz y hay que optar por formas alternativas como las lámparas tan comunes en los países del oeste. No obstante, eso no ocurría en el distrito portuario, de base allí no se encuentran muchos árboles plantados y siempre se usa iluminación artificial. Así que el paisaje se mantenía igual ante los ojos de la Estrella Soberana.
Al igual que el basurero había algunos drones de vigilancia, tenían sus faros encendidos así que era sencillo reconocerlos mientras volaban entre las montañas de contenedores. También destacaban los focos colgando en los caminos entre contenedores mediante cables, eso le parecía algo molesto al vigilante de la noche. Luces colgando de cables entre los edificios, arruinaría en su totalidad el paisaje del cielo en la noche, de solo pensarlo le resultaba horrible.
Por detrás de su máscara se escapó una nube de vapor de su boca, hacia algo de frio a la noche y aunque su ropa de abrigo era poca su cuerpo estaba agitado por toda demanda física que hacía. Agarrarse de una cadena para moverse entre edificios no era sencillo, y luchar tampoco <Mis músculos resplandecen, ahora sí que estoy mucho mejor> pensó para sí mismo. Estiraba para adelante sus brazos, a los costados sus piernas y se hacía tronar los huesos del cuerpo. Se sentía revitalizado.
Hace varias rotaciones en el pasado tendría que haber tomado pastillas para poder seguir de pie, y ahora el descanso natural le permitía sentirse más renovado que nunca. Aunque algo que no podía sacarse de encima era la charla que tuvo con Bora, o mejor dicho la forma en la que ella lo regañó cuando llegó semi consciente a su casa. Ninguno de los dos se había visto luego de su entrenamiento y antes del incidente en el distrito residencial, ella estaba un poco al tanto por las noticias y antes de sacar conclusiones escuchó su versión de la historia. No lo odiaba ni juzgaba como el resto de la sociedad a la que intentaba beneficiar, se cuestionaba qué pensaría la Doncella a la que adora sobre eso. Aunque tampoco tenía pensado ir con ningún Portavoz para averiguarlo.
Luego de terminar de hacer su estiramiento nocturno fue que se puso manos a las obras, vivaz de energía y alegre. Esto es lo que tenía que sentir cuando hacia este tipo de cosas, la felicidad y adrenalina de acabar con quienes perjudican a la comunidad. No el cansancio, fatiga y estrés de antes. Por esto fue que empezó a hacer lo que hace.
Las gemas en la lujosa corona dorada sobre su cabeza empezaron a brillar, el polvo estelar que apareció de la nada se manifestó en una larga cadena dorada. Controlándola mentalmente una punta salió disparada hasta la cima de otra montaña de contenedores metálicos, cerró su mano con fuerza alrededor de la cadena enrollada a su brazo y se dejó caer. Las pilas tenían muchos metros de alto, una altura similar a los edificios del distrito Seleniano. Tuvo tiempo suficiente para dejarse caer y poder columpiarse hasta el otro lado.
El viento sacudía su ropa negra e incluso una porción helada se filtraba por los costados y ojos de su máscara llenándole de frio el rostro, pudo ignorar esa sensación y sus pies se detuvieron firmes en el otro lado. La nueva pila de contenedores donde había parado era más alta que la anterior y pudo ver con mayor claridad todo el panorama nocturno del distrito.
–Justo como me lo informaron –susurró observando perplejo. A la distancia, donde el puerto acababa e iniciaban los dominios del mar, se encontraba un gigantesco crucero de carga estacionado. Las estrellas y constelaciones se encontraban brillando en su auge de la noche y a pesar de eso había un inusual ruido proveniente de maquinaria pesada, y una gran cantidad de luces se congregaban en aquella zona.
–Se supone que el descargue de esta rotación tendría que haber acabado hace horas ¿Por qué continúan tan avanzada la noche? –La Estrella Soberana sacó su celular e hizo zoom con la cámara, pudo ver a las personas trabajando a lo lejos. Solo que ningún humano, morcamin o hucamin llevaba el uniforme de trabajo, ni siquiera los elementos básicos de seguridad.
Movió su cámara para concentrarla en alguien, la mujer en lo alto de la grúa metálica que controlaba un gancho para agarrar los contenedores y moverlos hasta el puerto. Pudo notar como en su ropa tenía bordado el símbolo de una T con un círculo arriba. –Claro, son Fronterizos. –La información que recibió resultó ser cierta–. Tienen toda una operación ilegal aquí. –Cambió la vista de su cámara para concentrarla en uno de los enormes rectángulos metálicos moviéndose en el aire–. Esa escritura es del otro hemisferio…
Antes de llegar a suponer cualquier cosa la imagen que mostraba su celular cambió abruptamente, ahora estaba centrada en una persona en concreto. Imposible no identificarla porque estaba subida en una montaña de cajas de madera y usaba un altavoz para gritarle órdenes a todos los demás. A sus costados unas máquinas sacaban cajas del interior de un contenedor abierto y las cargaban en caminos que se desvanecían en la noche.
–Esa mujer está dirigiendo la operación. –Parecía ser algo severa y mandona, su cabello castaño corto le llegaba hasta los hombros y tenía una nariz alargada–. Se ve tan desprotegida, liderando allí arriba. Está rodeada de personas, pero todas están muy ocupadas en su labor, no podrían reaccionar a tiempo si actuó primero.
Supo la idea que tendría en su mente incluso antes de que le llegara, estaba demasiado desprotegida y eso llegaba a resultarle sospechoso. No obstante, en general todos esos Fronterizos estaban muy mal equipados para la tarea que realizaban, seguro se trataba de un despiste más en la lista. Además, uno no gana si no apuesta. Y él podía tener una jugada clara.
–Si acabo con ella ¿todo se caerá a pedazos? Solo hay una forma de averiguarlo. –Cerró sus ojos y las gemas celestes con manchas amarillas volvieron a brillar.
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Editado: 07.01.2026